Médico
y químico inglés, nació el 6 de agosto de 1881, cerca de Darvel, Ayr
(hoy parte de Strathclyde), aldea rural de Escocia y murió en Londres;
el séptimo de ocho hermanos, quien sintió el llamado de la medicina
a principios del nuevo siglo. En el hospital londinense de Saint Mary,
cambió la cirugía por la bacteriología y fue el primer médico que aceptó
probar en sus pacientes sifilíticos un compuesto del químico alemán
Paul Ehrlich llamado salvarsán; lo administró decenas de veces con la
nueva y difícil técnica de la inyección intravenosa.
Luego,
en su incesante búsqueda de un antiséptico efectivo, descubrió en 1920
la lisozima -enzima presente en secreciones corporales como las lágrimas-,
que ciertamente poseía efectos antibacteriales, pero no tan potentes
como los requeridos. Publicó sus experiencias en el Journal of Experimental
pathology, revista de patología experimental en 1929.
Perspicacia
en sobredosis: Lo que vieron sus ojos un feliz día de 1928, dio sentido
a muchos meses posteriores de investigación. El bacteriólogo británico
Alexander Fleming llevaba ya buen rato buscando una sustancia para tratar
las severas infecciones que terminaban con la vida de muchos soldados
durante la Primera Guerra Mundial, cuando una capa de moho rodeada por
un anillo de bacterias muertas lo hizo gritar: "¡Eureka!".
Por
esos días investigaba el virus de la influenza y estaba cultivando estafilococos
en platos de Petri. Uno de los muchos recipientes que tenía apilados
en el caos de su laboratorio procedía de un centro de análisis micológicos
que funcionaba en el piso superior del edificio; Fleming notó que sobre
el plato estaba creciendo moho y que alrededor de este se había formado
un halo o área libre de estafilococos, hecho que atrapó de inmediato
su atención. En ese instante se puso a prueba toda su perspicacia y
su capacidad para el razonamiento deductivo.
¿Qué
significaba esto? Y supuso -acertadamente- que esa capa de moho contenía
alguna sustancia que inhibía el crecimiento de la bacteria. Llamó al
principio activo: penicilina notatum y en 1929 publicó su hallazgo en
una revista especializada sin despertar mayor interés en la comunidad
científica.
Para
1932, Fleming había cambiado su objeto de estudio y jamás dio el paso
crucial: probar la sustancia en ratones. Habrían de pasar varios años
antes de que el fisiólogo australiano Howard Florey y el químico alemán
Ernst Chain retomaran su investigación. En 1939 lograron depurar cantidades
suficientes de penicilina e hicieron las pruebas de rigor en ratones
infectados. El compuesto cambió para siempre el tratamiento de las infecciones
bacterianas y dio origen a una ingente industria farmacéutica, cuyos
productos sometieron, en poco tiempo, a temidas enfermedades como: neumonía,
sífilis, tuberculosis y gangrena.
Antes
de terminar la Segunda Guerra Mundial, el antibiótico había salvado
ya millones de vidas. En 1945, Fleming recibió, junto con Florey y Chain,
el premio Nóbel de Medicina. Aunque se le asocia sólo con el descubrimiento
de la penicilina, Fleming fue además pionero en el uso de compuestos
antisifilíticos.
Años
antes del infarto que en 1955 acabó con su vida, declaró que su único
mérito fue no ignorar aquella sugerente capa de moho. Y justamente por
haber dado a su hallazgo el debido seguimiento, fue enterrado como un
héroe en la Catedral de Saint Paul, en Londres.
Descubrió
las propiedades antibióticas del hongo penicillium notatum en 1928.
El hallazgo inicial fue casual, pero una serie de experimentos muy bien
diseñados, le permitieron demostrar la capacidad antibiótica del moho.
No fue, sin embargo, capaz de aislar el compuesto, la penicilina. Esto
se hizo durante la II Guerra Mundial, como una investigación fundamental
para tratar a los soldados heridos. Es en este momento cuando nacen
los antibióticos. La importancia de toda la investigación sobre estos
fármacos está corroborada por el aumento de la esperanza de vida de
la población y, sobre todo, por la disminución radical de la mortalidad
infantil.
Comentario
Nosotros pensamos que el descubrimiento de la penicilina fue un hecho
histórico, porque sin ella moriría mucha gente, en especial la población
infantil y de la tercera edad.
Fleming
era una persona de carácter fuerte, pero muy dedicado a su trabajo.
Que por su gran descubrimiento recibió el premio Nóbel con el que fue
reconocido mundialmente, y por el que es recordado hasta nuestros días.