|
Había
una vez una foca muy bonita, pero sus amigos creían que era tonta y fea,
pero ella no les hacia caso. Unas semanas después, sus amigos aún se burlaban
de ella; al sentir el desprecio de sus amigos ella decidió irse muy lejos
y nunca volver. Al día siguiente, ella se marchó sin despedirse de sus
papás y de las personas que quería. Cuando sus papás vieron que no se
encontraba por ningún lado, se empezaron a preocupar. Mientras ella caminaba
sin rumbo, vio a lo lejos a un bebé pingüino atrapado en una grieta, al
verlo corrió hacia él. Ella necesitaba ayuda pero no había nadie cerca
de ahí, con mucho trabajo pudo sacar al bebé pingüino. Con mucha alegría,
el bebé le dio las gracias, pues había estado atorado más de medio día.
El bebé pingüino
y la foca se hicieron buenos amigos; entonces, el pingüino llevó a la
foca con su parvada, pues ahí se encontraba su mamá muy preocupada por
él. La foca pensó lo que estarían pasando sus papás sin ella; se despidió
de los pingüinos y regresó a casa. Sus papás se alegraron al verla, también
sus amigos, le pidieron disculpas por lo que le habían dicho, ella los
perdonó y juró que nunca iba a volver a huir de casa. Todos
vivieron felices por siempre.
Fin
Moraleja: No hay que
juzgar a las personas por su forma de ser, pues cada quien tiene su forma
de ser.
|