Cuenta la leyenda que el primer koala que hubo, al que llamaban Kurburu, era excepcionalmente ambicioso y continuamente robaba el agua y la resina de eucalipto que recogían los Aborígenes del poblado Kulin. Un buen día, después de que el poblado hubiera recolectado una buena provisión de resina, la mezclaron con agua y depositaron en sus platos de madera llamados "tarnuks". Kurburu, el koala, nuevamente robó estas provisiones y trepó rápidamente a lo más alto del eucalipto, que mágicamente comenzó a crecer y crecer hasta alcanzar la altura máxima de estos árboles y que se encuentran actualmente en el estado de Victoria (Australia). Bunjil, un águila cazadora (y para los aborígenes la creadora del espíritu), deseando ayudar al desafortunado pueblo, mandó a dos de sus mensajeros para que devolvieran lo que fue robado y que como castigo dieran muerte a Kurburu, el koala.
A raíz de esto, el águila impuso una nueva ley que enseña a los aborígenes la manera de cocinar el koala. Éste será siempre cocinado con su piel, la que no debe de quitarse en ningún momento bajo ningún pretexto.
También se le tiene que romper las piernas antes de ser cocinado para que de esta forma no vuelva a trepar a la cima del eucalipto.
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