Juegos y diversiones
del pueblo prehispánico

Los pobladores de la región de Mesoamérica no siempre estaban en guerras, viendo los astros o trabajando, también tenían sus maneras de jugar y de divertirse en la vida diaria.

En las diversas fiestas religiosas se reunían los hombres, mujeres y niños para bailar, cantar, tomar y escuchar versos. Los colores inundaban el espacio en donde se reunían, con los penachos de aves que llevaban los hombres, los vestidos de las mujeres; y las joyas de ambos.

También los olores llenaban la atmósfera con los diferentes platillos para comer: carne de xoloescuitle, de guajolote o de pescado. Había tamales, frijoles, chile., todo se compenetraba con el olor del copal y de las flores.

Mientras los jóvenes bailaban, los ancianos bebían el pulque (la bebida de los dioses) y otros más tomaban chocolate, mientras escuchaban versos recitados.

En diferentes regiones del altiplano había una diversión mística llena de bellaza: los voladores. Consistía en colocar un poste alto en medio de la plaza. En la punta del palo se ataban cuatro sogas giratorias, que se enrollaban al poste tres veces. Los voladores iban disfrazados de águilas, garzas o alguna otra clase de ave.

Quizás el juego más conocido en Mesoamérca y Aridoamérica fue el juego de pelota o Tlachtli.

El lugar donde se jugaba el tlachtli era un espacio plano en forma de H, marcado por muros de piedra. En cada uno de los muros laterales había un anillo de piedra, colocado verticalmente. Jugaban dos equipos, cada uno compuesto de uno a tres miembros. Usaban una pelota de hule macizo. Solamente se permitía tocar la pelota con los codos, las rodillas y las caderas; en caso contrario era un punto bueno para el equipo contrario. Cuando la pelota era introducida por uno de los aros (rara vez sucedía) era un acontecimiento que se celebraba como una hazaña inmortal.

Otro juego importante era el patolli. Éste se jugaba en un tablero en forma de cruz, dividido en 52 espacios, por los cuales pasaban piedrecillas de colores. Se usaban frijoles marcados con puntos, que eran una especie de dados. El que primero regresaba al lugar donde había empezado, ere el vencedor.

Mientras los adultos se divertían con el juego de pelota y los voladores, los niños y niñas alegraban sus vidas practicando la matatena. Consistía en llenar las manos de piedras pequeñas, echarlas al aire y, antes de recibirlas otra vez, recoger del suelo otras piedras, para luego recibirlas todas juntas.

Casi todos los juegos prehispánicos los prohibieron las autoridades españolas debido a su connotación religiosa. Sin embargo, hay diversiones que han sobrevivido al paso del tiempo, como el juego de pelota (Nayarit y Sinaloa, Distrito Federal), los Voladores de Papantla y la matatena, aunque éste último tiende a desaparecer ante el embate de los juegos modernos.

¿Les gustan los retos? Pues entonces ahí va uno: traten de practicar el juego de pelota prehispánico. Realicen la investigación previa de cómo se jugaba. Hagan su propia cancha en el patio de la escuela o en la calle (cuídense de los carros), y adapten los anillos de piedra con algún material que tengan a la mano. La pelota puede ser de esponja. Ahora sí a divertirse. No se peleen por ser el ganador, recuerden que era un juego ritual, sólo vean de una manera vivencial y recreativa, la manera de jugar de nuestros antepasados.

¿En tu localidad todavía se practica alguno de esos juegos -matatena, juego de pelota, o que otros juegos de herencia prehispánica se siguen practicando-?

Pregunten a sus padres o abuelos, si ellos alguna vez los jugaron.

Fuente: Leander, Birgitta, Herencia cultural del mundo Nahuatl , México, 1972, SEP, Colección SEPSETENTAS, pp. 71 a 75.

Regreso Etapa 3

Red Escolar, México 2010