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Había
una vez un niño llamado Carlos, como no asistía
a la escuela, todos los días él visitaba "Cante",
pero lo que más le gustaba era molestar a las aves migratorias
que temporalmente visitaban y habitaban la presa de "La Colonia".
Les aventaba piedras a esos indefensos animales. Carlos
no respetaba las indicaciones que hay en el entorno de la presa,
les aventaba piedras a los patos, pelícanos, haciendo que
estos animales se retiraran del lugar, pero cierto día
que tiraba y molestaba a los animales, se le cayó su resortera,
quiso bajar por ella, se resbaló y cayó a la presa,
él gritaba que lo ayudaran pero nadie lo escuchaba; los
animales que él molestaba lo ayudaron, haciendo bastante
ruido y volando de diferentes formas, que las personas encargadas
del lugar se dieron cuenta que algo extraño pasaba en la
presa, fueron rápidamente al lugar indicado por los animales
y vieron al niño que se encontraba en peligro. Rápidamente,
estas personas lo rescataron afortunadamente con vida.
Carlos dio las gracias a las personas que lo rescataron
y principalmente a los patos y pelícanos, porque ellos
con su actitud dieron aviso que él se encontraba en peligro.
Desde entonces, Carlos prometió no volver a molestar a
estas hermosas aves y aprendió que las aves migratorias,
no se deben expulsar de esos lugares, al contrario las visita
a diario, pero para platicar con ellos, darles protección
y llevarles de comer.
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