Composición química |
Co,Ni)1-y (MnO2 )2-x (OH)2-2x+2y .nH2 O
Contiene, calcita, dolomita, fluorita, minerales de cobalto y de níquel así como minerales de manganeso, rolonita, rodocrosita, haussmanita, pirolusita psilomelana y manganita. |
Propiedades |
Presenta numerosos tipos de impurezas. Los elementos que normalmente puede contener son BA, CO, NI, FE, CU, AL, PB, W, LI, NA, K, CA, MG. |
Leyenda y/o historia |
El oro, el sol y el alma
Colombia fue la cuna de una serie de culturas altamente desarrolladas, entre ellas la tumaco, calima, quimbaya, muisca, sinu y tairona. Para todos estos pueblos, los objetos sacros de oro revestían una importancia especial. Por ello, y también porque en los mitos de numerosas tribus colombianas "el oro de los antepasados" sigue cumpliendo una importante función simbólica, sorprende que las ciencias hasta la fecha se hayan circunscrito a investigar los aspectos "estilísticos" de la orfebrería de oro. Recién el antropólogo Gerardo Reichel-Dolmatoff, fallecido hace corto tiempo, abordó y estudió desde esta perspectiva los millares de objetos que componen la colección del Museo, proporcionándonos en su libro Goldwork and Shamanism una visión fascinante de su significado espiritual.
En primer lugar tenemos su mero exterior, su apariencia: a pesar de los siglos, los artefactos no muestran indicios de corrosión. Por el contrario, de su brillo y resplandor no han perdido un ápice. El oro: símbolo de la eternidad y de la luz solar. Al cronista Juan Rodríguez Freyle (1636) debemos la siguiente narración que ilustra cómo percibían los muiscas a su cacique, el representante terrenal de su deidad principal, el sol: su piel era untada con aceite y luego recubierta, mediante una cerbatana, con una capa de finísimo polvo de oro. Montado en una balsa junto con cuatro sacerdotes y gran cantidad de ornamentos de oro y piedras preciosas, acompañado por sonoros cánticos y música, era conducido al centro del lago Guatavita, donde el oro y las gemas, cual votos, eran volcados al agua. A este rito se remontan todos los rumores e infundios sobre El Dorado, el hombre de oro, y las arriesgadas excursiones en busca de los legendarios tesoros andinos.
Muchas de estas piezas indígenas de orfebrería tienen forma de planchas, discos, o bien otra que ofrezca una impresión bidimensional. Pequeñas chapas que penden de ellas mediante anillos, probablemente habían de reflejar la luz del sol o de una vela. Como pudo observar Reichel-Dolmatoff, los chamanes se valen de objetos brillantes, preferentemente cristales de roca, a fin de transportarse, la vista fija en ellos, a otros estados de la conciencia.
Para los kogi, que custodian algunas de las piezas de la antigua cultura tairona –artefactos elaborados hace más de medio milenio– existe una relación de resonancia energética entre el sol y los objetos áureos. Significativo es que ambos comparten uno y el mismo nombre, a saber, "nyui". En ciertos días los kogi disponen su orfebrería de oro en torno a los templos y la exponen por un determinado tiempo a los rayos solares: para que absorban la energía y renueven su brillo.
Entre los ritos que han perdurado a través de los siglos se encuentra también una ceremonia especial en la cual el sumo sacerdote y su esposa encarnan el sol y la luna, respectivamente. Ambos se reúnen en un templo, iluminado por cuatro fogatas y, en presencia de cuatro sacerdotes que simbolizan los puntos cardinales, mutuamente y a lo largo de varias horas se atavían con objetos rituales, por ejemplo, la esposa al marido con una máscara de jaguar y él a ella con una que muestra un puma.
Luego, el fuego es apagado y todos permanecen en silencio, en la oscuridad. El cacique, su esposa y los sacerdotes, en sus respectivos papeles, ingieren entonces un alucinógeno. Según cuentan, en este trance perciben el templo como iluminado por una luz interior. "Cuando el oro comienza a brillar", llaman los indios este momento: los dientes dorados de los jaguares y demás fieras que campean en las máscaras, los brazaletes y pendientes de oro de los presentes comienzan a refulgir. Cuando estas imágenes se han extinguido, hasta la madrugada los presentes se entregan a las danzas religiosas. |