Les
voy a contar la historia de un hombre indígena que, sin poseer
convicciones políticas firmes, luchó por defender las tierras
que pertenecían a los campesinos, en contra de todo aquél
que se oponía a respetar las propiedades de los indios; este
personaje de quien hablo era Manuel Lozada, mejor conocido
como "El Tigre de Álica ".
Manuel
nació en un pueblo llamado San Luis, en el año de 1828 en
el actual estado de Nayarit, que en esa época pertenecía al
estado de Jalisco. Fue hijo de Norberto García y Cecilia González,
pero debido a que su padre murió cuando él era niño y su madre
no tenía con que mantenerlo, fue adoptado por su tío José
María Lozada, desde entonces Manuel adoptó el apellido de
su tío: Lozada. Desde chico ayudaba a cuidar a los animales;
ya más grandecito, junto con su primo Juan, asistía a la escuela
de la parroquia.
Desgraciadamente
poco duró la instrucción pues, de cinco primos, tres murieron
de fiebre, Manuel y Juan pronto tuvieron que arar en las tierras
de su pueblo. Fue en aquel tiempo cuando tupió el hambre porque
no llovió y la tierra quedó seca como zacate. Por esta razón,
los dos primos tuvieron que irse de peones a la hacienda de
Las Mojarras, la cual pertenecía a Joaquín Vega.
Manuel,
al tiempo de ser peón de la hacienda las Mojarras, también
fue vaquero en la de Cerro Blanco, de Pantaleón González,
a cuya esposa, Ricarda Torres, sirvió de caballerango a la
muerte de aquél. Fue eterno enamorado de María Dolores, hija
de Ricarda, con la que se fugó y por tal situación fue tomado
preso en la cárcel de Tepic.
Aún
puesto en libertad no renunció a su amor; pese a saber las
consecuencias, quiso verla pero nuevamente fue apresado, y
esta vez condenado al presidio en la isla de Mezcala. Gracias
a su madre salió libre y una vez más, busco a María Dolores.
La tercera es la vencida, porque esta vez, ella lo siguió
a la sierra de Álica. Todo el poder era de los hacendados
en aquellas tierras. Esto acabó por conmocionar su espíritu
e hizo que, al poco tiempo, reuniera un grupo armado de gente
de campo que, al igual que él, ya no soportaba la situación.
Si nos imaginamos a esa gente sin trabajo, sin casa, viviendo
en cuevas, aislados, era de esperarse que se levantaran en
armas. Esto provocó la ira del militar Simón Mariles quien
lo quiso capturar pero al no encontrarlo mandó a azotar a
su madre en la plaza pública. Manuel, encolerizado, lo fusiló
para dar a entender que nadie debía meterse con él o su familia.
Su fama creció como la espuma del mar. Al ver su popularidad
las casas comerciales de Tepic, de bandera inglesa, lo apoyaron
en su carrera de armas, y con esto se convirtió en un rival
temible, tanto que participó, como un caudillo de confianza,
en la Revolución de Ayutla. Para sorpresa de propios y extraños
en 1857 derrotó a las filas del teniente coronel José María
Sánchez Román y en 1859 dispersó a la tropa del coronel Valenzuela,
quienes eran Juaristas. El 2 de noviembre, de ese mismo año,
asaltó Tepic tras 7 días de fuertes peleas. Dominó gran parte
de Jalisco, Sinaloa y Nayarit.
El
7 de abril de 1860 fue vencido por el coronel liberal Antonio
Rojas en Barranca Blanca, y en mayo por Ramón Corona apoyado
por el primero. Tanto era el miedo que infundía, que el propio
Benito Juárez lo calificó, a él y los insurrectos, como fuera
de la ley. Por lo cual una brigada de 3, 000 hombres salió
en su persecución provocando 9 días de duras batallas en Álica;
quedando dispersos los seguidores del "Tigre de Álica";
pero una vez reorganizados tomaron Tepic y San Pedro Lagunillas.
Ogazón tuvo encontronazos con Lozada, pero terminaron en un
acuerdo pacífico con los tratados de Pochotitlán, pues llegaban
a Veracruz las escuadras extranjeras. En dicho tratado se
acordó disolver los contingentes de Lozada y derogar todas
las posiciones dictadas en su contra; no perseguir a nadie
y asumir oficialmente la responsabilidad de poder ayudar a
los indígenas en el reparto de tierras.
Desgraciadamente
pasaron los meses y las condiciones pactadas no se cumplían,
por esta razón Corona tuvo tres encuentros con los Lozadistas,
terminando estos últimos por recuperar Tepic. Debido a esto,
nuestro astuto Manuel decidió firmar el Acta de Adhesión,
estableciendo compromisos políticos con el grupo conservador;
y no sólo eso, sino que también apoyó al supuesto emperador
traído por los conservadores en la intervención francesa:
Maximiliano de Habsburgo.
Y
es que no es justificación, pero recordemos que la Ley Lerdo,
promulgada en 1856, no sólo declaraba la desamortización de
las fincas rústicas y urbanas pertenecientes a la Iglesia,
sino que también las de las comunidades indígenas.
A
Maximiliano siempre se le consideró como un enemigo para México,
cuando en realidad, él tenía una ideología liberal y deseos
de mejorar al país; también deseaba ayudar a la gente pobre,
un ejemplo de esto, fue la creación del "Comité Protector
de las Clases Menesterosas", además de decretar una ley
en donde se devolvía las tierras a los indios.
Al
Tigre no le importaba quién se encontrara en el poder, sino
más bien, que cumplieran con él y su gente con respecto al
reparto de tierras; por esta razón cuando iba a ser fusilado
Maximiliano, Lozada decidió intervenir por él, puesto que
creía que había que ser intransigente con el fuerte y con
el vencedor, pero generoso con el débil y el vencido.
De
Maximiliano, recibió la Espada de General, y de Napoleón III
la Legión de Honor. Era de esperarse, que conocido como un
hombre valiente, su fama había llegado a ser conocida por
estas personas, quienes buscaban apoyo en hombres que pudieran
organizarse en contra de los liberales. Ahora bien, tal vez
él no tenía la visión política suficiente como para darse
cuenta que apoyando a los extranjeros, hacía que la Nación
Mexicana corriera más peligro de ser dominada por Francia.
Lo que quizá ocurrió es que Manuel, como parte de los grupos
indios, no tenía el sentimiento de identidad nacional.
Tiempo
después Manuel dio a conocer un manifiesto, donde hablaba
de la opresión sufrida por gente campesina y mencionaba que
los pueblos dejarían de ser el instrumento ciego de sus verdugos
y opresores; con esto logró formar la primera Comisión de
la Reforma Agraria en México, en el año de 1869. Muchos pueblos
indígenas recuperaron sus tierras y por cerca de 4 años, Nayarit
vivió en paz. Lozada continuó siendo el jefe de aquella región,
en la que logró intensificar el reparto de tierras, pese a
la oposición del gobierno.
La
vida de Manuel Lozada fue muy productiva de acuerdo a sus
ideales, se dedicó a organizar la administración pública;
intentó resolver los problemas entre los indios y las propiedades
rurales de los particulares; nombró comisiones con los integrantes
de cada pueblo para proponer soluciones a los linderos de
las tierras mencionadas. El clero intervino para mediar las
relaciones en estas propuestas. También tenía Lozada un periódico
en el cual difundía sus ideas.
Para
denunciar la explotación de los indios lanzó el 17 de enero
de 1873 El Plan Libertador de los Pueblos de la Sierra
de Álica, en donde además mostraba una preocupación por
las relaciones discriminatorias en cuanto a la separación
étnica, que aún en la actualidad persiste.
Desde
el gobierno juarista, se había intentado la pacificación del
país, por lo que es perseguido, y para 1873, en el gobierno
de Lerdo, fue vencido y aprehendido por el general José Ceballos,
con la brigada de Sinaloa, logrando descubrir su escondite.
Posteriormente Manuel fue fusilado en la Loma de los Metates,
cerca de Tepic, el 19 de julio de 1873.
El
gran Manuel Lozada fue considerado como " el precursor
del agrarismo", fue un hombre que luchó por los derechos
de los indígenas. Se dice que "el Tigre" al morir
se convirtió en un Ave Fénix; porque cuando esa ave muere,
resurge su alma y puede volver a volar majestuosamente; y
así fue, la lucha por la tierra de los pueblos resurgió en
nuestro país, primero con Zapata y ahora en Chiapas . . .