Cosas de Ñandú |
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Nunca había visto nada igual porque no se parecía a la caja de remedios que se había comido una tarde, ni a la caja de lápices que se tragó con lápices y todo. Ésta era más grande y tenía varias palancas, perillas y tuercas y brillaba casi, casi como el sol. -¡Hmmm! ¡Qué deliciosa!- se relamía el ñandú pensando en la suerte que había tenido al encontrar una caja tan sabrosa. Y como estaba muy contento, se fue corriendo. Pero, en cuanto dio dos saltos con la pata derecha, sintió un cosquilleo en la panza y escuchó una música desconocida. El ñandú se detuvo y miró para todos lados. No había nadie con él ni estaba cerca de ningún pueblo. Entonces, ¿de dónde venía esa música? Pues nada menos que de su panza. Justo en ese momento, pasó por allí una liebre charlatana que sabía mucho de música porque tenía las orejas largas. -Es una zamba- le explicó al ñandú apoyando la oreja izquierda sobre la panza. -¿Y eso es malo? -le preguntó asustado el ñandú. -No, es un baile. Así, ¿ves?- le contestó la liebre revoleando un pañuelo y dando vueltas. -Pero yo no me comí ninguna zamba- dijo el ñandú haciendo memoria mientras la liebre zapateaba. -¿Y entonces cómo llegó hasta tu panza?- quiso saber la liebre cuando terminó de bailar. -No sé- respondió el ñandú escondiendo la cabeza en la tierra avergonzado. -Lo mejor es que consultes con la doctora lechuza- le recomendó la liebre-. Ella puede ayudarte. -¿Qué le pasa?- preguntó la doctora lechuza poniéndose los anteojos. -Le sale música de la panza- le explicó la liebre bailando una chacarera. -Ajá- dijo la lechuza con cara seria tomándole la temperatura y escuchando los latidos del corazón del ñandú con un estetoscopio. Bueno, en realidad, no pudo escuchar los latidos, sino la música de un carnavalito. -No se preocupe- lo consoló la lechuza acomodándose las plumas que se le habían despeinado-. Lo suyo no es grave. Es que se comió una radio. Cuando se le acaben las pilas, dejará de escucharse la música. Pero, por un tiempo, va a tener que hacer una dieta estricta. Sólo puede tomar té de hojas de trébol y sopa de arroz. Y nada de andar comiendo golosinas. La lechuza escribió todo en una receta con letra grande y redonda y se despidió de la liebre y del ñandú que casi, casi se come el lápiz. Y tal como dijera la doctora lechuza, después de varios días, en los que la liebre bailó como loca, la música comenzó a escucharse más y más suave, como si la radio se estuviera quedando dormida, hasta que se calló del todo. El ñandú, contentísimo, prometió que nunca más iba a comer lo que no debía. |
Nombre de la escuela: Esc. Prim. 20 de Noviembre |
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