Germancito el cangrejo ermitaño y la búsqueda de una concha resistente a desastres

1.

Hola, me llamo Germancito y soy un cangrejo ermitaño. Ya sé lo que están pensando... que los cangrejos ermitaños no podemos hablar, aunque normalmente sólo hablamos bajito entre nosotros. Pero te estoy hablando ahora porque quiero hacerte un cuento. He aprendido mucho desde que era un cangrejo ermitaño pequeñito y buscaba mi primera concha. Déjame contártelo.

Primero, ¿sabías que los cangrejos ermitaños no nacen con una concha? Cuando somos cangrejos ermitaños pequeñitos, nuestros padres nos envían a escoger una concha. No es difícil encontrar una. Hay muchas conchas alrededor de nosotros para escoger. Mis padres me dieron este consejo: No la escojas demasiado pequeña ni demasiado grande.

¡Pensaba que eso era lo único que necesitaba saber!

Mi primera concha no era demasiado pequeña ni demasiado grande, me quedaba perfecta. Me gustaba su color y pensé que viviría en ella por mucho tiempo. ¡Encontrar una buena concha era fácil!

¡Que equivocado estaba!

Poco después de conseguir mi primera concha, empezó a soplar un viento terrible. Podía oír al viento aullando fuera de mi concha. Sonaba con fuerza y tuve que agarrarme fuertemente de una rama. Entré profundamente en mi concha y pensé que estaba a salvo. Entonces, antes que pudiera darme cuenta, ocurrió algo terrible... ¡¡¡mi concha se fue volando y jamás la volví a ver!!!

El viento era muy fuerte y no había hecho nada para proteger mi casa; cuando la tormenta se calmó, no pude hacer otra cosa que ir a buscar otra concha y con suerte una mejor.

Encontré una concha nueva rapidito. Me gustaba mucho. Pensé que sería un buen hogar. "Esta vez" -me dije- "me aseguraré que no se vaya volando cuando haya vientos fuertes".

Le puse amarras a prueba de huracanes y tomé otras medidas para proteger mi concha del viento. Estaba muy contento. Mi nuevo hogar me quedaba bien ajustado y estaba seguro. Al menos... eso pensaba yo.

Entonces un día cayó una lluvia terrible, llovió y llovió. Parecía que habían pasado días, me quedé en mi concha y me mantuve seco y caliente durante un tiempo, luego el agua subió y de repente… ¡mi vecindario estaba bajo el agua!

Entonces las aguas arrastraron mi concha y la cubrieron con lodo, la concha era un desastre y yo no estaba nada contento, tuve que dejarla y partir otra vez.

¡A que no sabías que ser un cangrejo ermitaño era tan difícil!

Estaba decidido a aprender bien mi lección y escoger la concha perfecta. Y esta vez tomé las medidas necesarias para protegerla de los vientos fuertes y las inundaciones. Estaba feliz de nuevo. Ningún huracán, tornado o inundación podía dañar mi concha, ser un cangrejo ermitaño no era tan malo después de todo.

Todo estuvo muy bien durante un tiempo. Entonces, un día la tierra debajo de mí retumbaba y se movía. ¡No sabía que hacer! Me quedé en mi concha con la esperanza de que nada malo ocurriría. Pero no fue así. Las cosas comenzaron a caerse alrededor de mí y algo me cayó encima. Había una enorme grieta en mi concha y, de repente, podía ver hacia fuera.

Esto era terrible para mí y estaba muy enojado. ¿Por qué seguían ocurriéndome estas cosas? Así que cuando salí a buscar una concha nueva otra vez, me aseguré de que no fuera demasiado grande, no fuera demasiado pequeña, resistiera los vientos, fuera a prueba de inundaciones y fuera a prueba de terremotos.

Miré y miré mi concha. Leí información que me enseñó a convertirme en un cangrejo ermitaño resistente a desastres. Algunas cosas eran muy simples, otras eran un poco más difíciles y tuve que pedir ayuda. Pero en general, no fue difícil y bien valió la pena el tiempo y el esfuerzo que pasé.

Así que esta vez cuando busqué mi concha, me aseguré de que no fuera demasiado grande, demasiado pequeña, resistiera los vientos, fuera a prueba de agua, a prueba de terremotos y a prueba de incendios; sabía que estaba seguro y que había aprendido bien mis lecciones, mi concha era completamente resistente a desastres.

Pero entonces, me di cuenta de que otros cangrejos ermitaños no sabían lo que yo había aprendido. Y otras personas -como ustedes- tampoco sabían lo que yo había aprendido. Por eso, ahora hablo con todo el mundo. Aprendí que lo más importante es ser resistente a desastres a través de proyectos de impacto.

Holly Harrington


2.

TRABAJEMOS EN EQUIPO

Había una vez en un lugar cercano a la playa, un reino conocido como "Los cangrejos". Los habitantes eran de todos tipos: ermitaños, mulatos, nadadores, cangrejos con pelos; en fin, una gran variedad, que tenían como objetivo trabajar en equipo para mantener la playa limpia, comiéndose los animales muertos y las plantas.

Al llegar los turistas veían que la playa estaba muy limpia, sin imaginarse que era trabajo de los cangrejos.

Reflexión: Hay que trabajar en equipo como los cangrejos para tener buenos resultados y, sobre todo, reconocer la importancia de la conservación del medio ambiente.


2.

Érase una vez en el muelle una familia de cangrejos ermitaños, donde el integrante más pequeño esperaba que sus hermanos trajeran la concha más bonita de todo el lugar, pero sucedió que ninguna de las que le ofrecían le agradaba.

Sus hermanos le dijeron que buscara por él mismo, pero el cangrejito se negaba, así que se quedó un tiempo sin concha y sin saber el peligro al que se exponía.

El cangrejito estaba durmiendo, cuando de pronto sintió que alguien lo seguía, era un pez muy grande; huyó desesperadamente hasta que quedó enredado en unas algas y se encontró a un cangrejo ermitaño, ya grande de edad que le dijo:

-Hijito, ¿qué haces aquí? ¿y tu concha?

-Es que mis hermanos aún no encuentran la concha más bonita del lugar -dijo el cangrejito.

-Pero si ese es trabajo tuyo, arriesgas tu vida al andar sin ella; además, una concha bonita no te da la felicidad, esa la das tú.

El cangrejito comprendió y decidió tomar una concha de caracol y ponerle los adornos de vida y alegría.

¡Sólo tú puedes darle sentido a tu vida y a la de los demás! Las cosas materiales se pierden, pero los recuerdos quedan en el corazón.


2.

Había una vez, un grupo de cangrejos que tomaron la decisión de limpiar la playa porque les daba tristeza ver que se encontraba sucia y pronto llegarían los turistas a visitarla. De tal forma que se citaron en la costa del mar para ponerse de acuerdo en el grupo, ya que a cada uno se le asignaría un día para limpiar la playa. Así que cada equipo sabía el día que tendría que limpiarla.

Pasaron los días y la playa estaba tan limpia, que al llegar los turistas se admiraron de su limpieza, pero nunca supieron que los cangrejos fueron los que habían hecho este sorprendente trabajo. Desde ese entonces, las personas llegan muy seguido a la playa.

Moraleja: Hay que trabajar en equipo para lograr buenos resultados y así conservar bien nuestro ambiente.

1.
Nombre de la escuela: Esc. Sec. General No.1 Guillermo Prieto

Estado: Sinaloa
E.-mail: aulame@mzt.megared.net.mx
2.
Nombre de la escuela: Esc. Normal Rosario María Gutiérrez Eskildsen
Estado: Tabasco
E-mail: norprim@prodigy.net.mx