| UNA LEYENDA DE OSOS |
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Durante
nuestra investigación no pudimos encontrar ninguna leyenda acerca del
oso himalayo, pero como nos llamó la atención la mancha que tiene en
el pecho, inventamos
Hace muchos años, cuando pocos hombres se aventuraban en las altas montañas, un pequeño grupo de hechiceros tenía su templo en el territorio del oso negro. Estos hechiceros habían pasado mucho tiempo estudiando y meditando sobre los secretos de la naturaleza y habían descubierto la forma de apoderarse de la luna, querían apresarla para que fuera su esclava y así lograr la obediencia de los hombres. Una noche en que la luna aparecía en el cielo más grande y más brillante que de costumbre, los hechiceros lanzaron su conjuro para atraerla. La luna no pudo resistir y poco a poco bajó hechizada a la Tierra. Cuando estuvo al alcance de los malvados hechiceros, ellos la atraparon y la encerraron en su templo, donde Luna se dio cuenta del engaño, pero no pudo hacer nada por liberarse. Sin Luna, la noche se había vuelto oscura y peligrosa, los hombres estaban temerosos pues sabían que en las tinieblas los hechiceros harían de las suyas. Además, no sabían qué le había pasado a Luna ni dónde buscarla o a quién pedir ayuda. Ni los hechiceros ni los hombres se habían dado cuenta de que un oso había observado todo. A lo lejos, había visto cómo los hechiceros atrapaban a Luna y también había visto la cobardía de los hombres, así que decidió ir él mismo a liberarla. Caminando despacio, como suelen caminar los osos, se fue acercando al templo donde Luna estaba prisionera. Al verlo, los hombres lo siguieron, pues les extrañó que el oso se atreviera a acercarse al lugar de los malvados. Con sus fuertes zarpas tiró la puerta y con su potente rugido exigió a los hechiceros la libertad de Luna, ellos intentaron atemorizarlo lanzándole conjuros; pero no contaban con que la fuerza y la pureza del espíritu del oso estaba a salvo de cualquier magia negra. Al ver que nada podrían hacer contra el oso, liberaron a Luna y huyeron del lugar. Una vez libre, Luna regresó a su lugar en el cielo y desde ahí agradeció al valiente oso. Como prueba de su gratitud, lo nombró su guardián y le pintó para siempre una mancha blanca en forma de luna en el pecho para que todos, hombres y animales, recordaran la hazaña de esa noche. |
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República
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