
Había
una vez un oso que sólo se la pasaba comiendo; mientras lo observaba,
el hocofaisán le comentó ¡se aproxima una tormenta! - , el
oso no hizo movimiento alguno en señal de que lo había escuchado,
entonces, el hocofaisán le preguntó: ¿No deberías estar haciendo
tú refugio?; el oso le contestó muy enojado - ¡No, no, no!-, yo
no nací para trabajar; el hocofaisán le respondió, - te vas arrepentir-;
el oso contestó con tono de burla -¡Yo soy más fuerte que la tormenta!-.
Cuándo al fin la tormenta llegó, el hocofaisán desde lo alto de
un árbol observaba cómo la tormenta arrastraba al oso y lo conducía
a un río cercano, y se dijo a sí mismo - ¡El oso morirá ahogado!-.
Inmediatamente con su pico le tiró una leana y el oso como pudo
se enrolló en un tronco, evitando de esta forma la muerte. El hocofaisán
le salvó la vida y el oso arrepentido y avergonzado se acercó al
hocofaisán y le dijo: ¿sabes? - "ahora me doy cuenta que no
soy tan fuerte como pensaba" - tú, un ave pequeña me salvó
la vida. Con esta experiencia el oso aprendió la lección. ¡Todos
necesitamos de todos!.
Miguel
Antonio Hernández Hernández