Nació en la Ciudad de México en 1952, es licenciado en periodismo por la UNAM. Es autor del libro de crónicas Los mares de México (1987) y del libro de cuentos infantiles El tlacuache lunático (1992). Sin embargo es fundamentalmente novelista; ha publicado: Las rojas son las carreteras (1976), Isla de Lobos (Premio Nacional de Novela José Rubén Romero 1987), Dama de noche (1990) y Las viudas de blanco (1993).

En 1990, Alas de Ángel recibió el Premio internacional de Novela Diana-Novedades. La versión cinematográfica de Dama de noche, bajo la dirección de Eva López Sánchez, se estrenó en 1993.

¿Por qué escribes?
Porque ha sido el modo menos complicado de acercarme a la felicidad... o lo que eso pudiera significar. No escribir, para un autor, significan días de tristeza. Claro está, escribir no hace feliz a nadie, pero al menos le aporta un medio de alegría.

¿Para quién escribes?
No lo sé. Supongo que para alguna gente sensible, inteligente, llena de preguntas. Dato curioso, he notado que tengo más lectoras que lectores, lo cual me llena de satisfacción. Los hombres, no somos ningún secreto, somos bastante aburridos. Las mujeres, en cambio, tienen dos, o tres vidas que contar... hagan lo que hagan.

Para ti ¿escribir es una profesión, un oficio o una afición?
Todo menos lo último. Una profesión porque de esas 27 teclas, incluyendo la "ñ", he vivido los últimos 25 años, entregando a las prensas, los medios y los auditorios, toda clase de escritos: artículos, conferencias, ensayos, guiones, entrevistas, novelas, reportajes y lo que se te ocurra. Un oficio, también, porque el acto de "escribir", que todos aprendimos en la escuela, para aspirar al universo del arte

requiere de mucha malicia, respeto por el idioma (un respeto irrespetuoso, cabría subrayar), oído, intuición, originalidad, audacia, lecturas por millones de horas, modestia, ambición, quince diccionarios y la conciencia de que los grandes errores, a la hora de escribir pueden ser también los grandes hallazgos. Los futbolistas deben abandonar el oficio a la hora en que se endurecen los músculos, es decir, a los 37 años. El músculo de los escritores, hasta donde sé, nunca se atrofia.

Los escritores "aficionados" son más lo segundo.

¿Cómo relacionas la escritura con la lectura?
Son condiciones simultáneas. Constantemente debemos interrelacionarlas porque en mitad de una lectura se nos ocurre una frase, el inicio de una narración, un tema... y muchas veces no podemos avanzar en un texto sin la consulta de tal o cual libro, sea éste un poemario o un tomo de enciclopedia.

Hay que aclarar, sin embargo, que no todo lo que leemos los autores (o que deberíamos leer) son "obras de arte". Para ilustrarnos sobre la vida, como la vida misma, requerimos de muchas lecturas insustanciales, "chatarras", vulgares. A veces un artículo periodístico, una revista de 1943, las cartas de un pariente muerto, un tratado de aeronavegación, un reporte forense porque, aunque no se crea, ahí están muchas veces las claves de una buena novela.

¿Tienes algún método para escribir? ¿Haces esquemas, por ejemplo?
Sí. No concibo una novela sin antes perfilar un guión, capítulo por capítulo, donde estén apuntados los rasgos psicológicos de los personajes, sus gustos y manías. No puedo viajar sin mapas, no me gustan las películas sin ver antes los créditos, no puedo dormir sin conocer la orientación de esa nueva cama. Saber por dónde entrará la luz del nuevo día y saber con qué frase iniciará y concluirá la próxima novela.

¿Tienes algún horario, tal vez acompañado de cierta rutina, para escribir?
Por lo general escribo de mañana y hasta la hora de comer. Estoy hablando de novelas, porque en el caso de artículos o trabajos diversos, cualquier hora es buena. Las noches fueron hechas, por cierto, para escribir cuentos. Un género de madrugada, indudablemente.

¿Haces manuscritos o trabajas en computadora?
La mejor computadora que existe es la que llevamos sobre los hombros, normalmente. Hasta hace algunos años escribía con un divertido ritual: en cuadernos escolares y dentro de una cafetería. De unos años acá he optado por la escritura directa en la computadora... es un rito menos divertido pero más práctico, además que no concibo a nadie tecleando su PC portátil sobre un mantel, junto a un struddel de manzana. ¡Por Dios!

¿A quién se parecen los personajes de tus textos?
Supongo que a la gente que he conocido, a las personas que quise en mi infancia, a las que quiero. A las que odio. A las que he mirado, alguna vez, en un club deportivo, en una estación de autobuses, en una fiesta, en un velorio, en una playa. A las que habitan en las páginas de una novela inolvidable.

¿Hay algún episodio vivido o persona que hayas conocido que haya generado tal fascinación que tuviste que escribir sobre el acontecimiento o el personaje?
Me gustaría responder que no, a sabiendas de la falsedad de mi respuesta. Así que respondo: No.

¿Escribir es una forma de conocimiento?
Sí, desde luego. En primer lugar porque es imposible escribir sin ideas y las ideas, hasta donde llega mi experiencia, son la urdimbre de la inteligencia. En segundo lugar porque cada escrito supone una mínima elaboración intelectual: una investigación, una serie de reflexiones, la propuesta de una tesis, una evocación, un trabajo de síntesis, la elaboración de un bosquejo narrativo-descriptivo y, en ocasiones, hasta la indagación de ciertos principios científicos o humanísticos.

¿Crees en la inspiración?
Sí, pero no del todo. Existen, como en las circunstancias del amor o del poder, ciertos días, ciertas personas, ciertas experiencias que se vuelven "claves" en nuestro devenir. Así en la literatura se presentan determinadas condiciones especiales en un día peculiar, que lo transforman en una "inspiración". La pregunta que cabría hacer, entonces, no es referida a la musa en abstracto, sino a qué revelación particular (porque esa es la palabra) fue la que decidió tal o cual novela. Pero estamos hablando, entonces, de otra entrevista.

Hay quienes afirman que a veces escribir es algo doloroso, ¿lo es para ti?
A veces, sí.

¿Cuándo y cómo escribiste tus primeros textos?
Durante mis primeros años de estudiante universitario (cursé la carrera de Comunicación y Periodismo) jugábamos a escribir "textos literarios". Hasta 1973, tenía entonces 21 años, fue que inicié la aventura de escribir mi primer novela: me trasladé a Los Angeles, cuatro meses, y en la biblioteca Campbell de la Universidad de California, a diario y todas las mañanas, con bolígrafo y en cuadernos de 200 hojas, avancé en el manuscrito de aquella cosa.

¿Cuáles han sido o son tus grandes problemas en la escritura?
"Grandes problemas", así, con comillas, ninguno. "Pequeños", muchísimos: desde la descompostura de una impresora hasta la vecina que llega para pedir auxilio por una avería con el tubo del gas.

¿Te ha sido facil dominar la gramática y la sintaxis?
Al revés. No creo que a esas señoras les haya sido fácil dominarme.

Cuando estás en el proceso de escribir, ¿te retroalimenta la lectura de otros autores?
Sí, desde luego, y los programo. Busco hacer "lecturas de acompañamiento" en el sentido de avanzar, paralelamente, con una escritura que se vea empapada de algo que nombraremos, horriblemente, como "el contexto".

Una vez que tu texto está terminado, ¿lo revisas?,
¿se los das a leer a otros?, ¿qué piensas de la autocorrección?
Desde luego que lo reviso. Luego lo meto al horno (es decir, al cajón). Seis meses después le doy una segunda lectura, para corregirlo. Así lo ofrezco, si es el caso, a uno o dos lectores. Escucho sus observaciones. Luego el editor se encarga de hacer otras recomendaciones, casi siempre pertinentes. Hay que publicar pronto los libros terminados, de lo contrario podemos pasarnos la vida corrigiéndolos, hasta desfigurarlos.

¿La práctica continua de la lectura ayuda en la redacción?, ¿por qué?
No sé si la práctica continua de la lectura ayuda a la redacción. Mucha gente vive leyendo y es incapaz de escribir una carta de presentación, perdón, de "redactarla".

¿Cuál crees que sea la utilidad de los talleres de escritura?
Igual que los talleres mecánicos. Cuando falla el carburador del auto, es necesario que un especialista lo ponga en punto. Lo mismo ocurre con los textos "averiados". Conviene llevarlos a un taller literario y escuchar las voces de los especialistas. Aprender la afinación de nuestros carburadores y de nuestros cuentos, que no nos dejen tirados en mitad del camino, para ya nunca más retornar a esos talleres olorosos a grasa y diccionarios.

Si estuvieras en una isla desierta, ¿qué libro te gustaría que te acompañara?
El "Manual de sobrevivencia en las selva" y, para no aburrirme, desde luego El Quijote de la Mancha.

¿Qué opinas de la relectura?
Que es una tentación onanista. Y si no simple narcisismo.

¿Cuál es tu experiencia más afortunada con la escritura?, ¿cuál es la más desafortunada?
La más afortunada, probablemente, que me ha permitido mirar la vida con menos rigores que los que me dictaron de niño. Me ha permitido viajar y hacer algunas amistades sorprendentes. La más desafortunada es que he perdido el goce espontáneo de las cosas... una buena corrida de toros, una muchacha preciosa, una tormenta eléctrica, todo se convierte, automáticamente, en "tema" previsible de un nuevo libro. No podemos mirar el mundo con la frescura de antaño. Todo es, potencialmente, escenografía o "inspiración".

¿Nos quieres hablar libremente de tu obra? Menciona, por favor tus obras más importantes:
No estoy para juzgar la importancia de unos o de otros libros míos. Puedo mencionar, sí, con los que me siento más vinculado sentimentalmente, y no pregunten porqué. Sería el caso de mi primer novela "Las rojas son las carreteras" y de "Dama de noche", "Alas de ángél" y "El año del fuego".

Escribo porque sí ...