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El
Tepozteco y los dragoncitos |
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Una vieja doncella que nunca había conocido varón, se bañó en un lugar llamado Axictla o Tlatlacualoyan. La consecuencia de esa hidroterapia fue que la doncella dio luz a un niño, a quien llamó Tepozteco. La madre de Tepozteco avergonzada del inesperado alumbramiento, entregó a su hijo a unas mujeres para que lo hicieran desaparecer y nadie llegara a enterarse del percance que ella sufrió. Al día siguiente, partieron aquellas señoras llevándose consigo al niño para dejarlo en un nido de dragoncitos en el cerro. Se cuenta que cuando llegaron, lo arrojaron entre dragoncitos, dejándolo allí abandonado. Después, se fueron a avisar que ya habían cumplido con la orden que se les había dado. Al día siguiente, fueron a ver lo que había pasado con el niño y se encontraron con que estaba vivo como lo habían dejado, y que los dragoncitos no solamente no le habían hecho nada, sino por el contrario, le llevaban y le daban de comer. Los reptiles alimentaron al niño, llevando hacia su boca migajitas de pan y traguitos de agua.
Las mujeres que encontraron vivo al niño entre los dragones, lo quitaron de allí para irlo a abandonar entre las pencas de un maguey. Al otro día, volvieron para ver lo que había sucedido, vieron entonces que una de las pencas estaba inclinada sobre la boca del niño dándole de mamar. De cada espina, de cada púa de la planta emanaban gotitas de miel que caían directamente en su boca. Al pasar un viejecillo por el cerro, recogió al niño y lo mantuvo. Cuando el Tepozteco creció, el viejito le entregó el arco y las flechas que había pedido y Tepozteco le dijo: Mira abuelo, voy apuntar hacia arriba y verás lo que cae. Realmente disparó una flecha hacia arriba y cayó un conejo, pero lo que es más sorprendente, él disparó hacia arriba y cayeron dragoncitos, a los cuales cuidó y alimentó por el resto de su vida. David Espinosa Moreno. |
| Nombre de la escuela: Esc. Prim. Amado Nervo |
| Estado: Chiapas |
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