Gregorio
Mendel, hombre de origen humilde, destacó en el mundo científico
cuando, después de muerto, sus brillantes investigaciones fueron
conocidas por los hombres de ciencia y divulgadas. El oculto biólogo,
nacido de padres campesinos, después de terminar su educación
secundaria, sufrió penalidades físicas y económicas,
por lo que decidió ingresar a una profesión "que
lo librara de las amargas necesidades de la vida" (como escribiera
él mismo), de modo que a sus 21 años se hizo monje.
Mendel ingresó en el monasterio agustino de Santo Tomás
de Brunn, Austria. Este monasterio se caracterizaba por seguir una política
especial en cuanto a la educación: era un reputado centro de
formación y educación en su época, y los monjes
enseñaban ciencias en las escuelas de enseñanza superior
de la ciudad, por lo que debían seguir cursos de ciencias en
la universidad, y la mayoría de los monjes llevaban a cabo experimentos
científicos entre los muros del monasterio. Este fue el caso
de Mendel, que estudió durante varios años en la Universidad
de Viena. A su regreso al monasterio en 1854 inició una serie
de trabajos en plantas para tratar de descubrir la forma en que se transmiten
los caracteres heredables.
Después
de ordenarse como sacerdote en el ministerio de los agustinos, en Altbrün,
hizo estudios de matemáticas, física y ciencias naturales.
Tenía vocación por el magisterio, por lo que dedicaría
14 años de su vida a la actividad docente. A su regreso al monasterio
en 1854 inició una serie de trabajos en plantas para tratar de
descubrir la forma en que se transmiten los caracteres heredables. En
1956, tres años antes de que Darwin publicara su primera obra
sobre la evolución, Mendel inició sus importantes trabajos
de experimentación que duraron ocho años.
Su inquietud
por desentrañar el mecanismo de la herencia lo llevó a
efectuar trabajos experimentales con guisantes en un pequeño
jardín del monasterio; trataba de descubrir los rasgos particulares
de los padres descendientes. Controló la fecundación cruzada
de guisantes con caracteres distintos, observó los resultados
e hizo notas cuidadosas que fue analizando hasta descubrir que la herencia
obedecía a leyes biológicas especiales.
La genética
se encarga de estudiar los funcionamientos de los mecanismos de la herencia,
donde el científico consulta su aporte al desarrollo de la genética;
y fue el monje botánico Juan Gregorio Mendel el primero en describir
los mecanismos de la herencia en los chícharos, en 1866.
A Mendel se le revelaron por primera vez las características
de la herencia; encontrando que los caracteres de ambos padres no se
transmiten a la descendencia al azar, sino por un mecanismo que tiene
suficiente precisión para merecer que se le llame ley. Así,
diseñó sus experimentos con sencillez, y los realizó
con técnica impecable. Escogió trabajar con números
suficientemente grandes, de modo que pudiera tener una exactitud estadística,
y sacó sus conclusiones con atrevida firmeza.
El aficionado
ha desaparecido del campo de la ciencia. Probablemente pueda considerarse
a Mendel como el último de los grandes aficionados. Actualmente
el científico tiene que ser una especie de contratista a tiempo
parcial, cuya preocupación por los presupuestos, las comunicaciones
sobre el progreso de la investigación, es por lo menos igual
a su interés por la ciencia. Y sobre todo, el científico
actual tiene que publicar rápido para sobrevivir. Mendel tenía
conciencia de la importancia de su descubrimiento y trató de
interesar en él a los científicos profesionales, envió
personalmente una copia de sus hallazgos a un notable botánico
suizo, Carlos von Nägeli, pero éste tenía sus propias
ideas sobre el mecanismo de la herencia, e hizo a un lado las presuntuosas
afirmaciones de un aficionado, de modo que la meticulosa comunicación
de Mendel, con los resultados de ocho años de trabajo, quedó
sepultada en las páginas de la revista Provinciana, donde se
imprimió en 1866. Nägeli cerró los ojos al profundo
descubrimiento de Mendel.
Dos años
después, Mendel fue elegido abad del monasterio y, como ha sucedido
después de él a tantos buenos científicos, abdicó
de la ciencia y se convirtió en administrador. Murió en
1884, completamente ignorado por el mundo científico, que lo
descubrió sólo 16 años después. El mismo
Mendel hace alusión a Nägeli en su obra posterior al decir:
"La pregunta acerca del origen de numerosas y constantes formas
intermediarias ha cobrado un reciente interés desde que un famoso
especialista en Hieracium [Carl Nägeli] ha, bajo el espíritu
de las enseñanzas Darwinistas, defendido la opinión de
que éstas formas debieran de ser consideradas como [surgiendo]
de la transmutación de especies extintas o aún en existencia",
Mendel, 1869.
Mendel
rechazó rotundamente la teoría de la evolución,
según consta en la copia del libro de Darwin "origen de
las especies", en la que Mendel subrayó párrafos
e hizo diversas anotaciones de su puño y letra. Fue uno de los
pocos hombres afortunados que pudieron hacer exactamente lo que querían.
Por sus cartas podemos tener idea de su trabajo:
"Como era de esperarse, los experimentos progresan lentamente.
Al principio, se necesita cierta paciencia; pero más tarde, cuando
varios experimentos van desarrollándose simultáneamente,
las cosas mejoran. Día tras día, de la primavera al otoño,
se renueva el interés que uno tiene, y eso recompensa ampliamente
el cuidado que les necesita uno consagrar".
Mendel
destiló la esencia de la vida del verdadero científico
en una frase: "día tras día, de la primavera al otoño,
se renueva el interés que uno tiene...". Esta es la máxima
recompensa del científico: no el poder, no una posición
profesional, no mayores atribuciones económicas, sino la inmersión
completa en el trabajo, que sostiene su interés y le da, si no
la seguridad económica, al menos el ser veraz, real y perdurable.
El descubrimiento
del trabajo de Mendel fue hecho simultáneamente por tres investigadores
diferentes que, por sus propios estudios llegaron a las mismas conclusiones:
Hugo de Vries, botánico holandés; Carlos Correns, botánico
alemán y Erich von Tshermak, comerciante de plantas en Viena,
parecen haber tenido noticia del trabajo de Mendel por una referencia
incluida en una bibliografía exhaustiva sobre hibridación
de vegetales, compilada en 1881 por algún meticuloso erudito
alemán, y todos ellos reconocieron honestamente la prioridad
de Mendel en el descubrimiento y lo designaron como "Leyes de Mendel".
Las leyes
consisten en, primero Mendel determinó que un sólo polen
realiza la fecundación (ésto, por supuesto, también
es verdad respecto a los animales, en los cuales sólo un espermatozoide
puede penetrar al óvulo). Luego, estableció un modelo
para estudiar las vías de la herencia: se debe escoger sólo
un par de caracteres contrarios y fácilmente reconocibles, por
ejemplo, alto y bajo. Uno de estos resulta dominante y el otro, recesivo.
Los caracteres recesivos desaparecen en la segunda generación
y reaparecen en la tercera, en proporción de un recesivo por
cada tres dominantes. Finalmente, Mendel presupuso la existencia de
un "elemento formador" ("factor") en cada polen
y en cada óvulo, capaz de determinar un sólo carácter
en la descendencia por ejemplo, corto, o blanco.
Los experimentos
de Mendel han resistido la prueba de incontables repeticiones con todas
las especies de organismos vivientes que se reproducen por función
de dos células sexuales. Todos, desde el hombre hasta el ratón
muestran caracteres dominantes y recesivos, y la manifestación
de estos siguen generalmente las leyes de Mendel. Durante los 100 años
que siguieron a la publicación de Mendel, hemos descubierto lentamente
los mecanismos moleculares que infaliblemente realizan la transmisión
de los caracteres hereditarios a la descendencia.
La sustancia
hipotética a la cual Mendel intuitivamente adscribió la
capacidad de representar un carácter hereditario (el "elemento
formador" o "factor") fue aislado, sin saberlo, por un
contemporáneo de Mendel: Federico Miescher. Por ello, "Todo
ser engendra otros semejantes", es el axioma que ha formado parte
del caudal de los conocimientos humanos desde tiempo inmemorial.