Nació en la ciudad de México en 1947, en el seno de una familia de emigrantes libaneses. Es licenciada en psicología por la Universidad Autónoma de México.
A partir de 1970 publicó cuentos y ensayos en revistas y suplementos literarios.

Entre sus cuentos se publicó: Doce cuentos en contra (1982) y Antología del cuento triste con Augusto Monterroso (1992). Cuenta también con ensayos: Escrito en el tiempo (1985) y Juego limpio (1997), que incluye también apostillas. Entre sus novelas destaca Las hojas muertas (1987) que ganó el premio Villaurrutia y ha sido traducida al inglés, al italiano y al portugués; así mismo fue seleccionada para el Correo del libro mexicano de la Secretaría de Educación Pública, en edición de treinta mil ejemplares fuera de comercio, destinada a bibliotecas de las secundarias públicas del país.

Otras novelas publicadas son: Las siete fugas de Saab, alias el Rizos (1992), Vida con mi amigo (1994) y Adiós humanidad (2000).

¿Por qué escribes?
Es la actividad que más me gusta hacer en la vida. Me parece la forma de expresión y de comunicación más adecuada para mí, por mi forma de ser: observadora, callada, introspectiva, quieta, receptiva, metódica.

¿Para quién escribes?
Escribo por la cosa misma; pero, para el lector.

Para ti, ¿escribir es una profesión, un oficio o una afición?
Para mí, escribir es un arte. Es decir, una forma de expresión atenta a la búsqueda de la verdad y su forma bella.

¿Cómo relacionas la escritura con la lectura?
Relaciono la escritura con la lectura tan íntimamente como relaciono la escritura con la vida. Constituyen interrelaciones sine qua non.

Al escribir, ¿piensas en el lector?
Naturalmente pienso en el lector al escribir; me dirijo a él. A él es a quien busco inquietar, conmover, divertir, agradar. Con él es con quien pretendo, a través de lo que escribo, compenetrarme.

¿Tienes algún método para escribir?
Al escribir siempre sigo efectivamente algún método; pero, creo que por fortuna para mi libertad, para mi espíritu de aventura, para mi curiosidad y deseo de experimentación, el método es nuevo para cada trabajo que emprendo.

Para escribir, ¿tienes algún horario o rutina?
El horario y la rutina para escribir forman parte del método, y éste es el que los busca para cada trabajo y el que pretende imponérseles.

¿Haces manuscritos o trabajas en computadora?
Escribo a lápiz diferentes borradores; reacomodo éstos; los re-escribo: corrijo, añado, tacho. De pronto, guiada por el instinto, paso del lápiz a la máquina de escribir eléctrica. Los borradores a máquina también pasan por un proceso de reacomodo y de re-escritura: con innumerables correcciones, añadidos y tachaduras. También, recuperación de lo desechado, desde un nombre o una palabra hasta párrafos enteros. No trabajo mis textos en computadora; para nada.

¿A quien se parecen los personajes de tus textos?
En mi narrativa, a quien pretendo retratar. Pero, para que se parezcan lo más posible a quien quiero retratar, cada uno de mis personajes debe ser mezcla de varios, incluyendo tanto a su sí mismo como a personas que pueden ser sus contrarios o hasta a seres imaginarios.

¿Hay algún episodio o persona de la vida real que tuviste que escribir sobre éste?
Por supuesto que cuanto escribo se refiere a algo o alguien significativo para mí en uno o muchos posibles sentidos. A veces escribo para tratar de encontrar precisamente qué es lo que me resulta significativo de algo o de alguien.

¿Escribir es una forma de conocimiento?
Sí; escribir puede llevarte a un conocimiento de algo o de alguien; pero creo que es más búsqueda que encuentro. El encuentro con algo o alguien siempre es una tentativa, nunca una certeza.

¿Crees en la inspiración?
Sí creo en la inspiración como una exigencia viva y tortuosa que no se aquieta mientras no cumplas con su mandato.

Algunos afirman que escribir es doloroso, ¿lo es para ti?
Si al escribir uno se propone buscar una verdad humana, y darle forma artística, el proceso es efectivamente doloroso. Mientras más profunda la verdad, más doloroso el proceso de buscarla y darle forma. Pero, una vez logrado esto, y aun cuando no sea sino aproximativamente, la sensación de júbilo es más intensa y desbordada que la de dolor, aun cuando el hallazgo sea la fuente del dolor mismo.

¿Cuándo y cómo escribiste tus primeros textos?
A los doce años; dentro de mis primeros Diarios.

¿Cuáles han sido o son tus grandes problemas en la escritura?
Mi preocupación principal al escribir ha sido no engañarme a mí misma nunca. No ser autocomplaciente nunca. Exigirme cada vez el mismo rigor en encontrar la verdad que quiero expresar, y en expresarla lo más bellamente posible.

¿Te ha sido fácil dominar la gramática?
No me ha sido nada fácil dominar ni la gramática ni la sintaxis, pero siempre he considerado esta inquietud como la mejor motivación para no dejar de prepararme nunca. Siempre me estoy preparando. Constantemente leo sobre estos temas del lenguaje. Y constantemente consulto toda clase de diccionarios y gramáticas. Además, por supuesto, siempre estoy leyendo a diferentes clásicos, de diferentes épocas y de diferentes tradiciones e idiomas.

Cuando estás en el proceso de escribir, ¿te retroalimenta la lectura de otros autores?
Supongo que igual que todo escritor, yo nunca dejo de leer; mucho menos, cuando estoy escribiendo. Lo que uno está escribiendo suele ser, al mismo tiempo, el reflejo de lo que está leyendo y el estímulo de lo que debe ponerse a leer. La escritura y la lectura forman un todo interrelacionadísimo entre sí, y con la tercera fuerza, que es la vida.

Una vez que tu texto está terminado, ¿lo revisas?,
¿se lo das a leer a otros? ¿Qué piensas de la autocorrección?
Trabajo en la más absoluta soledad y hasta secretividad posibles; no muestro nada a nadie mientras no lo haya dado por terminado yo; es decir, mientras no lo haya sometido a todo el proceso de corrección y revisión al que suelo someter mis trabajos. Pero, una vez agotado mi criterio y mi intuición, sí los doy a leer a un mismo lector, que es mi esposo. A veces a dos, a veces a tres, que suelen ser unos u otros de mis hermanos.

La práctica continua de la lectura ayuda en la redacción; ¿por qué?
La práctica ininterrumpida de la lectura en general por supuesto que ayuda en la redacción. El problema está en que hay que saber cuál es la lectura que debe influir en uno, y cuál es la que uno debe evitar. Si uno se acostumbra a leer la mejor literatura, la buena redacción le llega de forma natural, se le impone como una segunda naturaleza, y esto rechaza casi automáticamente el error, la pobreza de lenguaje, etcétera.

¿Cuál crees que sea la utilidad de los talleres de escritura?
Dirigidos por un buen maestro, los talleres de escritura son magníficos. Un buen maestro necesariamente orientará lecturas y discusiones, además de orientar el trabajo literario en sí. También funcionan los talleres como medio social de los escritores incipientes.

Si estuvieras en una isla desierta, ¿qué libro te gustaría que te acompañara?
Hace muchos años escribí un cuento, "La barca en la orilla", en el que en son de broma demuestro que el juego del libro elegido para llevar a la isla desierta es imposible, pero que, dados a jugarlo de cualquier forma, el libro que me llevaría sería Robinson Crusoe, en el que su autor, Daniel Defoe, narra en el siglo XVII precisamente la vida de un náufrago.

¿Qué opinas de la relectura?
La relectura continua es la verdadera lectura. Hay que estar releyendo constantemente a los autores que uno elige como sus maestros. Pero, también, hay que aprender a re-leerse a uno mismo.

¿Cuál es tu experiencia más afortunada con la escritura?, ¿cuál es la más desafortunada?
Mi experiencia más afortunada con la escritura fue encontrarla; es mi vida. Y no he tenido experiencias desafortunadas en este terreno, afortunadamente.

¿Deseas agregar algo a esta entrevista o dar un mensaje a los jóvenes?
Dedicarse a escribir es una vocación absorbente y exigente a la que hay que entregarse en cuerpo y alma día y noche, y para toda la vida, sin esperar otra recompensa que la de saber que uno está cumpliendo lo mejor que puede con la misión que reconoció y aceptó tener.

Escribo porque sí ...