Había
una vez una llama que iba caminando por la montaña y se encontró
a un conejito, los dos se saludaron y ésta lo invitó a
comer. Mientras preparaban una rica ensalada de pastos, el conejo le
dijo a la llama que tuviera cuidado porque había unos hombres
muy malos que buscaban animales para llevárselos al zoológico
y encerrarlos. En seguida, ambos se pusieron a comer sin ninguna preocupación,
y minutos después salieron a jugar. De pronto, sin que ninguno
de los dos animales se percatara, llegaron varios hombres y agarraron
a la llama. El conejito fue y les avisó a los papás de
la llama, pero cuando llegaron ya no pudieron hacer nada pues ya se
habían ido.
Pasaron los días, y cuando más tristes estaban los papás de la llamita, ella apareció diciendo que la habían soltado porque tuvieron miedo de que se fuera a morir de tristeza, pues no había comido ni tenía ánimo de moverse durante todo el tiempo que estuvo cautiva. Una vez juntos, fueron felices para siempre. |