CUENTO DEL MONSTRUO DE GILA

1.

Los autores de la Biblia acortaron y simplificaron la historia original del arca de Noé para maximizar el efecto dramático. En la versión original había tres arcas. La primera arca llevó a Noé y a los mamíferos. Desembarcó en Turquía. La segunda arca transportó a los dinosaurios. ¿Y la tercera arca? Ésta llevó un conjunto de marsupiales y pájaros no voladores, y vino a desembarcar en Australia, en un continente que contiene los fósiles de sus antepasados, como las moas fosilizadas, canguros y kivis (aves).

El monstruo mexicano de Gila y el lagarto barbado (los únicos miembros de la familia Helodermatidae), también desembarcaron del arca, pero escogieron no quedarse en los inconvenientes desiertos asiáticos. Viajaron a través de Siberia para llegar al Sudoeste americano por el puente de tierra de Bering, por Alaska y Canadá. ¡Lograron este hecho durante la misma Edad de Hielo que, según los creacionistas, diezmó a los dinosaurios y enterró a los mamuts!

Robert A. Moore. El viaje imposible del arca de Noé


3.

El milagro del monstruo de gila

Hace ya más de diez años, en un desierto árido del estado de Sonora, me encontraba solo y desamparado por mi grave enfermedad. No quería morir, tenía mucho miedo; era tal mi desesperación por querer encontrar la cura, que probé de todo pero nada servía y la posibilidad de curarme era nula.

Estudié, hice experimentos y descubrí que sólo existía una cura para aliviar ese mal que cada vez me consumía más y se desplazaba por todo mi cuerpo. Pero ¿cómo conseguir tal alivio a este gran sufrir? Sólo la saliva de un gran animal, de un monstruo de gila, era mi esperanza para poder seguir de pie y con vida.

Pensé en todos los riesgos que corría. Qué era mejor, ¿morir de enfermedad o morir a causa de un ataque del único reptil venenoso?

Todo era caótico y demasiado confuso: la ansiedad de volver a ver a mi familia, regresar curado y estar con ellos, o no volver nunca, morirme solo, de cáncer o tragado por un monstruo.

Al fin me decidí, no sabía si era lo mejor, pero estaba convencido de que de todos modos moriría y que debería ser valiente y no dejarme morir por cobardía.

Al despertar la mañana siguiente, me preparé para todo lo que vendría. Ese día era diferente, no era como los demás. Seguía confundido, no sabía si vería el mañana o si no viviría para ver el presente; pero en fin, tenía que hacerlo.

Seguí el camino y me olvidé de todos aquellos peligros que corría al estar solo. Caminé en el desierto por mucho tiempo, no podía divisar nada, lo único que podía ver eran serpientes, escorpiones y plantas secas, pero ni un sólo rastro del monstruo de gila. Se hacía tarde y el sol se ocultaba tras una fría noche, sólo alcanzaba a escuchar los aullidos de lo coyotes y el susurrar de los búhos. Mis pies cansados y empolvados, no querían continuar la búsqueda, pero mi gran anhelo de poder curarme era mayor que todas aquellas adversidades que me impedían seguir.

Después de mucho tiempo de buscar aquel animal, decidí regresar, desilusionado por no haber encontrado nada. ¡Pero qué veo!, algo se arrastraba rápidamente y pasaba enfrente de mí. Estaba asustado, no sabía lo que era pero tenía aquella mínima esperanza de que fuese él; así que me oculté tras una enorme roca, saqué un recipiente y mi rifle con dardos tranquilizadores. Estaba preparado para lo que fuera. No tenía deseos de matar a ningún animal, sólo quería tranquilizarlo para que no me hiciera daño, pero también tenía mi arma de fuego totalmente cargada por si mis planes no salían como yo quería.

Por fin el monstruo se dejaba ver -era enorme, mediría unos 70 ó 65 cm-, así que apunté mi rifle sin emitir ningún sonido. Ya estaba preparado para dispararle, cuando de pronto éste se alejó rápidamente como si hubiera podido sentir el peligro. No cabía duda, el animal era muy inteligente. De pronto ya no se oyó nada, todo era un gran silencio, entonces me quedé inmóvil.

Ya hacía frío y mis dedos se entumían. De repente algo atacó mi cuello, podía sentir unas garras clavándose en mi piel; yo me movía, hacía unos movimientos bruscos de un lado a otro, pero no lograba quitármelo de encima. Minutos después caí al suelo y pude alcanzar el rifle, lo tomé con ambas manos, lo incliné hacia mi espalda y disparé, pero inesperadamente el dardo fue mal colocado y penetró al costado de mi espalda.

Seguí la batalla y disparé como loco hasta que dos dardos pudieron llegar al cuerpo de este animal. Me sentía cansado, no podía más pues aquel animal era extraordinariamente fuerte. Pero en un momento éste desistió y logré safarme de él, me volteé de inmediato y miré que era un monstruo de gila; entonces logré abrir su boca y rescaté toda la saliva que salía de ella.

Al llegar al lugar que de momento estaba habitando, tomé el frasco, mire hacia el cielo y bebí todo el líquido baboso y asqueroso que contenía. Sabía tan mal que sentía que la garganta me raspaba; realmente quería vomitar. Pero todo pasó, esperé despierto casi toda la noche y después, con una gran ilusión, dormí tranquilamente como nunca antes.

Llegó un nuevo día, empaqué mis cosas y regresé a casa. Mi familia se alegró al verme y juntos festejamos ese día que tal vez fuese el último de mi vida.

Ya han pasado más de10 años y todavía sigo vivo, pero la aventura de aquellos días, quedará grabada en lo más profundo de mi mente.


1
.

Nombre de la escuela: Esc. Prim. Ignacio Manuel Altamirano
Estado: Guerrero
E-mail: segcircyc@prodigy.net.mx


3.

Nombre de la escuela: Esc. Sec. Gral. No. 4 Rubén A. Gutiérrez Carranza
Estado: Sonora
E-mail: re2son02@prodigy.net.mx