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LEYENDA Cuentan las leyendas, que antaño los árboles tenían gran facilidad para moverse y se desplazaban a su antojo hacia un lugar y hacia otro. Constituían un paisaje donde la tierra y el cielo habitaban en plena armonía, donde las aves eran tanto del aire libre como del suelo y donde las hadas, duendes, elfos y demás seres mágicos vivían sin ninguna dificultad. Debajo de las frondosas ramas de las hayas, los avellanos y los tejos, todos convivían. Bueno, todos excepto los recelosos hombres. Esta especie tan extraña prefería mantenerse alejada de aquello que desconocía y que, por lo tanto, le producía desconfianza. Preferían transcurrir sus jornadas aislados de tanta incertidumbre e ir sobre un terreno más estable con sus pequeños avances. Hasta que un día inventaron el fuego. Aquel descubrimiento llegó a los oídos de los árboles que, atemorizados, se agruparon lo más posible para defenderse de las llamas y de sus creadores. Durante muchas estaciones los hombres no se acercaron a los árboles por miedo a los seres que vivían entre éstos y a sus poderes misteriosos. Sin embargo, una noche decidieron acercarse con sus antorchas y sus ganas de venganza a aquellos parajes que ellos mismos se habían prohibido. Los árboles se pusieron a temblar y, ante el acercamiento de éstos, intentaron defenderse. Pero les era muy difícil, ya que habían estado demasiado tiempo anclados allí y sus raíces se habían introducido y asentado en el terreno. Los hombres, de nacimiento cruel, comenzaron a torturar a los árboles sin piedad y, como consecuencia, las mitológicas criaturas que residían en aquella zona, tuvieron que emigrar hacia otros lugares. Actualmente, la mayoría de los humanos seguimos con la misma actitud hacia la ninfa naturaleza, tristemente todavía no hemos aprendido nada, del mundo maravilloso de ella. Nele, un Trenti. Este texto lo obtuvimos de una página WWW . http://www.ctv.es/USERS/arca/b8/leyendas NOTA. Lo enviamos porque nos parece muy significativo , además que puede servir como una lectura de reflexión y análisis. No sabemos si cubre las características de la Leyenda que se solicita, si no fuera así enviamos otra leyenda de nuestra ciudad Tuxtla Gutiérrez, aunque no tenga relación con el tema. LA CUEVA DE LA CHEPA Una de las leyendas un poco olvidadas es la de la cueva de la Chepa. Esa cueva era una de tantas metas para las cortas excursiones que hacíamos a pie cuando éstas se hacían con los niños de primaria (¿Quién las hace ahora). Esa cueva, que está al norte de nuestra capital, por la fábrica de cal, fue el escenario de la siguiente leyenda. Cuentan que aquí en Tuxtla, una guapa muchacha del barrio de Colón se prendó de un apuesto mancebo que, según los padres de éste, la fulana no era merecedora de un hombre que no era de su categoría. Como era muy común en esos tiempos, los jóvenes no tenían donde desahogar sus deseos y así, buscaban los lugares más apartados del centro de nuestra pequeña ciudad para lograr fechorías que no eran vistas con buen agrado por las familias. Panchito, un hijo de casa rica al que le llamaban el niño Paco, en una de sus tantas andanzas estuvo en un baile, de sentada de niño y allí conoció a Josefa, que en su barrio le decían la Chepa. Días después del hallazgo de la codiciada presa, Paco no cesaba de frecuentar aquel rumbo del puente de Colón, que por esa época no lo hacían. Las primeras veces que la veía aprovechaba cuando Chepa iba al río Sabinal por agua. Muchas veces le cargó el cántaro hasta cerca de la tranca de su casa, porque los padres de la chica ignoraban el idilio. Los padres del niño Paco menos que lo supieran, pues cuando la veía en la tarde engañaba a sus padres que iba al colegio. Llegó a tanto su amor que no se aguantaron y ella muy decidida le dijo a Paco: me voy contigo donde me lleves. Pero Paco era un niño mimado y un poco temeroso, no se hallaba con ánimos de tomar aquella arriesgada decisión que sólo la podía tomar un buen varón que fácilmente pudiera independizarse de la tutela de sus padres. Paco decía: si me la llevo a la casa, quien sabe lo que digan los amigos de mi familia. Pues aunque ella no parecía de familia indígena, porque era muy güera, no dejaba de ser una patarrajada. La chepa insistía: llévame Paco, llévame a donde queras. Paco debía dejar de ser hombre para no aceptar la propuesta que lo comprometía. Fue así como dijo: - Sí mi reina, te llevo a donde nadie nos vea, aunque se opongan a nuestro amor. Mira Paco, por aquí cerca está una cueva, aquí por Yuquiz, si no tenés a dónde llevarme, allí haremos nuestro hogar y nadie sabrá donde estamos, ¿qué decís? ¿vamos allí?. Paco muy resuelto, le dijo que lo esperara, que al día siguiente por la tardecita se iría con ella, que iría por su ropa, por algunas cosas para poder pasar las noches. Y así fue, muy normal, al atardecer del sábado, regresó con un pequeño bulto en el que escondía también un pumpo, Chepa, que estaba esperando con ansia la deseada huida de la casa, salió por el portillo del corral de aguaná y como gacela tropeleó dispuesta a seguir a su compañero, pronto desaparecieron por los matorrales que van hacia Yuquiz hallando al fin la cueva donde dieron rienda suela a sus deseos. Los padres de ambos, al ver que no llegaban a su casa uno y otro, ya que ignoraban esos amores, los buscaban muy afligidos pensando que podían haberlos matado o que la Tisigua hubiera extraviado a Paco. Por informes de algunos que los veían por el río, dijeron a los padres lo que habían observado, no faltó quien los viera escapar muy cautelosos. Fue así como se conocieron ambas familias y se dedicaron a buscarlos. Cuando se dirigían por el rumbo cerca de donde estaba la cueva, vieron de lejos que paco iba solo. Sin seguirlo, esperaron que regresara a su casa y cuando llegó no dijo nada a nadie de lo que había hecho. Sus padres no insistieron en saber lo ocurrido, mientras tanto, Chepa se quedó oculta en la cueva esperando, sin que llegara Paco a verla. Ella tenía la esperanza del regreso del infiel y lo esperó varios días, sustentándose con los frutos que a escondidas hallaba en el campo. Sus padres nunca la hallaron, pues cuando llegaron a la cueva ella no estaba allí. Por fin desfallecida por el hambre, agotada y más que todo decepcionada por el pago del ingrato, murió. Años después la encontraron cubierta toda de guano, estiércol de murciélagos, ya toda descompuesta despidiendo fétidos olores. Fue el escándalo del pueblo de que la Chepa la habían encontrado, por fin, en la cueva del rumbo de la Piedrona. Desde entonces llaman así a la cueva, "la cueva de la Chepa". Escrito por un maestro
Emérito de Chiapas: |
| Nombre de la escuela: Esc. Prim. Josefa Garrido de González Blanco | |
| Estado: Chiapas | |
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