Nació
en Culiacán el noveno mes del año de 1919. Fue Roberto Hernández Rodríguez
un hombre de probada cultura que incursionó y dominó las disciplinas
filosóficas y literarias. Fue un intelectual que destacó y dejó huella
en el campo de la educación, la cultura, el periodismo, el teatro
y la narrativa.
Fue
un hombre franco, de palabra fluida y oportuna, con un amplio dominio
de la ironía, ingenioso, creativo y humano. Supo imprimir en cada
una de las responsabilidades que la vida le entregó, talento e imaginación.
La sencillez en el trato, la anécdota y la chispa, así como la honradez,
fueron atributos muy propios en la personalidad del maestro Hernández.
En
su currícula profesional destaca: Profesor normalista, pasante de
Licenciado en Economía, Especialidad en Desarrollo de la Comunidad
(CREFAL), estudios en Administración Educativa. Realizó sus estudios
de secundaria y dos años de Normal en el glorioso Colegio Civil Rosales,
(antecesor de la actual Universidad Autónoma de Sinaloa) recibiéndose
de Profesor Normalista en la Escuela Nacional de Maestros el año de
1939; trabajó 53 años, a él le gustaba mucho escribir y el 24 de marzo
de 1984 reunió un grupo de románticos y junto con ellos funda y dirige
La Academia de la Cultura Sinaloense "Alejandro Hernández Tyler",
se complace en recopilar y editar su narrativa: Cuentos de Roberto
Hernández Rodríguez, en reconocimiento y homenaje a su labor como
hombre de letras y navegante de la educación y la cultura, al cumplir
su primer año de partida hacia otros mares de desconocida dimensión.
Fue
un hombre íntegro, responsable, visionario, que nunca se detuvo en
sus propósitos y menos claudicó en sus principios e ideales. Recorrió
muchos espacios y muchos lugares de Sinaloa y del país. En cada trinchera,
desde la escuela, el Ágora y la Tribuna, combatió la ignorancia, el
fanatismo, la discordia y el inmovilismo cultural.
Roberto
Hernández fue un maestro íntegro que dedicó el mayor de su tiempo
a la docencia, de gran talento y de mucha inclinación al cultivo de
las letras, lector incansable de novelas con fondo histórico, costumbrista
y de ficción.
Como
educador viajó en busca de la superación, así conoció directamente
los sistemas de educación de Estados Unidos al asistir a seminarios
en la Universidad de Nueva York; así mismo, participó en el Congreso
Mundial de Educación Laica en París en el año 1966.
También
su anduvo por Europa durante dos meses, conociendo en compañía de
otros maestros sinaloenses, las teorías y sistemas educativos de varios
países de este continente.
Roberto
Hernández Rodríguez dejó una gran huella en la revista Letra de
Sinaloa y en la Universidad de Sinaloa, pues como Jefe del Departamento
de Extensión Universitaria, Director de Teatro, Jefe del Departamento
de Extensión Cultural del Ayuntamiento de Culiacán y el Colegio de
Bachilleres del Estado de Sinaloa (COBAES); supo imprimir imaginación,
dejando un buen recuerdo y una obra que seguramente por mucho tiempo
habrá de perdurar.
Siempre
luchó por un Sinaloa cultural al margen de la violencia y del narcotráfico.
Fue además un hombre que siempre buscó que los intelectuales de Sinaloa,
tuvieran un refugio para encauzar y proyectar sus ideas; considerando
además que el gobierno fuera el creador de las Casas de Cultura, como
centros de convergencia y de análisis para las reflexiones de los
artistas y de los escritores.
Logró
difundir la cultura mediante la celebración de conferencias y encuentros.
En su larga trayectoria cultural y educativa, Roberto Hernández tuvo
presencia en foros y academias; así destaca como miembro de la Academia
Mexicana de la Educación, en el Seminario de Cultura Mexicana, en
las revistas "Letras de Sinaloa" y "Resumen",
en la Academia Hernández Tyler, en el suplemento "Ancla y Estrella".
Con
frecuencia en sus charlas prolongadas en el café y en la bohemia,
se le escuchaba decir que: "el hombre aspira a que sus cosas
gratas duren siempre". Agregaba "quien incursione en el
periodismo, la literatura, siempre en sus producciones debe dar al
pueblo una nueva confianza en su destino colectivo". Ello le
da al escritor, una nueva dignidad.
Recordaremos
siempre en sus Diálogos en la Torre, sus conferencias sobre el viejo
Culiacán, sobre el Arquitecto Luis F. Molina, sus cuentos: Cuando
los Hombres se Hicieron Árboles, La Licha, Rosa de Tokio, Esta Tierra
Jacinto, El Maguey, Mi Amigo Yack, Los Gorras Prietas, El Saco Rojo,
A ti te estaba esperando, Al Filo de la Nostalgia, Don Nemesio y
los Indios de Tehueco.
Roberto
fue un hombre de proyectos, siempre alentó esperanzas y anhelos; siempre
tuvo el compromiso de escribir un libro que titularía "Los
detalles chuscos de 17 sinaloenses en Europa". En este trabajo
plasmaría las anécdotas vividas por 17 sinaloenses en Europa: mismo
que participaron en una excursión en el año de 1966 por este continente.
En
plena producción literaria, la muerte lo sorprendió un 13 de abril
de 1991; una enfermedad inesperada lo transportó a la otra dimensión
dejando un gran vacío y una gran consternación para todos aquellos
que tuvimos la suerte de conocerlo y de tratarlo.