Aunque no lo percibamos las arcillas forman parte importante de nuestras vidas, la época moderna las ha incorporado en numerosos productos de usos cotidianos como: En el campo farmacéutico, productos de belleza (talcos, desodorantes, jabones, cremas, pastas de dientes. Etc.)
Para saber más de sus usos visitamos la ladrillera del Sr. Alfredo Hernández López que se encuentra ubicada en la ranchería Chichimá, de esta ciudad de Comitán, Chiapas. Esta fábrica de ladrillos es una de las muchas que existen en este lugar, ya que éstas tienen que estar situadas muy cerca de la mina de barro.
Don Alfredo es un hombre joven que desde hace 10 años se dedica a elaborar ladrillo; este trabajo lo aprendió observando trabajar a un tío.
Para realizar su trabajo comienza con extraer el barro de la mina, allí lo cuela y lo lleva en carretillas hasta el batidero (lugar donde se revuelve el barro, arena y agua). Primeramente lo revuelve con un azadón después con los pies le da el punto exacto. Una vez lista la mezcla se colocan en los moldes, previamente remojados, El siguiente paso es “cantiar” (quitarle los residuos de las orillas con un cuchillo o pedazo de metal) Luego son colocados de una manera especial para secarlos con el aire y el sol durante seis días, si hay buen sol y diez cuando está nublado.
Ya secos los ladrillos son almacenados en las galeras hasta tener una buena cantidad y poder quemarlos.
Los ladrillos son colocados en el horno y quemados. La quema puede tardar de quince a veinticuatro horas, en la que Don Alfredo tiene que permanecer en la boca del horno agregando viruta y aserrín que es el combustible que se utiliza.
Después de ese tiempo se dejan enfriar por veinticuatro a treinta horas. Cuando los ladrillos ya están cocidos adquieren un color rojizo, y es el tiempo de sacarlos a la venta, dentro y fuera de la ciudad, donde es utilizado principalmente para la construcción de viviendas. |