| LA
LEYENDA DEL GORILA |
Cuando
no se conoce el comportamiento de un animal en la naturaleza, se inventan
fábulas que lo presentan como un sujeto de pintorescas y, muchas veces,
asombrosas costumbres. Cuando no se ha podido observar de cerca a una criatura salvaje, y sólo se han tenido con ella encuentros fugaces en la selva, se exagera escandalosamente sobre su aspecto y tamaño, tomando muchas veces al pie de la letra, los relatos de los aborígenes de la región o cazadores de muy escaso rigor científico. Pero cuando el animal en cuestión es un verdadero gigante, de parecido extraordinario con un hombre colosal, rechoncho y peludo, cuando tiene la costumbre de rugir, golpearse el pecho y arrojar ramas y hierbas al aire ante la presencia de sus enemigos, es comprensible que se le haya pintado como un engendro monstruoso y temible, como un sanguinario sátiro que sólo puede inspirar temor, aversión y repugnancia. Habría de llegar el año 1959, para que el naturalista norteamericano George B. Schaller, se trasladara a África Central en compañía de su esposa Kay, y pasara 20 meses estudiando a los gorilas de montaña en la zona de los volcanes Virunga. De la estrecha, meticulosa y objetiva observación de Schaller, durante sus casi dos años de convivencia con los gorilas -ya que el zoólogo llegaba a apostarse a menos de diez metros de los antropoides acostumbrados completamente a su presencia- se colige que el gorila no solamente no es sanguinario, violento, ni perverso, sino que se trata de una de las criaturas más dulces y apacibles del planeta. Efectivamente, los gorilas vagan por sus dominios boscosos en grupos familiares, entre cuyos componentes reina siempre la armonía. Cuando se encuentran con los clanes vecinos, raramente surge la menor disputa, fingen ignorarse o se mezclan con ellos temporalmente, sin que medie más que un intercambio de miradas entre los machos dominantes. Los grupos familiares se mueven por territorios más o menos fijos, cuyas fronteras jamás defienden de sus congéneres, que pueden "invadir" tranquilamente sus feudos, y descansar a muy pocos metros de la familia propietaria. Ni siquiera una hembra en celo, puede inducir a la discordia a los machos del clan familiar. Éstos no se toman la molestia de enfrentarse por ella, y el dominante, permite que un macho secundario o un "forastero" disfrute de los favores de la hembra receptiva, si uno u otro es elegido. ¿Cómo es posible, -nos preguntaron- que un animal tan pacífico haya podido ser considerado durante tantos años como un mounstro? Seguramente, y entre otras razones, por su propio aspecto y por lo tenebroso de su hábitat. Analicemos ambos factores separadamente. Fin |
| Nombre de la escuela: Esc. Primaria. Brígida García de Juárez | |
| Estado:Coahuila | |
| E-mail: brigarju@csxxi.net.mx |
| Dibujo tomado de: | http://www.selu.com/bio/gorilla/images/index.html |