Había una vez una tortuga que se llamaba Guaochiqui. Un día fue al manantial a jugar con sus amigas y una de ellas le preguntó su nombre, pero entonces ésta se lo dijo al revés:
-Chiquiguao, ups!, perdón.
A Guaochiqui no le gustaba ese nombre, además las crías de aves acuáticas y las de los cocodrilos la molestaban mucho.
Su amiga Florencia le dijo que por qué no se lo cambiaba y entonces la tortuga le agradeció por tan maravillosa idea y se fue a su casa. Llegando le pidió a su madre que le pusiera otro, y así sucedió.
Le cambiaron de nombre, y de castigo a las crías de cocodrilos y aves les dijeron que si la molestaban de nuevo ella tendría permiso de comérselas.
Por eso hoy en día se le llama así: La tortuga Chiquiguao. |