Mariano
Farriols nació en San Francisco California el 9 de noviembre
de 1917, hijo único del emigrante español Francisco Farriols
Santasusagna y de Hortense Conde de la Noria, Sinaloa.
Fue
un pionero de la industria pesquera y naval del puerto, pero su inclinación
fue cooperarar con la ciudadanía mazatleca. Estudió seis
meses en la Escuela Náutica de Mazatlán, Sinaloa donde
desertó debido a la situación económica que estaban
pasando sus padres.
Fue
un hombre que se construyó sólo, pues a su padre le ocurrieron
toda suerte de infortunios: La devaluación del dólar en
1931 (10 centavos por peso) lo dejó en la ruina y se vio en la
necesidad de vender su próspero molino de café "El
Triunfo"; en 1935 trabajó como meritorio (sin sueldo), en
el Banco Nacional de México, posteriormente pasó hacer
el encargado del archivo, recibiendo un sueldo de 50 pesos mensuales,
laboró hasta mayo de 1936; fue empleado de una mina llamada "Tominil".
Partió a Baja California Norte, ahí se dedicó a
la explotación de mezcales, pero que en 1938 la plantación
se vio afectada por las torrenciales lluvias destrozando todo su patrimonio
forjado.
Después
de haber trabajado temporalmente, en 1942 contrae nupcias con una guapa
mazatleca, procreando 4 hijos: tres varones y una mujer; adquiere su
naturalización después de tres intentos, se une a la fiebre
del tiburón junto con Tomás y Enrique de Rueda; formando
finalmente la Empresa Pesquera Farriols S. de R.L.
Al
terminar la guerra y desplomarse la demanda del hígado de tiburón,
se fue a las capturas de camarón en el Golfo y el Pacífico
en 1947. Trabajaba como patrón de bandera de los barcos de Modesto
Llorena, mandamás de los barcos franco-americanos de Nueva Orleans;
llegó a capturar 2.3 toneladas de camarón del 16-20.
Durante
muchos años fue ajustador de barcos viajando de Ensenada hasta
Salina Cruz Oaxaca, con residencia en Mazatlán; empleo que le
proporcionó una buena situación económica.
Hacia
la Segunda Guerra Mundial fue jefe de acera del Comité Regional
de la Defensa Civil, voluntario del Ejército Mexicano. Ocupó
la presidencia de la Junta Federal de Agua Potable durante 11 años,
impulsó la reconstrucción del tanque de almacenamiento
de la "Loma Atravesada", de la estación de rebombeo
de la Colonia Juárez, de la segunda línea de conducción
de 18 pulgadas en acero Pozole-Mazatlán, de la tubería
ICO-Valentino’s que permitió mejorar el abasto en la zona dorada
y de la línea que abastece al Parque Industrial Alfredo V. Bonfil.
Luchó
por un salario digno de sus trabajadores, teniendo siempre los mejores
salario a nivel nacional. Participó en el Comité ciudadano
que financió durante muchos años la Escuela Náutica.
También fue de los promotores del Instituto Cultural de Sinaloa
y del Centro de Capacitación para el Trabajo Industrial #26.
Fue el presidente del comité municipal de obras que construyó
el tramo Monumento al Pescador-Valentino’s; fungió como presidente
del Carnaval en 1966.
En
México fundó la Cámara Nacional de la Industria
Naval en la que reconcilió los intereses de los constructores
navales del Golfo y el Pacífico. En octubre de 1954 compra un
astillero en ruinas al doctor Alfredo Lizárraga y fundó
con el apoyo de William Hochingson la hoy vigente empresa Construcciones
Navales de Mazatlán S.A. de C.V; en la que construyó 72
barcos camaroneros.
Estableció
las perforaciones y desmontes para pozos de riego ya que no existían.
Toda su fortuna la invirtió en Mazatlán, con las ganancias
de la industria naval y un crédito de 1 millón de pesos
en 1965, compró un rancho que era conocido como "Compañía
Ganadera Lomalinda", donde se criaban sementales Bramman que ganaron
muchos premios estatales, nacionales y reconocimientos internacionales.
En
vida decide heredar todos sus bienes a sus hijos: 900 cabezas de ganado
de registro que unos años más tarde tuvieron que vender
a precios muy bajos ante la inminente expropiación para la construcción
de la maxipista; el astillero fue embargado; sus acciones en la pesquera
y la Congeladora Unión también se esfumaron; y sus ahorros
en la Casa de Bolsa PROBURSA, les tocó perder en esa ruleta financiera
que dejó en la ruina a miles de mexicanos.
Pese
a todas las dificultades que pereció se siente satisfecho de
la vida. Todo lo que ganó lo invirtió en Mazatlán.
Tuvo la oportunidad de contribuir al desarrollo del puerto y le dio
a sus hijos lo que él careció.
Actualmente
Don Mariano Farriols a sus 82 años, es un hombre ejemplar que
vive satisfecho de su vida; es uno de los muchos extranjeros que llegó
a Mazatlán para quedarse.
El
equipo admira al personaje elegido porque a su edad es una persona con
muchos bríos; quien además comparte sus experiencias y
transmite la sabiduría que le ha dejado la vida. Sencillo y carismático,
don Mariano es de los pocos sobrevivientes que dio mucho por Mazatlán.