Augusto
César Sandino nació el 18 de mayo de 1895 en Niquinohomo,
departamento de Masaya. Como hijo de una familia de pequeños
propietarios rurales de la región montañosa de Las
Segovias, trabajó desde niño con su madre recolectando
café en las plantaciones del Pacífico nicaragüense.
En
Octubre de 1909 una insurrección apoyada por Estados Unidos
provoca la renuncia del presidente José Santos Zelaya.
Asume al cargo José Madriz, pero en febrero de1910, tropas
norteamericanas desembarcaron en Corito y provocan también
su renuncia. Luego de múltiples maniobras tomó el
poder Adolfo Díaz, pero su mal gobierno provocó
el estallido de una sublevación en julio de 1912.
Tropas
norteamericanas son las que enfrentó Benjamín Zelodón
ante la inminente invasión, muriendo en batalla el 4 de
octubre. A sus 17 Años Sandino queda muy impresionado con
la imagen del patriota. En 1916 trabaja como ayudante de mecánica
cerca de la frontera con Costa Rica. Viaja a Honduras en 1920
y a Guatemala en 1923, donde trabaja en las plantaciones de la
United Fruit. Marchó a México, donde trabajó
para empresas petroleras en Tampico y Cerro Azul; así como
en varias minas.
Estados
Unidos retiró sus tropas de Nicaragua en agosto de 1925;
la ocupación había durado 13 años. Un golpe
militar del general Emiliano Chamorro en octubre inició
un cambio de gobierno para Nicaragua, al que vendrían otros
más.
Sandino
regresó a su país en el año de 1926, con
la firme intención de luchar al lado de las tropas liberales,
que se encontraban bajo el mando del vicepresidente Juan Bautista
Sacasa. La lucha inició cuando los conservadores rompieron
con el Tratado Bryan-Chamorro, el cual se había firmado
en 1916 autorizando al país norteamericano a construir
un canal interoceánico útil en caso de que ocurriera
algún impedimento para el uso del Canal de Panamá.
El Tratado también ofrecía el establecimiento de
bases navales militares en el Golfo de Fonseca y en las Islas
Gorn.
El
Acuerdo de Tipitapa (1927), acuerdo de paz que permitió
la perpetua presencia de las tropas americanas en Nicaragua, aumentó
con el sentido liberalista que ya existía en el país;
así, Sandino se refugió en las montañas del
norte, comandando a un pequeño grupo de hombres, quienes
por cinco años aproximadamente se enfrentaron a las tropas
americanas y a la Guardia Nacional Nicaragüense.
La
resistencia que ofreció Sandino generó un fuerte
sentimiento anti-intervencionista y nacionalista que llegó
hasta los países de América Central; el entonces
presidente Sacasa garantizó y respetó la vida de
los guerrilleros y revolucionarios, al deponer las armas en acuerdo
de paz interna.
Sin
embargo, Anastasio Somoza, entonces jefe de la Guardia Nacional
ordenó su detención, ejecutada cuando salía
de una reunión en el Palacio Presidencial de Managua; junto
con 300 de sus compañeros fue fusilado en Managua el 23
de febrero de 1934. Pero sus ideas liberales no se olvidan, dado
que inspiraron a los integrantes del Frente Sandinista de Liberación
Nacional para derrumbar la dictadura de la familia Somoza en el
año de 1979.
Sandino
siempre es actualidad: fue asesinado por órdenes expresas
de Anastasio Somoza, pero el crimen encendió la ira del
pueblo. Años después, con el FSLN a la cabeza, expulsarían
de Nicaragua, en 1979, al último hijo del fundador de la
tiranía. Al cumplirse el 65 aniversario del cobarde asesinato,
la historia de su muerte y la dimensión de su ejemplo deben
ser conocidas por las nuevas generaciones nicaragüenses,
porque nadie podrá ocultar mucho menos callar, que él
combatió y murió por los humildes de su país
y la libertad de Nicaragua. Y como muy bien lo sugiere el autor
de El señor Presidente: "...es la hora de !Tomad la
bandera de Sandino¡. Haced de cada libro, de cada periódico,
de cada papel escrito, de cada radio, de cada canal de televisión,
de cada pantalla cinematográfica, una voz que clame contra
el silencio que se nos quiere imponer".