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El faisán es un animal bello, de mucho mayor tamaño que otras gallináceas (entre 50 y 90 cm., según los sexos).

 

Tiene un plumaje iridiscente verde y azulado en la cabeza y cuello.

El vuelo del faisán es realmente digno de mención; sus alas están adaptadas especialmente para conseguir en breve tiempo la potencia necesaria para lograr una rápida fuga.

 

Dos círculos rojos brillantes, caránculas, en ambos lados de la cabeza, le dan un aspecto más hermoso y exótico.

El ya clásico collarín blanco, destacando entre tantos colores, le dan al macho el majestuoso porte que tiene.

 

Son aves aficionadas a caminar por el suelo, en donde ponen sus huevos. Además toman con frecuencia baños de tierra.

La coloración de la hembra es más pálida o parda; los puntos y rayas en el plumaje le proporcionan un buen camuflaje.

 

Son muy resistentes al frío, sin embargo pueden ser propensos a enfermedades si se mantienen en lugares mojados o muy húmedos.

La hembra pone en el nido de 6 a 12 huevos color cremoso, los cuales eclosionarán antes de 25 días de finalizada la puesta.

 

 

Su plumaje les ayuda a camuflajearse muy bien en el medio donde habitan.

Su cuerpo es de color tierra o marrón, con pinceladas negras en el remate de cada pluma, que recubren una pechuga grande y fuerte, tanto que en animales salvajes se convierte en algo difícil de traspasar.

 

Prosperan en campo abierto y son muy abundantes en campos con cereales.

La mayoría de los faisanes son polígamos.

 

Según otras fuentes de información, estas aves habitan en praderas, lomas, cerros con vegetación baja, campos de cultivo abiertos, bordes de bosques o matorrales.

Se alimenta de cualquier tipo de alimento vegetal (semillas, granos, hierbas, raíces, frutos, etc.) y de pequeños animales.