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EL DUENDE DEL AJUSCO En un lugar lejano, entre cerros de un hermoso color verde esmeralda, formado por los follajes de las copas de los árboles, se encuentra el majestuoso cerro del Ajusco, lugar encantado donde además de habitar animalitos silvestres, también viven duendes. Un día Alín, una bella niña de ojos color miel, de mejillas sonrosadas como un rayo de sol al amanecer, de cabellos castaños, tuvo que atravesar sola el cerro del Ajusco, pues tenía que llegar a su casa y a pesar de su miedo, pues ya estaba oscureciendo, se llenó de valor, pequeñita como era, se internó en el bosque. Para no pensar en el miedo, en su caminar, Alín iba cortando preciosas flores silvestres, unas de color amarillo, moradas y otras de colores raros, conforme pasaba el tiempo se hacía de noche, entonces ya no pudo seguir cortando flores, miró el cielo y vio aparecer una a una hermosas estrellas, decidió contarlas, así el miedo se ahuyentaría de su corazón. Contando las estrellas estaba, cuando de repente vio que algo salía de entre la maleza, - ¡Oh! ¿Qué es esto?- exclamó cuando vio aparecer a un pequeño duendecito verde. - ¿Cómo te llamas?, ¿Quién eres? - Me llamo lo que soy -dijo esa cosa y sonrió enigmático. - Entonces te llamas Duende Verde -se rió divertida Alín. - Una niña lista -refunfuñó el duende- ¡Lo que me faltaba! - ¿Te llamas Duende Verde malhumorado? - Eso no -dijo el duende- no siempre estoy malhumorado sólo cuando me encuentro con una niña como tú, y eso no me había pasado desde hacía tiempo. Alín, tomó con mucho cuidado al duende verde y lo puso sobre la palma de su mano. Tenía la cara verde, las manos verdes, el traje verde, un gorro verde y unos ojos pequeñitos y amarillos. - Oye, no me mires así, no soy un bicho raro -le reclamó desde la palma de su mano. - Discúlpame, pero como nunca en mi vida había visto un duende verde me pareces un bicho un poco raro, ¿qué haces aquí? -se artevió a preguntar. - Yo estaba aquí antes de que tú llegaras, desde hace 23 años. La que tiene que explicar qué hace aquí eres tú. Alín le explicó al duende que estaba perdida y que ansiaba regresar pronto a su casa. Al ver el duende la tristeza de Alín, le prometió ayudarla. Le pidió que se recostara sobre la hierba y que cerrara los ojos, entonces puso su pequeña mano verde sobre la frente de Alín y ésta se quedó profundamente dormida. A la mañana siguiente Alín despertó calientita dentro de su cama y pensó que lo que le había sucedido había sido sólo un sueño, pero después, se dio cuenta que entre su ropa traía algunas de las flores silvestres de colores raros que había recogido durante su caminata. |
| Nombre de la escuela: Primero de Mayo | |
| Estado: Distrito Federal | |
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