Compositor
alemán de ascendencia flamenca, nacido en Bonn el 16 de diciembre
de 1770 y muerto en Viena el 26 de marzo de 1827. Se formó en un
ambiente propicio para desarrollar sus facultades, aunque excesivamente
rígido. Sus inicios musicales fueron dirigidos de forma tiránica
por la disciplina de su padre, que era tenor en la capilla de la
corte. En 1789 Beethoven comenzó a trabajar como músico de la corte
para mantener a su familia. Sus primeras obras fueron bajo la tutela
del compositor alemán Christian Gottlob Neefe. En 1792 se marcha
para estudiar con el compositor austríaco Joseph Haydn a Viena,
ciudad en la que viviría hasta su muerte. Allí conoció la fama y
sufrió las consecuencias de su sordera, que lo llevaron a desarrollar
una personalidad torturada a la vez que introvertida.
Las
obras más importantes de Beethoven se pueden resumir en nueve sinfonías,
siete conciertos (5 para piano, y uno para violín y triple concierto
para piano, violonchelo y violín), 16 cuartetos de cuerda, 32 sonatas
para piano, 10 sonatas para violín y piano, 5 sonatas para violonchelo
y piano, una ópera (Fidelio), 2 misas y la misa solemne, opus 123,
varias operturas y numerosas variaciones para piano. Tradicionalmente
se le ha considerado como el puente hacia el Romanticismo.
Su
entorno y sus primeros maestros
Beethoven
comenzó sus estudios con sus padres y a la edad de ocho años dio
su primer concierto. Fue en 1778, en la academia donde estudiaba.
A
partir de entonces comenzó a recibir lecciones de música de un profesor
llamado Van Den Eeden, viejo amigo del abuelo de Ludwig. En 1779
recibió lecciones de Tobias Pfeifer, músico ilustre, que hizo amistad
con su padre.
Por
primera vez aportaba a su casa un salario regular, que redondeaba
dando- de mala gana- algunas lecciones de piano y que, al sumado
al de su padre, le permitía a la familia vivir en condiciones menos
difíciles. Aprovechó en este periodo su escaso tiempo libre que
le quedaba, para profundizar por sí solo sus estudios literarios
y filosóficos. Solamente por pasión y por interés personal se dedicó
al estudio de la obra de poetas, filósofos, historiadores y críticos:
de Shakespeare a Kant, de Winckelmann a Schlegel.
En
una carta enviada a los editores Breitkopf y Härtel, escribe: «No
hay actualmente casi ni un tratado que resulte demasiado docto para
mí. Sin presumir de poseer una verdadera erudición, me he esforzado
desde la infancia, por comprender el pensamiento de los mejores
y de los más sapientes de cualquier época. Resulta vergonzoso el
artista que no se considera culpable de no lanzarse por lo menos
tan lejos.
Una
personalidad aristocrática más célebre e íntimo amigo del príncipe,
era el conde Ferdinand Von Waldstein, quien, tras haber escuchado
algunas interpretaciones del joven Beethoven en algún salón, se
interesó en el porvenir del joven. Con el consentimiento del príncipe
Maximilian Franz decidió subvencionarle un viaje a Viena.
Primer
viaje a Viena
Ludwig
se sintió feliz con la propuesta que no se resistió a la posibilidad
de viajar. Era el 7 de abril de 1787 y llevaba consigo una carta
de recomendación de Maximilian Franz para su hermano el emperador
José II. Cuando Ludwig arribó a Viena, en la primavera de 1787,
Wolfgang Amadeus Mozart tenía treinta y un años y se hallaba en
su plena juventud artística.
El
joven de diecisiete años, un poco desgarbado y mal vestido, debió
no obstante, atraer la atención del maestro he impresionarle bastante,
si es cierto que cuando le propuso que improvisase un tema, el muchacho
lo desarrolló con perfecta autoridad. Mozart, dirigiéndose a los
presentes, dejó escapar estas proféticas palabras: «¡Prestemos atención
a este joven! Llegará un día que se hable de él...»
Por
su parte Beethoven mantuvo siempre una cierta reserva hacia el autor
de Don Giovanni. Años después, se le requirió su opinión acerca
del cuál, entre sus maestros no vivos, consideraba el mayor; él
respondió, que había considerado a Mozart como tal, antes de haber
conocido la música de Händel. Beethoven se vio comprometido a experimentar
irritantes y continuas comparaciones con tan gran predecesor.
Como
quiera que fuere, el primero y último encuentro entre Mozart y Ludwig,
se resolvió en una frustración respecto a las esperanzas del conde
Von Waldstein. Ludwig permaneció en Viena tres meses y aprovechó
su estancia para gozar de los espectáculos, nuevos para sus ojos.
A finales de junio realizó imprevisto y precoz viaje de retorno
a su tierra con espíritu profundamente disgustado. En efecto había
recibido algunas cartas de su padre, en las que éste le rogaba que
regresase cuanto antes a Bonn para socorrer a su madre gravemente
enferma.
Al
llegar a su casa, se encontró con una situación más desastrosa y
alarmante de lo que se había imaginado: la madre casi agonizaba,
la familia carecía de dinero alguno y el padre estaba sumido en
la embriaguez. A pesar de sus cuidados realmente amorosos, su madre
habría de morir de tuberculosis el 17 de julio del mismo año.
Beethoven
habló de ella en una carta dirigida al doctor Von Schaden, de Augusto:
«Era para mí una madre muy buena y querida, mi mejor amiga. ¿Quién
hubo más feliz que yo cuando todavía podía pronunciar el dulce nombre
de "madre", escuchándolo ella para enseguida responderme?
¿A quién podré decírselo ahora?».
Opinión
Pienso que a pesar de su sordera fue un excelente músico, también
es admirable la manera en que sacó a su familia adelante, cuando
su padre se negaba a la realidad, sobre todo, cuando falleciera
la madre de Beethoven.