Mirándose al soslayo las alas y la cola,
un guacamayo presumido exclamó: - ¡por vida mía que aún el topo con todo que es un
ciego, negar que soy hermoso no podría.!
Óyolo el topo, y dijo: - No lo niego, pero otros guacamayos por ventura
no te consideran esa hermosura.