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requiere de mucha malicia, respeto por el idioma (un respeto
irrespetuoso, cabría subrayar), oído, intuición,
originalidad, audacia, lecturas por millones de horas, modestia,
ambición, quince diccionarios y la conciencia de que
los grandes errores, a la hora de escribir pueden ser también
los grandes hallazgos. Los futbolistas deben abandonar el oficio
a la hora en que se endurecen los músculos, es decir,
a los 37 años. El músculo de los escritores, hasta
donde sé, nunca se atrofia.
Los escritores "aficionados" son más lo segundo.
¿Cómo
relacionas la escritura con la lectura?
Son
condiciones simultáneas. Constantemente debemos interrelacionarlas
porque en mitad de una lectura se nos ocurre una frase, el inicio
de una narración, un tema... y muchas veces no podemos
avanzar en un texto sin la consulta de tal o cual libro, sea
éste un poemario o un tomo de enciclopedia.
Hay
que aclarar, sin embargo, que no todo lo que leemos los autores
(o que deberíamos leer) son "obras de arte".
Para ilustrarnos sobre la vida, como la vida misma, requerimos
de muchas lecturas insustanciales, "chatarras", vulgares.
A veces un artículo periodístico, una revista
de 1943, las cartas de un pariente muerto, un tratado de aeronavegación,
un reporte forense porque, aunque no se crea, ahí están
muchas veces las claves de una buena novela.
¿Tienes
algún método para escribir? ¿Haces esquemas,
por ejemplo?
Sí.
No concibo una novela sin antes perfilar un guión, capítulo
por capítulo, donde estén apuntados los rasgos
psicológicos de los personajes, sus gustos y manías.
No puedo viajar sin mapas, no me gustan las películas
sin ver antes los créditos, no puedo dormir sin conocer
la orientación de esa nueva cama. Saber por dónde
entrará la luz del nuevo día y saber con qué
frase iniciará y concluirá la próxima novela.
¿Tienes
algún horario, tal vez acompañado de cierta rutina,
para escribir?
Por
lo general escribo de mañana y hasta la hora de comer.
Estoy hablando de novelas, porque en el caso de artículos
o trabajos diversos, cualquier hora es buena. Las noches fueron
hechas, por cierto, para escribir cuentos. Un género
de madrugada, indudablemente.
¿Haces
manuscritos o trabajas en computadora?
La
mejor computadora que existe es la que llevamos sobre los hombros,
normalmente. Hasta hace algunos años escribía
con un divertido ritual: en cuadernos escolares y dentro de
una cafetería. De unos años acá he optado
por la escritura directa en la computadora... es un rito menos
divertido pero más práctico, además que
no concibo a nadie tecleando su PC portátil sobre un
mantel, junto a un struddel de manzana. ¡Por Dios!
¿A
quién se parecen los personajes de tus textos?
Supongo
que a la gente que he conocido, a las personas que quise en
mi infancia, a las que quiero. A las que odio. A las que he
mirado, alguna vez, en un club deportivo, en una estación
de autobuses, en una fiesta, en un velorio, en una playa. A
las que habitan en las páginas de una novela inolvidable.
¿Hay
algún episodio vivido o persona que hayas conocido que
haya generado tal fascinación que tuviste que escribir
sobre el acontecimiento o el personaje?
Me
gustaría responder que no, a sabiendas de la falsedad
de mi respuesta. Así que respondo: No.
¿Escribir
es una forma de conocimiento?
Sí,
desde luego. En primer lugar porque es imposible escribir sin
ideas y las ideas, hasta donde llega mi experiencia, son la
urdimbre de la inteligencia. En segundo lugar porque cada escrito
supone una mínima elaboración intelectual: una
investigación, una serie de reflexiones, la propuesta
de una tesis, una evocación, un trabajo de síntesis,
la elaboración de un bosquejo narrativo-descriptivo y,
en ocasiones, hasta la indagación de ciertos principios
científicos o humanísticos.
¿Crees
en la inspiración?
Sí,
pero no del todo. Existen, como en las circunstancias del amor
o del poder, ciertos días, ciertas personas, ciertas
experiencias que se vuelven "claves" en nuestro devenir.
Así en la literatura se presentan determinadas condiciones
especiales en un día peculiar, que lo transforman en
una "inspiración". La pregunta que cabría
hacer, entonces, no es referida a la musa en abstracto, sino
a qué revelación particular (porque esa es la
palabra) fue la que decidió tal o cual novela. Pero estamos
hablando, entonces, de otra entrevista.
Hay quienes afirman que a veces escribir es algo doloroso, ¿lo
es para ti?
A
veces, sí.
¿Cuándo
y cómo escribiste tus primeros textos?
Durante
mis primeros años de estudiante universitario (cursé
la carrera de Comunicación y Periodismo) jugábamos
a escribir "textos literarios". Hasta 1973, tenía
entonces 21 años, fue que inicié la aventura de
escribir mi primer novela: me trasladé a Los Angeles,
cuatro meses, y en la biblioteca Campbell de la Universidad
de California, a diario y todas las mañanas, con bolígrafo
y en cuadernos de 200 hojas, avancé en el manuscrito
de aquella cosa.
¿Cuáles
han sido o son tus grandes problemas en la escritura?
"Grandes
problemas", así, con comillas, ninguno. "Pequeños",
muchísimos: desde la descompostura de una impresora hasta
la vecina que llega para pedir auxilio por una avería
con el tubo del gas.
¿Te
ha sido facil dominar la gramática y la sintaxis?
Al
revés. No creo que a esas señoras les haya sido
fácil dominarme.
Cuando estás en el proceso de escribir, ¿te
retroalimenta la lectura de otros autores?
Sí,
desde luego, y los programo. Busco hacer "lecturas de acompañamiento"
en el sentido de avanzar, paralelamente, con una escritura que
se vea empapada de algo que nombraremos, horriblemente, como
"el contexto".
Una vez que tu texto está terminado, ¿lo
revisas?,
¿se los das a leer a otros?, ¿qué piensas
de la autocorrección?
Desde
luego que lo reviso. Luego lo meto al horno (es decir, al cajón).
Seis meses después le doy una segunda lectura, para corregirlo.
Así lo ofrezco, si es el caso, a uno o dos lectores.
Escucho sus observaciones. Luego el editor se encarga de hacer
otras recomendaciones, casi siempre pertinentes. Hay
que publicar pronto los libros terminados, de lo contrario podemos
pasarnos la vida corrigiéndolos, hasta desfigurarlos.
¿La
práctica continua de la lectura ayuda en la redacción?,
¿por qué?
No
sé si la práctica continua de la lectura ayuda
a la redacción. Mucha gente vive leyendo y es incapaz
de escribir una carta de presentación, perdón,
de "redactarla".
¿Cuál
crees que sea la utilidad de los talleres de escritura?
Igual
que los talleres mecánicos. Cuando falla el carburador
del auto, es necesario que un especialista lo ponga en punto.
Lo mismo ocurre con los textos "averiados". Conviene
llevarlos a un taller literario y escuchar las voces de los
especialistas. Aprender la afinación de nuestros carburadores
y de nuestros cuentos, que no nos dejen tirados en mitad del
camino, para ya nunca más retornar a esos talleres olorosos
a grasa y diccionarios.
Si estuvieras en una isla desierta, ¿qué
libro te gustaría que te acompañara?
El
"Manual de sobrevivencia en las selva" y, para no
aburrirme, desde luego El Quijote de la Mancha.
¿Qué
opinas de la relectura?
Que
es una tentación onanista. Y si no simple narcisismo.
¿Cuál
es tu experiencia más afortunada con la escritura?, ¿cuál
es la más desafortunada?
La
más afortunada, probablemente, que me ha permitido mirar
la vida con menos rigores que los que me dictaron de niño.
Me ha permitido viajar y hacer algunas amistades sorprendentes.
La más desafortunada es que he perdido el goce espontáneo
de las cosas... una buena corrida de toros, una muchacha preciosa,
una tormenta eléctrica, todo se convierte, automáticamente,
en "tema" previsible de un nuevo libro. No podemos
mirar el mundo con la frescura de antaño. Todo es, potencialmente,
escenografía o "inspiración".
¿Nos
quieres hablar libremente de tu obra?
Menciona, por favor tus obras más importantes:
No
estoy para juzgar la importancia de unos o de otros libros míos.
Puedo mencionar, sí, con los que me siento más
vinculado sentimentalmente, y no pregunten porqué. Sería
el caso de mi primer novela "Las
rojas son las carreteras" y de "Dama
de noche", "Alas
de ángél" y
"El año del fuego".
Escribo
porque sí ...
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