Nombre del personaje: Ramón
López Velarde
Fecha de nacimiento: 15
de junio de 1888
Fecha de fallecimiento: 19
de junio de 1921
Origen: Jerez,
Zacatecas
Actividad: Poeta
y abogado
Época: Revolución Mexicana
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Poeta
y abogado, de carácter religioso y sumamente cauteloso. Estudió
en los seminarios de Zacatecas y Aguascalientes. Se recibió de
abogado en San Luis Potosí.
Estudió
en los seminarios de Zacatecas y Aguascalientes. Se recibió de
abogado en San Luis Potosí. López Velarde empezó a escribir cuando
ingresó en el Seminario Conciliar de Zacatecas en el año de 1900.
Después fue a estudiar al Seminario de Santa María de Guadalupe
en Aguascalientes y posteriormente al Instituto de Ciencias de
la misma ciudad.
En
1908 ingresó al Instituto de Científico y Literario de San Luis
Potosí y colaboró en periódicos y revistas de provincia. Aunque
conoció a Francisco I. Madero en 1910 y le simpatizó el movimiento
revolucionario, no fue seguidor de esta causa.
En
1911 recibió el título de abogado y ejerció su profesión como
juez en El Venado, San Luis Potosí, en 1912 va a la Ciudad de
México y al año siguiente vuelve a San Luis Potosí. Inconforme
con su suerte o, tal vez impedido por la tormenta revolucionaria,
se traslada definitivamente a la capital en 1914.
En
periódicos y revistas de la Ciudad de México publica con regularidad
ensayos, poemas, periodismo político, ensayos breves y crónicas,
y aquí, como diría José Luis Martínez: "cumple el destino oscuro
de los pretendientes sin título en la corte". Ocupa modestos puestos
burocráticos y docentes, entabla rápidas y efusivas amistades
entre el mundo periodístico y bohemio y se inicia con arrojo,
pero también con timidez y freno religioso al erotismo.
Entre
sus aportaciones a la cultura se encuentran: "La sangre devota"
en 1916 y "Zozobra" en 1919. Abrió el camino para los poetas Contemporáneos,
después de su muerte prematura se publicaron sus obras "El minutero"
y "El son del corazón".
En
este año, un amigo de la escuela de Leyes de San Luis Potosí,
Manuel Aguirre Berlanga, secretario de Gobernación lo lleva a
trabajar a su lado. En mayo del año siguiente, 1920, la rebelión
obregonista hace huir al gobierno y el presidente Carranza es
asesinado en Tlaxacalaltongo el 21 de mayo. El poeta pierde su
trabajo y decide no colaborar más con el gobierno; sin embargo,
en 1921, cerca del aniversario de la Independencia, escribe uno
de sus trabajos más conocidos: La suave patria.
SUAVE
PATRIA
PROEMIO
Yo que sólo canté de la exquisita
partitura del íntimo decoro,
alzo hoy la voz a la mitad del foro
a la manera del tenor que imita
la gutural modulación del bajo,
para cortar a la epopeya un gajo.
Navegaré por las olas civiles
con remos que no pesan, porque van
como los brazos del correo chuán que
remaba la Mancha con fusiles.
Diré con una épica sordina:
la patria es impecable y diamantina.
Suave Patria: permite que te envuelva en
la más honda música de selva con que
me modelaste todo entero al golpe
cadencioso de las hachas y pájaros de
oficio carpintero.
Patria: tu superficie es el maíz,
tus minas el palacio del Rey de Oros, y tu
cielo, las garzas en desliz
y el relámpago verde de los loros.
El Niño Dios te escrituró un establo
y los veneros del petróleo el diablo.
Sobre tu Capital, cada hora vuela
ojerosa y pintada, en carretela;
y en tu provincia, del reloj en vela
que rondan los palomos colipavos,
las campanadas caen como centavos.
Patria: un mutilado territorio
se viste de percal y de abalorio
Suave Patria: tu casa todavía
es tan grande, que el tren va por la vía
como aguinaldo de juguetería.
Y en el barullo de las estaciones,
con tu mirada de mestiza, pones
la inmensidad sobre los corazones.
¿Quién, en la noche que asusta a la rana
no miró, antes de saber del vicio,
del brazo de su novia, la galana
pólvora de los juegos de artificio?
Suave Patria: en tu tórrido festín
luces policromías de delfín,
y con tu pelo rubio se desposa
el alma, equilibrista chuparrosa,
y a tus dos trenzas de tabaco,
sabe ofrendar aguamiel toda mi briosa
raza de bailadores de jarabe.
Tu barro suena a plata, y en tu puño
su sonora miseria es alcancía;
y por las madrugadas del terruño,
en calles como espejos, se veía
el santo olor de la panadería.
Cuando nacemos, nos regalas notas,
después, un paraíso de compotas,
y luego te regalas toda entera
suave Patria, alacena y pajarera.
Al triste y feliz dices que si,
que en tu lengua de amor prueben de ti
la picadura del ajonjolí.
¡Y tu cielo nupcial, que cuando truena
de deleites frenéticos nos llena!
Trueno de nuestras nubes, que nos baña
de locura, enloquece a la montaña,
requiebra a la mujer, sana al lunático
incorpora a los muertos, pide el Viático,
y al fin derrumba las madererías
de Dios, sobre las tierras labrantías.
Trueno del temporal: oigo en tus quejas
crujir los esqueletos en parejas;
oigo lo que se fue, lo que aun no toco,
y la hora actual con su vientre de coco.
Y oigo en el brinco de tu ida y venida
oh trueno, la ruleta de mi vida.
Suave
Patria es otra de las grandes creaciones de Ramón López Velarde,
en la cual escribe al México que le tocó vivir. El poema fue publicado
por la Secretaría de Educación Pública en enero de 1921, cuando
era su titular José Vasconcelos. También pertenecen al poeta jerezano
obras como: El son del corazón (1932), Poesías escogidas (1935),
El león y la virgen (1942), Poesías, cartas, documentos e iconografía
(1952), El minutero (1933), El don de febrero y otras prosas (1952)
y Prosa política (1953).
Formó
parte de los gobiernos de la Revolución, abrió el camino para
los poetas y sus obras completas se publicaron en 1971.
Ramón
López Velarde había conocido a Francisco I. Madero al iniciar
su carrera de abogado, y se sintió atraído con sus ideas revolucionarias.
Su identificación con el político lo llevó a escribir prosa política
en apoyo del Partido Antireeleccionista. Pese a lo anterior, con
el tiempo se fue alejando de la política, pues según testimonio
de quienes le conocieron, quedó desilusionado con el horror y
la violencia que desatan los movimientos revolucionarios.
Después,
ya solo, dedicó sus letras a la mujer, a muchas mujeres; dos de
sus más importantes musas fueron Fuensanta (cuyo verdadero nombre
fue Josefa de los Ríos), quien le inspiró la poesía La sangre
Devota (1916), y Margarita, a quien dedicó su obra titulada Zozobra
(1919).
Es
interesante conocer la vida de un personaje que dejó huella en
la historia de México; Además nos gusta saber que él fue una de
las personas que hizo que México se reconociera por su cultura.
Es un orgullo saber que Ramón López Velarde, es considerado el
más "Nacional" por sus aportaciones al país.
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