Matemático
norteamericano, Norbert Weiner. Desde su infancia mostró
tener un cerebro privilegiado. A los 18 años obtiene su doctorado
en Filosofía en la Universidad de Harvard, fue profesor de
Lógica matemática en el Instituto Tecnológico
de Massachusetts, aunque, a lo largo de su vida, impartió
cursos en numerosas universidades de otros países, como México,
Gran Bretaña, India, etc.
Cuenta
una anécdota que estaba previsto que al cabo de un mes el
profesor Wiener y su familia cambiasen de casa. Su mujer, que conocía
perfectamente la cabeza de su pareja, comenzó a recordarle
todos los días, antes de que su marido saliese para clase,
los avatares de la mudanza: "Norbert, acuérdate que
dentro de treinta días nos cambiamos de casa y que, cuando
salgas de la universidad, no tendrás que coger el mismo autobús
sino el que te llevará a la zona de nuestra nueva morada".
"Si querida", respondía Wiener.
Así
día a día, la paciente esposa, advirtió a su
marido del cambio. "Hoy es el día". - le indicó
- "Recuerda que debes subir, al salir de clase, al autobús
que te llevará a nuestra nueva casa". "No te preocupes.
Adiós, querida".
Claro
está, al salir de la universidad, Norbert cogió el
autobús de siempre. Llegó a su antigua casa y al bajar
se dio cuenta que ya no vivía en aquel lugar. Como no sabía
ir, desde allí, a su nueva casa, cogió de nuevo el
autobús que le llevaba todos los días a la universidad.
Se bajó y esperó a que llegase el otro. Se subió
y llegó a la zona residencial que albergaba su nueva vivienda.
Al bajar se encontró con una gran número de chalés
y no fue capaz de identificar el suyo. Empezó a dar vueltas.
Se estaba haciendo de noche y todavía no había encontrado
su hogar. Perdido, se acercó a una niña que iba por
la calle y le dijo: "Perdona. ¿No sabrás dónde
viven los Wiener?". "Si papá, venga, te llevo a
casa".
Entre
los años 1920 y 1923, Wiener se preocupó por un fenómeno
físico sin demasiada importancia en esta ciencia, el llamado
movimiento browniano, que se refiere al movimiento perpetuo que
tienen las partículas disueltas en un líquido (por
ejemplo, raspaduras de roca en agua), movimiento irregular que no
parece responder a ninguna ley física. Einstein, a principios
del siglo XX, dio una explicación satisfactoria de este movimiento,
desde la termodinámica, obviando los complicados caminos
en zig-zag de las partículas brownianas.Wiener se preocupó
del estudio de las trayectorias de dicho movimiento, aplicando sus
conocimientos matemáticos. Las propias trayectorias de las
partículas le sugirieron la idea de un camino que zigzagueara
tanto que fuera, prácticamente, sólo ángulos
y picos.
Inventó así una función no diferenciable en
ningun punto, de difícil representación, pero no más
abstracta que cualquier otro objeto geométrico como el punto
o la recta (de mejor visualización). Desarrolló una
medida de las probabilidades para conjuntos de trayectorias que
no son diferenciables en ningún punto, asociando una probabilidad
a cada conjunto de trayectorias, aprovechando la interpretación
dada por Einstein al movimiento browniano.
Construyó
así una probabilidad que permitiría describir el fenómeno
en términos matemáticos, en lo que se refiere a la
trayectoria y posición de las partículas a través
del tiempo.
El
trabajo de Wiener sobre el movimiento browniano estableció
un importante precedente para hallar aplicaciones en Física,
Ingeniería y Biología; además, permitió
formular un problema de cálculo de probabilidades en términos
de la medida de Lebesgue, que utilizaría diez años
más tarde Kolmogorov para la formalización del cálculo
de probabilidades.
En
vísperas de la Segunda Guerra Mundial, sus investigaciones
acerca de robots automáticos que pudieran reemplazar o sustituir
con ventaja a los combatientes, sentaron los fundamentos de una
nueva ciencia: la cibernética, vocablo adoptado por Wiener
en el año 1947 y que procede del griego Kybernetes, es decir,
piloto o timonel.
La
ciencia cibernética, muy compleja, estudia, valiéndose
para ello de las matemáticas, la física, la sociología,
la neurofisiología, etc.: "los mecanismos de control
y de comunicación en los seres vivos y en las máquinas".
Así, del estudio del sistema nervioso se ha derivado la noción
fundamental de feed-back, que permite la autocorrección de
un motor mediante la información que le es enviada utilizando
parte de la energía producida por él mismo (servomecanismo).
Una
de las definiciones más acertadas de esta ciencia es la debida
a Conffignal, quien define la cibernética como "el arte
de hacer eficaz la acción".
Wiener
dejó importantes obras: Cibernética: control y comunicación
en el animal y en la máquina (1948), Matemáticas,
mi vida (1961), Dios y Golem (1965), Hombre y hombre máquina
(1966).
Si
echamos una mirada a nuestro alrededor, no cabe duda de que hoy
en día es así: "robots-obreros" en las fábricas,
"analistas" en los laboratorios, "pilotos automáticos"
en los aviones, etc. Por ello, a nuestra época se la ha llamado
era de la cibernética, cuyo "padre" fue Norbert
Wiener.