Fue
el primer almirante, virrey y gobernador de las Indias, enseñó a los
hombres de mar de su tiempo, el camino para ir y volver de América.
Cristóbal Colón nació el año 1451 en Génova.
Algunos
autores defienden que era catalán, mallorquín, judío, gallego, castellano,
extremeño, corso, francés, inglés, griego y hasta suizo. Siguiendo la
tesis genovesa, sus padres fueron Doménico Colombo, maestro tejedor,
lanero o tabernero y Susana Fontanarrosa.
De
los cinco hijos del matrimonio, dos: Cristóbal y Bartolomé, tuvieron
pronto vocación marinera; el tercero fue Giácomo (Diego Colón), que
aprendió el oficio de tejedor; y de los dos restantes, Giovanni murió
pronto, y la única mujer no dejó rastro. Recordando estos primeros años,
Cristóbal escribía en 1501: "De muy pequeña edad entré en la mar navegando,
e lo he continuado fasta hoy. Ya pasan de cuarenta años que yo voy en
este uso".
El
aprendizaje colombino se debió hacer en galeras genovesas, primero como
grumete; como marinero desde los 15 años y con mando en barco desde
los 20 ó 22 años. Entre 1470 y 1476 recorrió todas las rutas
comerciales importantes del Mediterráneo, desde Quíos, en el Egeo, hasta
la Península Ibérica, al servicio de las más importantes firmas genovesas.
También participó en empresas bélicas, como el enfrentamiento entre
Renato de Anjou y el rey de Aragón, Juan II, por la sucesión a la Corona
de Nápoles. Se afirma que al amparo de tantas guerras y conflictos como
entonces había, ejerció de corsario, actividad muy lucrativa y reconocida
hasta en los tratados internacionales de la época.
Colón
y Portugal
Según cronistas contemporáneos, Colón llegó a las costas del sur de
Portugal (Lagos), cerca de Sagres, tras un durísimo combate naval acaecido
cerca del Cabo de San Vicente, el 13 de agosto de 1476. Incendiado su
barco, Colón salvó su vida agarrándose a un remo y nadando hasta la
costa. Empezaba la estancia colombina en Portugal, que duró casi diez
años, tan importantes y decisivos como misteriosos. Fue en el pequeño
reino ibérico, y de la mano de portugueses, donde aprendió a conocer
el océano, a frecuentar las rutas comerciales que iban desde Islandia
a Madeira, a tomar contacto con la navegación de altura, con los vientos
y corrientes atlánticos y a navegar hasta Guinea.
Dicen
los cronistas que, una vez repuesto Colón, marchó de Lagos a Lisboa,
donde se dedicó al comercio. En 1477 viajó hasta Inglaterra e Islandia,
y en 1478 se movía entre Lisboa y el archipiélago de Madeira con cargamentos
de azúcar. Hacia 1480, se casó con Felipa Moñiz, quien le ayudó a acreditarse
y restaurarse como vecino casi natural de Portugal. De este matrimonio,
nació hacia 1482 en la isla de Porto Santo, del archipiélago de Madeira,
su sucesor Diego Colón.
Hay
grandes indicios y alguna prueba razonable, de que Colón conocía las
tierras de América antes de 1492, como lo indica el preámbulo de las
Capitulaciones, suponiendo que cuando Colón elaboró su plan descubridor,
sabía más de lo que decía. Tal convencimiento extendido entre los primeros
pobladores y cronistas, corresponde al llamado "Predescubrimiento de
América". Parece que entre los años 1477 y 1482, en que Colón no dejó
de realizar frecuentes viajes a las islas Madeira, Azores y Canarias,
algo trascendental, calificado por él como "milagro evidentísimo", le
sucedió; haciendo caso a sus palabras escucharíamos: "Me abrió Nuestro
Señor el entendimiento con mano palpable a que era hacedero navegar
de aquí a las Indias, y me abrió la voluntad para la ejecución de ello.
Y con este fuego vine a Vuestras Altezas".
Los
defensores del predescubrimiento de América sostienen que ese algo repentino
y milagroso que le sucede a Colón fue que por aquellos años alguien,
con conocimiento de lo que decía, le informó de la existencia de tierras
al otro lado del océano. Tal información aportaba detalles bastante
ajustados sobre algunas islas y sus naturales, sobre ciertos parajes
y, especialmente, acerca de las distancias. Fue, según unos, un piloto
portugués o castellano (la conocida "leyenda del piloto anónimo"), que
al regresar de Guinea se vio impulsado por alguna tormenta hasta las
Antillas. Tras un tiempo allí, regresó, se encontró con Colón, le informó
y murió. Según otra teoría, la información colombina procedería de algún
grupo indígena que en un desplazamiento por las Antillas se vio obligado
a desviarse océano adentro hasta encontrarse con Colón. Ambas teorías
coinciden en señalar que tal encuentro debió producirse a bastantes
leguas al Oeste de las Canarias, Azores o Madeira, en una zona que por
aquel entonces frecuentaba. Cristóbal Colón se sintió elegido por la
Providencia para descubrir aquellas tierras.
El
proyecto descubridor colombino
Por los años 1480-1482, Cristóbal Colón era un buen navegante, un hombre
práctico y autodidacta, pero carecía de ciencias y saberes teóricos;
para elaborar su plan descubridor, Colón, que era más medieval que moderno,
utilizó varias fuentes informativas: la Historia rerum ubique gestarum
del papa Pío II; la Imago Mundi del cardenal francés Pierre d'Ailly;
y la Correspondencia y Mapa que, en 1474, el sabio florentino Paolo
del Pozzo Toscanelli había hecho llegar al rey de Portugal a través
de su amigo, el canónigo lisboeta Fernando Martins.
De las dos primeras obras, que eran como enciclopedias del saber del
momento y que estudió muy detenidamente, como demuestran las casi 1800
apostillas o anotaciones al margen, extrajo referencias muy concretas
sobre pasajes bíblicos, situados en el fin del Oriente, como el Paraíso
Terrenal, los Jardines del Edén, Tarsis y Ofir, el reino de Saba, los
montes de Sophora, la isla de las Amazonas, que pronto situaría en distintas
zonas de las Indias, porque para él allí estaba el extremo de Asia.
De
Toscanelli, que seguía a Marco Polo, recogió Colón todo lo relativo
al gran kan, a la tierra firme asiática (Catay, Mangi y Ciamba) y sobre
todo al Cipango, isla distante 1.500 millas del Continente y famosa
por su riqueza. Sin embargo, hay un punto en el que Colón discrepaba
del sabio florentino: las distancias entre ambos extremos del Océano.
Toscanelli asignaba al mismo 120 grados de la esfera terrestre (casi
el doble de la que en realidad tiene) y, aunque situaba algunas islas
en el camino, la empresa resultaba muy arriesgada. Por esta razón, los
portugueses después de estudiar el plan, lo rechazaron y archivaron.
Sin embargo, Colón sabía que en el capítulo de las distancias, Toscanelli
estaba equivocado; al empezar el viaje descubridor, anunció que las
primeras tierras se encontrarían a 800 leguas de las islas Canarias.
Para
defender su proyecto ante los expertos, tenía que entrar en mediciones
sobre el grado y la esfera terrestres. Coincide con Alfragano: 1 grado
= 56 millas y 2/3 (milla árabe de casi 2.000 metros); por tanto, la
circunferencia del Ecuador era igual a 20.400 millas. Esto daría 40.000
kilómetros para la circunferencia del Ecuador (prácticamente la medida
real). Sin embargo, Colón achica la esfera terrestre y da al Ecuador
una medida de unos 30.000 kilómetros, es decir, una cuarta parte menos,
porque está manejando la milla itálica de unos 1,500 metros.
Hacia
1483 o 1484 defendió este proyecto ante los portugueses, que lo rechazaron.
De mediciones, cálculos y Toscanelli, ellos sabían más que Colón. No
les aportaba nada nuevo y además exigía mucho.
A finales de 1484 o principios de 1485 dejó Portugal lo más secretamente
que pudo y entró en Castilla: "Siete años estuve yo en su Real Corte,
que a cuantos se habló de esta empresa, les resultó una burla", recordaría
después. Tras arribar con su hijo Diego a algún puerto del golfo de
Cádiz, quizá Palos de la Frontera, visitó el monasterio franciscano
de Santa María de La Rábida, en donde Colón siempre encontró ayuda material,
amigos y conversación.
El
20 de enero de 1486, los Reyes Católicos recibieron por primera vez
a Colón en Alcalá de Henares (Madrid), y a continuación nombraron una
junta de expertos para valorar el proyecto colombino. La voz de la ciencia,
al igual que en Portugal, le fue contraria. A pesar de que muchos no
daban crédito a lo que prometía, nunca faltaron protectores para Colón.
Algunos de los más constantes fueron frailes con influencia ante los
Reyes, como el incondicional, fray Antonio de Marchena. Otro religioso
influyente, maestro del príncipe don Juan, y siempre favorable a Colón
fue fray Diego de Deza. Es posible que el futuro descubridor revelase
a ambos sus conocimientos en secreto de confesión. Un tercer religioso,
decisivo en 1491 y 1492, fue el fraile de La Rábida, Juan Pérez. En
la última fase de la negociación, además de hombres de religión, el
genovés contó con el apoyo de algunos cortesanos distinguidos, como
fue el caso de Luis de Santángel, Juan Cabrero o Gabriel Sánchez.
Entre
los años de 1487 y 1488, mientras esperaba en Córdoba la decisión de
los Monarcas, conoció a Beatriz Enríquez de Arana, una joven de humilde
procedencia, que el 15 de agosto de 1488 le dio un hijo: Hernando Colón.
Para hacer frente a sus necesidades, trabajó con sus manos pintando
mapas de marear o portulanos que vendía después a los navegantes, e
hizo de mercader de libros de estampa. En 1488, invitado sorprendentemente
por el rey Juan II, parece que hizo un viaje rápido a Portugal. Poco
después, se movía por Andalucía y visitaba a los duques de Medinasidonia
y a los de Medinaceli, mientras llegaba a su fin la guerra de Granada,
que tenía ocupados a los Reyes Católicos.
Las
Capitulaciones de Santa Fe
Después de muchas tentativas de que intercediera favorablemente
de nuevo el monasterio de La Rábida y fray Juan Pérez, los Reyes Católicos,
en un acto personal, decidieron respaldarlo en su empresa. El 17 de
abril de 1492 se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe o documento-contrato
que estipulaba las condiciones en que Cristóbal Colón haría el viaje
descubridor. El documento en su preámbulo dice: "Vuestras Altezas dan
e otorgan a don Cristóbal Colón en alguna satisfacción de la que ha
descubierto en las Mares Océanas y del viaje que agora, con la ayuda
de Dios ha de hacer por ellas, en servicio de Vuestras Altezas.
Es
para los partidarios de la teoría del Predescubrimiento, la prueba documental
decisiva, ya que Colón se atribuye, antes de 1492, descubrimientos en
el océano que ahora transfiere a los Reyes Católicos, en virtud de lo
cual, éstos le corresponden dándole una serie de privilegios, que forman
la segunda parte del documento:
1º)
El oficio de almirante de la Mar Océana, vitalicio y hereditario, en
todo lo que descubra o gane, y según el modelo del almirante mayor de
Castilla.
2º) Los oficios de virrey y gobernador en todo lo que él descubra o
gane. No se habla de hereditariedad. Para cubrir los cargos en las Indias,
puede proponer terna a los reyes para que estos escojan.
3º) La décima parte de todas las ganancias que se obtengan en su almirantazgo.
4º) Que todos los pleitos relacionados con las nuevas tierras los pueda
resolver él o sus justicias. Este punto nunca se cumplió porque estaba
condicionado a los precedentes castellanos.
5º) El derecho a participar con la octava parte de los gastos de cualquier
armada, recibiendo a cambio la octava parte de los beneficios. Con este
documento capital y otras mercedes, se dirigió a la Villa de Palos a
preparar la flota descubridora.
El
gran viaje Tres embarcaciones, Pinta, Niña y Santa María; un presupuesto
de unos dos millones de maravedies; y alrededor de 90 hombres reclutados
con la ayuda inestimable de los hermanos Martín Alonso y Vicente Yáñez
Pinzón, formaron la flota descubridora más trascendental de la historia.
El 2 de agosto de 1492, Cristóbal Colón mandó embarcar a toda su gente,
y al día siguiente, antes de salir el sol, dejaba el puerto de Palos.
La
primera escala fue en las Canarias, donde tuvieron que arreglar el timón
de la Pinta. El 6 de septiembre con el alisio ventando a favor, Colón
marcó rumbo al oeste. Comenzaba la gran travesía. Su objetivo era el
Cipango (la actual India), y advirtió a la tripulación que nadie se
inquietase hasta haber navegado 700 leguas. A partir de esa distancia,
no habría que navegar por la noche. Por si fallaba algo decidió llevar
dos cuentas sobre las distancias recorridas: una secreta o verdadera
(sólo para él), y otra pública o falsa, en la que contaría de menos.
El
día 13 de septiembre, descubrió la declinación magnética de la tierra;
y el 16 llegaron al mar de los Sargazos. A partir del 1 de octubre se
da cuenta de que algo falla. El 6 ya han sobrepasado las 800 leguas
y no hay indicios de tierra. Durante la noche del 6 al 7 de octubre,
se produjo el primer motín entre los marineros de la Santa María. Los
hermanos Pinzón apoyaron a Colón y lo sofocaron. Sin embargo, en la
noche del 9 al 10 de octubre el malestar se extendió a todos, incluidos
los propios Pinzón. Acordaron navegar tres días más y al cabo de ese
tiempo si no encontraban tierra regresarían. No hizo falta: en la noche
del 11 al 12 de octubre el marinero Rodrigo de Triana lanzó el grito
esperado: "¡Tierra!".
Al
día siguiente desembarcaron en la isla de Guanahaní (que ellos bautizaron
como San Salvador), actual isla de Watling, en el archipiélago de las
Bahamas, y tomaron posesión de la nueva tierra en nombre de los Reyes
Católicos. El 28 de octubre, arribaron a Cuba, y el 21 de noviembre
se apartó de la flota Martín Alonso Pinzón. El 6 de diciembre llegaron
a la isla de La Española; y el 24 encalló la Santa María, con cuyos
restos y la ayuda del cacique de la zona, Guacanagarí, construyeron
el fuerte de la Navidad. Tras dejar a 39 españoles ahí, siguieron la
costa, encontraron a Martín Alonso Pinzón (6 de enero), y navegaron
hasta la costa de Samaná. Desde esta zona, el 16 de enero de 1493, el
almirante dio la orden de regresar a España. El viaje fue tranquilo
hasta llegar a las Azores, donde sobrevino una fuerte tormenta (12-15
de febrero) que forzó a la Pinta a separarse del almirante y arribar
a Bayona (Pontevedra). Otra tempestad, cerca de Lisboa (4 de marzo)
obligó al descubridor a desembarcar en Portugal. El 15 de marzo, don
Cristóbal, al mando de la Niña, entraba triunfalmente en Palos. Martín
Alonso lo hacía con la carabela Pinta pocas horas después. Llegaba muy
enfermo y a los pocos días murió. Tras el éxito descubridor, don Cristóbal
informó a los Reyes, que estaban en Barcelona, se dirigió a su encuentro
y fue recibido por ellos con todos los honores. Para anunciar el acontecimiento
a toda la Cristiandad, escribió la famosa Carta de Colón.
El
segundo viaje
El 25 de septiembre de 1493, el almirante zarpó de Cádiz al mando
de 17 navíos y unos 1,200 hombres, portando las primeras simientes y
ganados. Al salir de las Canarias, Colón planeó el rumbo más al sur
que en el primer viaje para llegar al paraje denominado la entrada de
las Indias, en las pequeñas Antillas. Después de descubrir la isla de
Puerto Rico, llegó hasta el fuerte de la Navidad y comprobó que había
sido destruido y los españoles muertos. Fundó la primera ciudad de América,
la Isabela. Recorrió la costa sur de Cuba, llegó a Jamaica, y a finales
de 1494 descubría América del Sur (Cumaná), aunque lo ocultó hasta el
tercer viaje. Comenzaba el poblamiento de La Española, las diferencias
entre españoles y los levantamientos de los indios. A partir de 1495
empezaba el desprestigio del Nuevo Mundo, siendo el grito más escuchado
entre españoles: "Así Dios me lleve a Castilla El 11 de junio de 1496
arribó a Cádiz con la intención de contrarrestar la mala propaganda
de las Indias. Llegaba vestido con un sayal de fraile franciscano.
El tercer viaje
Costó mucho organizar la tercera flota colombina. Las Indias ya
no atraían tanto y faltaban tripulantes. Incluso se dio poder a Colón
para que embarcara a delincuentes. Ocho navíos y 226 tripulantes componían
la flota, que dejó Sanlúcar de Barrameda entre febrero y el 30 de mayo
de 1498. Desde Canarias, siguió a Cabo Verde y una latitud más al sur
que las anteriores navegaciones, lo que le hizo sufrir una zona de calmas.
Descubrió la isla de Trinidad; recorrió la costa de Paria, donde situó
solemnemente el entorno del Paraíso Terrenal. Camino de La Española
divisó la isla Margarita, donde se pescaban las perlas, para llegar
el 20 de agosto a la nueva capital de las Indias, Santo Domingo. La
situación en que encontró a la colonia era grave: la mayoría de los
españoles, encabezados por Francisco Roldán, se había rebelado contra
la autoridad de los Colón. La llegada del virrey no resolvió el problema.
Las quejas contra la familia Colón, agravadas con algún que otro proceder
dudoso del Almirante, como ocultar el criadero de perlas de Margarita
y Cubagua, llegaron a la corte y los reyes decidieron destituirlo. El
23 de agosto de 1500, Francisco de Bobadilla entraba en el puerto de
Santo Domingo para sustituir al virrey y gobernador. Hubo cierta resistencia
por parte de los Colón, lo que explica algo la dureza de Bobadilla.
A primeros de octubre de 1500, Cristóbal, Bartolomé y Diego Colón regresaban
a España cargados de cadenas.
Cuarto viaje
Los monarcas sintieron el mal trato dado a su almirante, algo lo desagraviaron,
pero no lo repusieron en sus oficios perdidos. Prometieron que lo harían,
mientras le encargaban el cuarto viaje. Con cuatro navíos y 150 hombres
partió de Cádiz el 11 de mayo de 1502. El objetivo era encontrar un
paso que permitiera llegar a la Especiería, ya que Colón seguía creyendo
que la zona antillana era la antesala de Asia. Para atravesar el Océano,
siguió una ruta parecida al segundo viaje. Llevaba orden de no detenerse
en Santo Domingo. Atravesó el Caribe hasta el cabo de Honduras; siguió
hasta el de Gracias a Dios y recorrió la costa de Panamá. No encontró
lo que buscaba: ni paso, ni oro, ni especias, pero en cambio sí tuvo
muchas penalidades y sufrió la pérdida de dos barcos. El 1 de mayo de
1503 ponía rumbo a La Española, pero se vio obligado a recalar en Jamaica,
en la bahía de Santa Ana, donde tuvo que encallar los dos barcos y esperar.
La hazaña de Diego Méndez y Bartolomé Fiesco logrando llegar en dos
canoas desde Jamaica a La Española logró salvarlos. El 28 de junio de
1504, dejaban Jamaica y el 12 de septiembre, en dos navíos, se dirigían
a España. Después de arribar a Sanlúcar de Barrameda el 7 de noviembre
de 1504, fracasado y enfermo, siguió hasta la corte y reclamó infructuosamente
sus derechos. Murió el 20 de mayo de 1506 en Valladolid.
Principales
dificultades que tuvo que enfrentar:
Al comenzar a elaborar su proyecto descubridor, sabía que el mayor problema
que enfrentaría sería cómo articularlo teóricamente para defenderlo
ante los mayores expertos del momento: portugueses y castellanos.
Muchos
no daban crédito a lo que decía Colón y esto era motivo de burla. Durante
sus viajes tuvo que enfrentar muchas penalidades, donde perdió embarcaciones
y bastantes hombres.
Para realizar el tercer viaje, sin disponer de tripulación, tuvo que
embarcar a hombres delincuentes. Y enfrentar varios amotinamientos de
sus tripulantes.
Durante
el tercer viaje Colón encontró problemas con los hombres que se habían
quedado en la colonia ya que gran parte de ellos se habían revelado
contra la autoridad de los Colón
Así como las quejas que llegaron al Rey de España contra Colón debido
a que estaba ocultando un criadero de perlas de Margarita por lo cual
fue destituido de su cargo.
Al
final se sintió defraudado y tuvo que regresar a España, ya enfermo
y sin recibir el reconocimiento que merecía, muere en Valladolid.
Principales
ventajas que tuvo a su favor
A pesar de que muchos no daban crédito a lo que prometía, nunca
faltaron protectores a Colón. Los más constantes fueron frailes con
influencia ante los Reyes.
Contó
también con el apoyo de cortesanos distinguidos y sobre todo con el
apoyo, tanto económico como material, de los Reyes de España. Nunca
perdió de vista su objetivo principal y siempre estuvo tan seguro de
lograrlo.
Desacuerdos éticos que sean más relevantes para el grupo:
Que cuando se les recibió a los Españoles con los mejores manjares
y regalos, ellos no supieron corresponder ya que atacaron a los mexicas
durante un festejo, encontrándose desarmados y en total desventaja.
Que la imposición de una religión cualquiera que sea no se puede aceptar
si no hay un convencimiento interno y sobre todo aceptarla no es lo
mismo que imponer.
El
que nos haya castellanizado refleja un menosprecio de nuestra cultura
que tienen el mismo fin: la comunicación. El desajuste económico causado
por la fuga de metales preciosos para sostener una guerra que no nos
correspondía. El esclavizar a miles de mexicanos impidiendo su libre
expresión.
Postura
del equipo ante el legado que Cristóbal Colón aportó a la humanidad:
Siempre es bueno conocer qué hay del otro lado de nosotros y es por
eso que al descubrir un nuevo continente permitió el intercambio de
avances tecnológicos y científicos de todas las épocas.
Frase
relevante de Cristóbal Colón:
"Me abrió nuestro Señor el entendimiento con mano palpable a que era
hacedero navegar de aquí a las Indias, y me abrió la voluntad para la
ejecución de ello. Y con este fuego vine a Vuestras Altezas.