Conscientes de la situación que hoy enfrenta nuestro planeta, seguimos alterando el frágil equilibrio de la naturaleza, aún sabiendo que la necesitamos más de lo que ella nos necesita a nosotros: extraemos sus riquezas sin control, laceramos sus suelos que son fuente de vida, contaminamos su atmósfera, envenenamos sus ríos, lagos y mares, fragmentamos sus hábitats y, al hacerlo, exterminamos a miles de especies. Pero no sólo eso, la especie humana continúa cazando indiscriminadamente y participa cada vez más en el comercio ilegal de flora y fauna silvestre; actividades que, lamentablemente, atentan contra la diversidad biológica de la Tierra y ya amenazan a 5000 especies en todo el mundo.

Este es un problema complejo y preocupante, si consideramos que el comercio ilegal de la vida silvestre ocupa el tercer lugar (después del tráfico de drogas y de armas) entre las actividades de enriquecimiento ilícito, y que además —en el caso de la venta de animales vivos— la tasa de sobrevivencia de los organismos capturados al momento de la venta es sumamente bajo, por ejemplo en el caso de las aves sólo del 5% sobreviven; es decir que si se capturan 20 aves, sólo una tendrá la suerte de llegar viva al consumidor final.

Las focas, los grandes felinos, las ballenas, los reptiles, las aves y miles de organismos más, están viviendo una crisis ambiental sin precedentes en la historia de la Tierra, que los está orillando irremediablemente a la extinción. Ya se estima que la quinta parte de las especies de flora y fauna del planeta podrían desaparecer en los próximos 30 años debido a la explotación excesiva y al comercio.

Las cifras de captura son preocupantes y superan por mucho la capacidad de recuperación natural que tiene el planeta y las poblaciones de especies en particular. Basta decir que más de 300,000 focas arpa fueron cazadas en el 2006 en Canadá, siendo ésta la cuota anual más grande jamás autorizada por un gobierno.

A esta cruel matanza se suma las 30,000 ballenas que han sido capturadas bajo supuestos fines científicos cuando en realidad el objetivo es comercializar su carne, pese a la prohibición de la cacería comercial establecida en 1986. Y qué decir de las aves canoras y de ornato, o los felinos que son acechados y sacrificados para obtener sus hermosas pieles, las cuales servirán para diseño de un exótico y lujoso abrigo o alguna prenda de vestir para el mundo de la moda.

Como vemos, el comercio de animales silvestres se lleva a cabo en diversas formas: con fines alimenticios, para comercializarlos como mascotas exóticas, para fabricar productos para los turistas y para la elaboración de medicamentos tradicionales.

Existen leyes para impedir que se comercie con animales en peligro de extinción o bajo algún grado de amenaza; sin embargo, la detección del comercio ilegal es difícil y muchos criminales siguen actuando impune y descaradamente en muchas partes del mundo, incluido nuestro país donde el problema se acentúa por su extraordinaria biodiversidad y su privilegiada situación geográfica, siendo el lugar de suministro y tráfico de ejemplares vivos, productos y subproductos hacia Estados Unidos, Japón y Europa.

En México, la situación de una gran variedad de especies es delicada y muchas de ellas ya se encuentran en peligro, tal es el caso del jaguar, la vaquita marina, el loro cabeza amarilla, el lobo mexicano, la totoaba, el mono araña, las tortugas marinas, el conejo teporingo y cientos de especies más.

La caza furtiva de los animales silvestres ha aumentado para satisfacer la demanda de productos derivados (carne, piel, huevos, etcétera) de los animales silvestres. Éstos además se utilizan en la elaboración de recuerdos para turistas (souvenirs), artículos de piel como bolsas, botas, cinturones y otros accesorios, y para obtener de ellos medicinas tradicionales.

Es claro, el comercio de especies es uno de los más graves problemas que atentan contra la biodiversidad, y es propiciado por la existencia de una gran demanda en el mercado que excede la oferta de criaderos o centros de reproducción y supera la tasa natural de recuperación de los organismos.

Ciertamente nuestros padres y abuelos pertenecen a una generación en la cual era normal comprar animales silvestres como mascotas, el ejemplo más claro son los loros; sin embargo, es importante que las nuevas generaciones compartan este conocimiento para que dejen de existir este tipo de tradiciones que han llevado al borde de la extinción a especies como el loro corona lila.

En este sentido, vale la pena enfatizar que todos podemos ayudar en la conservación de los animales, sensibilizando a nuestros amigos, compañeros de escuela, maestros y familiares sobre el problema de la compra y venta de especies silvestres.

“Sólo tenemos que dejar de pagar por ellos para que esto no continúe. Si no los compramos, no mueren” (Fred O'Regan, presidente del IFAW).

Actividad de aprendizaje:

Como hemos visto, el comercio de animales silvestres y sus productos es una industria multimillonaria, y representa una de las peores amenazas a las que hoy en día se enfrentan las especies del extraordinario reino animal.

Pese a que este tráfico está penado como delito en México y es una de las modalidades más comunes de los delitos ecológicos, cada vez es más sencillo comprar especies silvestres como “mascotas exóticas”, lo que podemos comprobar al visitar los mercados, tiendas o centros comerciales.

Peces, guacamayas, aves canoras, víboras, iguanas, erizos, geckos y una gran variedad de animales, privados de su libertad, cautivos en jaulas, peceras o terrarios que no satisfacen las necesidades biológicas de las especies en términos de espacio, temperatura, alimentación e interacción.

Vamos a conocer de cerca esta situación, y para ello realizaremos una sencilla actividad en la que fungiremos como inspectores efectuando un operativo especial.

El trabajo puede ser individual o en parejas, pero el resultado de la actividad tendrá que compartirse con el grupo completo cuando haya concluido y se forme una mesa redonda para analizar y responder a las preguntas aquí planteadas.

La idea es que visitemos algunas tiendas de mascotas, veterinarias, tianguis o mercados para averiguar qué especies están en exhibición y a la venta; cuál es su precio y cuáles, de acuerdo a lo aquí expuesto o al conocimiento previo que se tenga, están bajo alguna categoría de riesgo. La observación y la discreción serán nuestras mejores herramientas para llevar a cabo un importante operativo y obtener datos interesantes.

Con toda la información recopilada y apoyados en la reflexión que hemos hecho previamente, los alumnos responderán a las siguientes preguntas generadoras:

•  En su comunidad, ¿dónde existe compra y venta de especies? ¿Qué ejemplares, productos y subproductos se comercian?

•  ¿Quiénes son los actores involucrados en el tráfico y aprovechamiento de la fauna silvestre?

•  ¿Existe demanda porque la sociedad requiere satisfacer algunas "necesidades" básicas? ¿Cuáles?

•  ¿Por qué el comercio de animales silvestres y la pérdida del hábitat están llevando a las especies a la extinción?

•  ¿Cuáles son las especies mexicanas en mayor riesgo?

•  ¿De qué manera propiciamos o fomentamos esta actividad?

•  ¿Qué es la PROFEPA y cuál es su papel en la protección de la vida silvestre?

•  ¿Cómo cada uno de nosotros puede ayudar a impedir este comercio?

•  ¿Qué acciones vamos a emprender?

La labor de informar a la población y a vendedores de animales (por si no estaban enterados), del enorme daño que hacemos al seguir fomentando la compra y venta de animales en peligro, es ya nuestro compromiso. ¡Unámonos a la Red!

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