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Existió
una vez, un pelícano café muy glotón que le gustaba dormir mucho y
pescar. Cierto día, la gente se reveló porque no les dejaba ningún
pescado, se acababa todos los pescados que habían en el mar. Dormía
durante todo el verano para reponer energías para volver a pescar.
En una ocasión, se encontró a un pelícano igual a él, ignoraba que
era su hermano, porque el otro era muy diferente en cuanto a su comportamiento.
Empezó a existir cierta rivalidad entre ellos, ya que la gente admiraba
y quería al más noble; entonces, le preguntó que cómo le hacía para
que la gente lo aceptara como a él; entonces el otro le dijo: ¿En
verdad quieres cambiar? Sí -contestó el pelícano café-. Entonces yo
te ayudaré. Empezaron a hacer cosas juntos, y a enseñarle lo que estaba
bien y lo que no se debía hacer; pronto el otro aprendió y empezó
a comportarse mejor. La gente notó el cambio y los quiso a los dos,
ya no existía ninguna rivalidad, pues siempre estaban de acuerdo en
todo. El pelícano le reveló que lo había ayudado porque era su hermano
que había perdido. Entonces, volaron y volaron a reunirse con su mamá,
y desde entonces, la familia de pelícanos son muy felices de estar
juntos otra vez.
Moraleja: Nunca
es tarde para cambiar
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