LA LEYENDA DEL SAHUATOBA

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Después de una gran inundación que asoló a la tierra, según se ha oído hablar, no quedó ningún ser vivo. Ni hombres, ni plantas, ni animales. El rayo y la estrella, que eran dioses, vieron con tristeza aquello y decidieron poner fin a tan terrible calamidad. Tuvieron un hijo fuerte, hermoso y eternamente joven, llamado Sahuatoba. Cuando bajaron los niveles de las aguas de una montaña, Sahuatoba contempló con nostalgia infinita al desolado paisaje. Desde el cielo, sus padres se compadecieron de él y decidieron darle una compañera que pusiera fin a su soledad. Entonces, hicieron surgir un lirio blanco entre el fango. Cuando Sahuatoba bajó de la montaña, vio con sorpresa la flor, se acercó a ella instintivamente, alargó la mano y la cortó. Al instante, el lirio se convirtió en una hermosa mujer cuyo nombre era Masada. Después, brotaron nuevos lirios. Sahuatoba y Masada iban cortándolos uno en uno. Así surgieron parejas de animales, pájaros y plantas. El mundo volvió a ser como antes. Sin embargo, faltaban los hombres. Entonces, Sahuatoba y Masada tuvieron hijos, siete varones y siete mujeres, que a la postre darían origen a siete nacionalidades.

Un día, cuando ya la tierra estaba poblada, Sahuatoba, que seguía siendo igual de joven, pero más sabio que todos los hombres de la tierra, dada su gran experiencia y su larga vida, marchó a lugares lejanos para enseñar las artes de la agricultura y alfarería a una tribu que lo necesitaba.

Durante su ausencia, el Dios del rayo miró con codicia a la bella esposa de Sahuatoba. Decidió poseerla, aunque sin ningún resultado, puesto que Masada era la esposa de su hijo, y al mismo tiempo su nuera. Entonces, el Dios entró en cólera y con una descarga mágica convirtió a Masada en estrella.

Cuando Sahuatoba regresó de su largo viaje, buscó con desesperación a su amada. Todos sus esfuerzos resultaron inútiles, y cuando preguntaba al agua de los ríos y arroyos, a las aves, a los animales, a las plantas, al viento y a las rocas, todos les respondían que mirará al cielo en el atardecer.

Se cuenta, que de vez en cuando por las tardes, se suele encontrar a un joven hermoso y fuerte, buscando con ansiedad algo en el firmamento: ¿una estrella tal vez?.

Por eso Masada significa estrella del atardecer, y Sahuatoba joven eterno.

 


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