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Contenido: Ezequiel Tinajero Fuentes

Literatura y Deporte

PLATKO
Rafael Alberti

(Santander, 20 de mayo de 1928)
A José Samitier, capitán.

Nadie se olvida, Platko,
no, nadie, nadie, nadie,
oso rubio de Hungría.

Ni el mar,
que frente a tí saltaba sin poder defenderte.
Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más regía.

Ni el mar, ni el viento, Platko,
rubio Platko de sangre,
guardameta en el polvo,
pararrayos.

No, nadie, nadie, nadie.

Camisetas azules y blancas, sobre el aire,
camisetas reales,
contrarias, contra ti, volando y arrastrándote,
Platko, Platko lejano,
rubio Platko tronchado,
tigre ardiendo en la yerba de otro país. ¡Tú, llave,
Platko, tú, llave rota,
llave áurea caída ante el pórtico áureo!.

No, nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.

Volvió su espalda el cielo.
Camisetas azules y granas flamearon,
apagadas, sin viento.
El mar, vueltos los ojos,
se tumbó y nada dijo.
Sangrando en los ojales,
sangrando por ti, Platko,
por tu sangre de Hungría,
sin tu sangre, tu impulso, tu parada, tu salto,
temieron las insignias.

No, nadie, nadie, nadie,
nadie, nadie se olvida.

Fue la vuelta del mar.
Fueron diez rápidas banderas
incendiadas, sin freno.
Fue la vuelta del viento.
La vuelta al corazón de la esperanza.
Fue tu vuelta.

Azul heroico y grana,
mandó el aire en las venas.
Alas, alas celestes y blancas, rotas alas,
combatidas, sin pluma, encalaron la yerba.
Y el aire tuvo piernas,
tronco, brazos, cabeza.

¡Y todo por tí, Platko,
rubio Platko de Hungría!

Y en tu honor, por tu vuelta,
porque volviste el pulso perdido a la pelea,
en el arco contrario el viento abrió una brecha.

Nadie, nadie se olvida.

El cielo, el mar, la lluvia lo recuerdan.

Las insignias,
las doradas insignias, flores de los ojales,
cerradas, por ti abiertas.

No, nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.

Ni el final: tu salida,
oso rubio de sangre,
desmayada bandera en hombros por el campo.

¡Oh, Platko, Platko, Platko,
tú, tan lejos de Hungría!.

¿Qué mar hubiera sido capaz de no llorarte?.

Nadie, nadie se olvida,
no, nadie, nadie, nadie.


Los poetas españoles de la generación del 27 (s.XX) fueron muy aficionados al deporte. Y, consecuentemente, lo convirtieron en tema de su poesía. Este poema de Rafael Alberti dedicado al guardameta del Barcelona "Platko"., quien gracias a su gran carisma y personalidad,  se convirtió en fuente de inspiración para el poeta ibérico, quien le dedicó éste, uno de sus poemas más conocidos. Fue su actuación en la final de Copa de 1928 contra la Real Sociedad la que llevó a Alberti a escribir estos versos. Platko sufrió una herida en la cabeza durante la primera parte pero, haciendo un enorme esfuerzo y sin hacer caso de los consejos de los médicos, jugó la segunda. A pesar de todo y con la cabeza vendada, el húngaro hizo un partido excepcional y su leyenda creció a partir de entonces.