En
San Mateo Huichapan en el estado de Hidalgo, el 20 de mayo de 1795
vio por primera vez la luz un niño a quien se le dio el nombre
de Pedro Bernardino, hijo de Pedro José Anaya y Maldonado
y María Antonia de Alvarez, ambos españoles.
Su
padrino fue Vicente Ciriaco de la Paz, también español
y vecino del pueblo de Nopala, casado con Doña María
Manuela Alvarez.
Era
de familia criolla y de recursos, en Huichapan se conserva como
reliquia y en memoria del héroe la casa de la familia Anaya,
esta marcada con el número 24 de la calle antes llamada
Calle Real, es decir la calle principal del pueblo; después
se le puso el nombre de Calle que va al Ojo de Trejo, y hoy tiene
el nombre de Pedro María Anaya.
En
esa casa destruida por el tiempo, viven a la fecha dos descendientes
del héroe, ellos son: Soledad y María Teresa Chávez
Nava, sobrina nieta y sobrina bisnieta por vía paterna.
Sus demás familiares que viven se encuentran en el Distrito
Federal y son: María Anaya Guevara, José Gómez
Anaya, Francisca y José Anaya, Pedro María Anaya
y María Cleofas Anaya Vda. De Gómez con sus hijas
María, Julia, luz, esperanza, Amelia y Josefina.
A
unos cuantos pasos de la casa de los Anaya en Huichapan se levantó
una estatua, en honor de Pedro María Anaya, el más
ilustre de la familia.
Inició
su carrera militar a los 16 años en el ejército
realista, con el cargo de cadete en el regimiento de Tres Villas;
ya como capitán se integró al ejército insurgente
en junio de 1821, después de que Iturbide había
proclamado el plan de Iguala. En 1822 formó parte del ejército
que era comandado por Vicente Filosola que fue a Guatemala a supervisar
el plebiscito en el que se resolvería la integración
de Centroamérica a México.
Su
salud se agravó desde la expedición que hiciera
a Guatemala. Al retirarse del servicio militar, ingresó
al Congreso como diputado. Ocupaba la presidencia de la República
el General conservador Anastasio Bustamante, quien ordenó
ejercer represalias contra los que de alguna forma prestaron sus
servicios a gobiernos anteriores. Tal fue la razón del
fracaso de Anaya.
En
dos ocasiones ocupó la silla presidencial de forma interina
con autorización del Congreso de la Unión. El primer
interinato fue del 2 de abril al 30 de mayo de 1847, en este tiempo
declaró en estado de sitio a la ciudad de México.
Para poder seguir y sostener la lucha en contra de los invasores
americanos, obligó al sector eclesiástico a contribuir
con dinero, estableció que el servicio militar fuera obligatorio
para los mayores de 16 años.
Junto
con el General Manuel E. Rincón, se dirigió a la
defensa del puente y del Convento de Churrusco durante la invasión
norteamericana, a las 11:30 de la mañana de aquel fatídico
20 de agosto de 1847, el General Anaya hizo un recorrido por el
camino de Coyoacán para medir la distancia del enemigo,
se dio cuenta de que filas norteamericanas avanzaban efectivamente
sobre el Convento y se preparó para atacar. Santa Ana les
mandó parque de un calibre que no eran para sus fusiles,
la desesperación de los soldados y para mantener el combate
se arrojaron a los cajones de parque y despedazándolos
con las manos, llevaban los cartuchos al cañón,
que desgraciadamente eran muy estrechos; para suplir la bala,
los soldados buscaban piedras de un tamaño adecuado.
En
los momentos más duros y cuando iban ganando los yanquis,
el general Anaya, subió a su caballo y mando cargar una
pieza a metralla y dirigió personalmente la puntería.
Las chispas del lanzafuegos encendieron el parque, abrasando a
cuatro o cinco artilleros y también al general Anaya, quien
a pesar de haber perdido la vista por unos momentos, no abandonó
la batalla.
Anaya
ordenó a la tropa no disparar sobre los enemigos hasta
que éstos estuvieran a una distancia muy corta; los soldados
obedecieron, desconcertando al enemigo, quienes por un momento
se detuvieron intimidados y sorprendidos, pero se recuperaron
y continuaron peleando. Pedro María Anaya dirigió
magníficamente a sus hombres al combate. A pesar de haber
sufrido serias quemaduras en la cara.
Desgraciadamente
por falta de municiones los defensores de Churrusco se tuvieron
que dar por vencidos, después de la batalla el jefe norteamericano
David Emmanuel Twinggs, exigió las municiones sobrantes,
Pedro María Anaya le respondió con su frase histórica:
"SI HUBIERA PARQUE NO ESTARIA USTED AQUÍ", fue
hecho prisionero.
Al
Finalizar la invasión norteamericana, salió de prisión,
nuevamente ocupa la silla presidencial interinamente, el 8 de
noviembre de 1847 al 8 de enero de 1848, cargo al que renunció
porque el gobierno de Estados Unidos le pedía parte del
territorio nacional y el no estaba dispuesto a dárselo.
Cuando Mariano Arista ocupa la presidencia de la República,
nombra a Pedro María Anaya Ministro de Guerra y Marina,
del 22 de septiembre de 1852 al 5 de enero 1853.
Tiempo
después fue nombrado Director de Correos, Anaya se hizo
cargo de la Administración, cuyo funcionamiento continuaba
regido, como en la época colonial, por la ordenanza de
correos de 1764; durante el siglo XIX la administración
tuvo pocas modificaciones, entre ellas la dictada por la Ley del
16 de noviembre de 1824 y el Reglamento del 4 de diciembre de
ese año, en ambas disposiciones se marcaba la dependencia
de administración de correos del ramo de hacienda.
Anaya
prestó sus servicios a la nación en la oficina de
correos ubicada en la Casa de Moneda.
Este
cargo de Administrador de Correos lo desempeñó hasta
su muerte. La muerte lo sorprendió a las 9:30 de la mañana
en su domicilio situado en la Villa de Azcapotzalco, el 21 de
marzo de 1854, víctima de una pulmonía fulminante.
Elegimos
la elaboración de la biografía de Pedro María
Anaya porque es un personaje del estado de Hidalgo y nos pareció
interesante conocer más acerca de su vida.
Consideramos
además que por su carácter, por el valor que tuvo
al defender el puente y convento de Churubusco, por su inteligencia,
y también por el valor de enfrentar al enemigo, merece
por nuestra parte, ser recordado y reconocido.