Manuel
José Othón nació en San Luis Potosí
el 14 de junio de 1858; hijo de José Guadalupe Othón
y Prudencia Vargas.
Terminada
su educación primaria se convirtió en alumno del
Seminario Conciliar. Ahí estudio latín y recitó
sus primeros versos a los trece años. Como estudiante de
filosofía publica en 1872 algunos poemas y ensayos.
En
1876 ingresó al Instituto Científico y Literario
(actual Universidad Autónoma de San Luis Potosí)
a cursar Jurisprudencia, que finalizó en 1881 se graduó
de abogado en el Instituto Científico y Literario, escribió
en diversas publicaciones potosinas y en la Revista Azul.
Fue
agente del Ministerio Público y Juez en distintas poblaciones
del centro y el norte del país; así como Diputado
federal. Siendo licenciado en Derecho, se le encargó la
Dirección del Registro Público de la Propiedad.
Ocurre para entonces la tribulación de perder a su padre
el 7 de mayo de 1872. Su entereza llega al límite y enferma.
Aquejado de tuberculosis incipiente decide proponerle matrimonio
a su novia Josefa, quien acepta; casándose en febrero de
1883, estando enfermo.
En
1885 es nombrado Juez de Guadal Cazar donde ocupa las noches en
leer y escribir, las tardes en tomar apuntes para sus poemas.
En 1876 estrena en el teatro Alarcón el drama Lo que
hay detrás de la dicha, dedicado a su amigo Bernardo
Reyes. Incursionó también en el campo dramático,
escribió el drama en tres actos y en verso titulado Herida
en el corazón estrenada en el Teatro Alarcón,
de San Luis Potosí en el año de 1877; al año
siguiente la obra en prosa titulada La sombra del hogar,
y por último en 1878 estrena la obra La cadena de flores.
En
1879 edita su primer poema titulado La Esmeralda. Por primera
vez reúne sus poesías en un cuaderno manuscrito
de 78 páginas titulado Ensayos poéticos que
consta de 38 composiciones que salen a la luz en el año
de 1947. Las poesías, como es su costumbre son dedicadas
a sus padres, amigos y maestros.
En
1878 escribe el poema Primavera, considerado como un Himno
de los bosques. En 1902 sale publicado su libro Poemas Rústicos
que es la obra que lo consagra como el gran poeta potosino.
Sus
padecimientos de siempre (enfisema pulmonar) se recrudecen a la
llegada del invierno de 1903, a pesar de encontrarse enfermo escribió
El Monologo a las puertas de la vida, e inicio su excepcional
obra Idilio Salvaje, Poema intimo. Sincero, explosivo
y desgarrador.
En
1905 fue elegido diputado local del estado de San Luis Potosí
y en ese mismo año escribe en un acto y en prosa El
último capítulo. Cada día que pasaba
la salud de Othón se deterioraba, los médicos de
San Luis Potosí, le recomendaron un viaje a Tampico para
que le favoreciera el descanso de la altura. Sin embargo, su estado
era tan grave que quedó imposibilitado para realizar el
viaje.
Othón
le escribió a su mujer, enterándola de su padecimiento
e inmediatamente llegó a su encuentro para cuidarlo. Su
presencia se hizo notar con una leve mejoría, razón
por la cual los médicos consideraron que podía viajar
a Tampico, aunque la realidad era distinta. Murió el 28
de noviembre de 1906.
Aún
en vida logra publicar en 1880, su primer libro Poesías,
el que divide en dos partes: Violetas con 35 poemas y Poemas
y Leyendas con 6 poemas.
Algunas
de sus obras son: Nuevas poesías de…, Últimas
poesías, Himno de los bosques, Montañas épicas,
Poemas rústicos y otros.
Posterior
a su muerte se publicaron: Noche rústica de Walpurgis,
Poemas escogidos, Obras, Breve antología lírica,
Paisaje, Lo que hay detrás de la dicha, Después
de la muerte, Sendas de amor.
En
el panorama literario mexicano y concretamente en el ámbito
poético, se destaca la figura de Manuel José Otón.
Gran estudioso de los clásicos españoles, como pocos,
profundo conocedor de la obra de Cervantes.
La
importancia de leer una poesía para nuestro equipo es mayor;
así aprendemos la cultura que nos legaran poetas como Manuel
José Othón, potosino escritor de poesía y
frases inolvidables.
La
poesía es una obra de arte que tenemos, pero desde hace
tiempo se ha perdido la costumbre y el agrado de leer y compartirla.
"ENVIO"
En
tus aras quemé mi último incienso
Y
deshoje mis postrímeras rosas
No
se alzaban los templos de mis diosas
Ya
sólo queda el arenal inmenso
Quise
entrar en tu alma y ¡Qué descenso!
¡Qué
andar por entre ruinas y entre fosas!
A
fuerza de pensar que en tales cosas
Me
duele el pensamiento cuando pienso
¡Paso!...¿Qué
resta ya de tanto y tanto
Deliquio
En ti ni la moral dolencia
ni
el dejo impuro, ni el sabor del llanto
Y
en mí, ¡Qué lindo y tremendo cataclismo!
¡Qué
sombra y qué pavor en la conciencia,
Y
qué horrible disgusto de mí mismo!