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| Nombre
del grupo étnico |
Purépechas
Este
pueblo indígena de las regiones lacustre y montañosa
del centro de Michoacán, se llama a sí mismo p'urhépecha,
y cada uno de sus integrantes es un p'urhé o p'uré,
que significa gente o persona; esto implica una autoafirmación
como seres humanos y pueblo en general. Desde la Conquista y
hasta hace unos cuantos años, este pueblo era conocido
como tarasco; sin embargo, esta denominación es externa
y les fue impuesta por los conquistadores.
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| Localización |
El
actual área p'urhé, se extiende a lo largo de
6, 000 km cuadrados, de los 60, 000 que tiene el estado de Michoacán,
en la región norcentral de la entidad. Esta área
se ubica entre los 1, 600 y 2, 600 msnm y se le denomina P'orhépecheo
o Purhépecherhu, que significa "lugar donde viven
los p'urhé".
El área se ha subdividido tradicionalmente en cuatro
regiones: Japóndarhu (lugar del lago), Eráxamani
(Cañada de los once pueblos), Juátarisi (Meseta),
la ciénega de Zacapu y antiguamente se agregaba otra
región: Jurhío (lugar de la tierra caliente).
La
población p'urhépecha se concentra sobre todo
en 22 municipios: Coeneo, Charapan, Cherán, Chilchota,
Erongarícuaro, Los Reyes, Nahuatzen, Nuevo Parangaricutiro,
Paracho, Pátzcuaro, Periban, Quiroga, Tancítaro,
Tangamandapio, Tangancícuaro, Tingambato, Tinguindín,
Tocumbo, Tzintzuntzan, Uruapan, Zacapu y Ziracuaretiro; sin
embargo, los hablantes de la lengua p'urhé se distribuyen
en 95 de los 113 municipios. Las localidades indígenas
se caracterizan por tener un asentamiento de tipo compacto;
hay municipios y poblados que tienen anexos, esto es, localidades
periféricas con unas cuantas viviendas, por lo que en
tal caso, se puede hablar de asentamientos mixtos. La población
mestiza vive sobre todo en los centros urbanos que rodean el
área. |
| Número
de habitantes |
En
la Ciénaga de Zacapu las localidades están concentradas
en el límite municipal de Zacapu y de Coeneo. La gran
atracción de la ciudad de Zacapu se refleja en el alto
porcentaje de la población regional que habita en ella;
el resto de esta población vive en su mayoría
en asentamientos de 500 a 2, 500 habitantes, con tan sólo
dos pueblos (Tiríndaro y Naranja de Tapia, a excepción
de las cabeceras municipales) mayores de 2 500 habitantes y
donde menos de 10% habita en localidades de población
dispersa.
La región de la Cañada de los Once Pueblos, representada
por el municipio de Chilchota, cuenta con pocos asentamientos,
la mayoría de ellos ubicados alrededor de la carretera.
En el municipio de Chilchota existen varios pueblos de tamaño
medio (sólo dos mayores de 2 500 habitantes: Carapan
e Ichán) hacia el este del municipio, y pequeñas
ciudades en el oeste; éstas últimas más
integradas a los poblados de Tangancícuaro.
La Meseta Purhepecha se caracteriza por tener menos localidades,
pero mayores de 1, 000 habitantes: 9 de ellas con más
de 3, 000 habitantes en 1995 (Paracho, Cherán, Nahuatzen,
Tingambato, Pichátaro, Charapan, Ocumicho, Comachuén
y Nurío). El norte de la región se puede considerar
la zona más heterogénea. Las poblaciones de Tangamandapio
y Tangancícuaro son un conjunto de localidades de tamaño
medio (más de 1, 000 habitantes, entre las cuales se
encuentra Tarecuato y Patamban), mientras que las del sur (con
pocas localidades en el centro) son más pequeñas
y aisladas. En Tangamandapio se observa una clara integración
con los poblados de Tinguindín, que en general son de
menor tamaño.
Al poniente están los municipios de Los Reyes, Peribán
y Tancítaro, donde se aprecian tres núcleos de
poblados de diferente tamaño, aunque todos ellos comparten
un patrón de distribución disperso. Al este de
Los Reyes hay un conjunto pequeño de localidades de tamaño
medio y relativamente aisladas. Al sur de Los Reyes y al norte
de Peribán hay un segundo conjunto de varias poblaciones,
que incluyen ciudades de tamaño medio. En el suroeste
de la región purhepecha están las localidades
de Tancítaro, las cuales en su mayoría tienen
menos de 500 habitantes. Finalmente, en los municipios del sur,
como Nuevo Parangaricutiro (excepto la cabecera municipal con
más de 11, 000 habitantes), se integran poblados pequeños
y medianos cercanos a Ziracuaretiro; al norte del municipio
de Uruapan existe un conjunto poco numeroso de localidades de
tamaño medio (mayores de 1, 500 habitantes) relativamente
distantes unas de otras y aparentemente más integradas
a las localidades serranas.
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| Lengua |
El
idioma p'urhé no tiene parentesco lingüístico
cercano con ninguna de las lenguas originales que se hablan
en México. Se reconocen tres variantes dialectales: la
de la región lacustre, central y serrana.
En
el registro de los censos se puede apreciar la sensible disminución
de los hablantes de la lengua p'urhé a lo largo del tiempo;
sin embargo, a partir de 1980 ha dado inicio un movimiento de
apoyo a través de la Academia de la lengua purhé
y el trabajo del Centro de Investigaciones de la Cultura p'urhépecha,
para el fortalecimiento de esta lengua con el establecimiento
de su abecedario.
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| Tipo
de vestimenta |
MUJER.
El traje de la mujer consiste en una falda "sabalina",
la cual sujetan con un ceñidor y dejan sobresalir 20
cm de tela para formar el famoso "rollo" de las tarascas.
El traje consiste en una falda negra, de pañete, con
enaguas blancas de manta. Portan dos ceñidores; el primero
sostiene la falda, el otro sirve de adorno. La camisa se usa
plegada sobre el pecho y la espalda, con una jareta a lo largo
del escote; va bordada sobre los hombros y alrededor del escote,
con figuras de flores, perros y otros animales. Los delantales
son de cretona, en cuadros de colores. El peinado consiste en
dos trenzas y llevan aretes de diversas formas.
HOMBRE.
Su traje consiste en una faja tejida a mano, sobre un traje
de manta, y un sombrero de petate o de tubo de trigo, para uso
diario.
Las mujeres usan rebozos obscuros, rayados; sus blusas son bordadas con diseños de punto de cruz y colores muy vistosos; sus delantales de percal, así como muchos metros de lana azul o negra alrededor de la cintura a manera de falda.
Los hombres usan camisa y calzón de manta. Ambos usan guaraches como calzado. |
Características
físicas (clima, hidrografía, relieve, flora y
Fauna) |
Esta
área se distingue por la presencia de lagos, ciénagas,
sierras, llanos intermontanos y volcanes aislados. Allí
se encuentra la principal elevación del estado, el volcán
Tancítaro (3 840 msnm), y los cerros Patamban, El Tecolote,
El Zirate, El Frijol, La Virgen y El Capén, además
del famoso volcán Paricutín, que hizo erupción
en 1943.
Debido a estas características, más del 80% de
la superficie presenta climas templados y semifríos,
con precipitaciones entre los 1, 000 y 1, 200 mm cúbicos
por año. Los lagos de Pátzcuaro y Zirahuén
constituyen otro importante elemento que contribuye a la diversidad
del paisaje regional; sus áreas de captación son
cuencas cerradas, que comprenden casi la totalidad de los municipios
de Pátzcuaro, Erongarícuaro, Quiroga y Tzintzuntzan
y parte de Salvador Escalante, Tingambato y Nahuatzen.
El
conocimiento ecológico indígena está restringido,
por lo regular, a los ambientes inmediatos y resulta de un proceso
de acumulación de experiencias tanto a través
del tiempo histórico como del espacio social. Estos tres
rasgos principales del conocimiento ecológico indígena
(el ser local, diacrónico y colectivo) se complementan
con una cuarta característica, a saber, su carácter
holístico
En
relación con la fauna, la tradición purhepecha
menciona que los diferentes dioses se manifestaban en formas
de animales. El águila, la tuza, la serpiente, la comadreja,
el venado y el pato, entre otros, fueron animales que tuvieron
una participación medular en la cosmovisión purhepecha.
La vegetación es abundante: hay pino, oyamel, encino, cedro, flores silvestres.
Dentro de la fauna está el coyote, cacomixtle, tlacuache, venado, ardilla, conejo, etc. |
| Servicios
públicos (luz, agua, escuelas, hospitales, etcétera) |
El
área p'urhé puede considerarse como relativamente
bien dotada de vías de comunicación. Desde la
década de los treinta funciona la carretera federal México-Morelia-Guadalajara
y la estatal que une Carapan-Cherán-Paracho con Uruapan.
Posteriormente se construyó la carretera Uruapan-Melchor
Ocampo, hoy Lázaro Cárdenas, en la costa del Pacífico.
Actualmente la mayoría de las localidades p'urhé
están unidas por carreteras, caminos revestidos y brechas,
a excepción del municipio de Charapan, cuyo acceso es
deficiente. La población se transporta por estas vías
a través de un diversificado sistema de autobuses, combis
y taxis. También existen 170 km de vías férreas,
en donde destaca la línea México-Apatzingán.
En
cuanto a aeropistas, tienen servicio permanente las de Uruapan,
Los Reyes, Pátzcuaro, Zamora y Zacapu.
Con
respecto a los servicios de salud, las poblaciones medianas
y pequeñas del área cuentan generalmente con clínicas
de la Secretaría de Salud o unidades médicas rurales
del IMSS-Solidaridad.
La salud es considerada por los purhépechas como un resultado
de la armonía con la naturaleza y del cumplimiento de
las normas comunitarias y familiares.
En
relación con la medicina tradicional encontramos diversas
especialidades entre los terapeutas, la mayoría de los
cuales son mujeres mayores de 55 años y entre quienes
encontramos: curanderos (tsinájpir, xurhríjki,
eshperi), parteras (pikurpiri), sobadoras (parhíjpiri),
brujos (sïkuame), hueseros (sesi atsintani unicha, juturuntani
unï), hierberas (uitsákua mítiasti, uitákua
jamantspini) y finalmente los mollereros (ukata).
Las
principales causas de demanda de atención de la población
en materia de salud son: larinofaringitis, gastroenteritis y
padecimientos osteomusculares.
No
tienen servicio de agua potable, consumen el agua de los manantiales,
no tienen servicio de luz eléctica, hay muy pocos hospitales
regionales que no cuentan con todos los medicamentos necesarios.
Las escuelas son primaria, no hay jardines de niños ni
secundaria.
Sólo algunas comunidades indígenas cuentan con los servicios básicos de agua, luz y drenaje; para servicios de salud y educación se tienen que trasladar a lugares cercanos, pero más grandes.
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Características
económicas
(productos) |
La
población purhepecha permanece en comunidades rurales
que poseen un determinado territorio, cuya forma de propiedad
es principalmente la de comunidad agraria, aunque también
existen poblaciones indígenas ¾rasgo típico
del área lacustre¾ en las que su territorio es
ejidal. En uno y otro caso, hay una economía agrícola
de la que derivan actividades suplementarias de ingreso.
La agricultura constituye la principal actividad económica
de 91% de los ejidos y comunidades agrarias existentes en la
región; sin embargo, otras actividades también
son relevantes y forman parte de una economía diversificada
en un gran número de núcleos agrarios. Tal es
el caso de la ganadería, la cual es practicada en 280
ejidos y comunidades, aunque sólo en tres de ellos constituye
la actividad principal. En 135 ejidos y comunidades agrarias
también efectúan la explotación forestal,
y en 13 de ellos es la actividad predominante. En relación
directa con el aprovechamiento del bosque se encuentra la recolección
de resina, que se efectúa en 80 núcleos agrarios.
Además, en 25 ejidos y comunidades se practica la minería,
sobre todo la extracción de materiales para construcción;
y en 23 comunidades agrarias y 5 ejidos la manufactura de productos
artesanales constituye una importante actividad económica.
Otras actividades, como la acuacultura en el área lacustre,
la industria (asociada a los aprovechamientos forestales o al
desarrollo de la artesanía, como es el caso de la fabricación
de guitarras en Paracho) y el turismo, también son llevadas
a cabo en una pequeña proporción de ejidos y comunidades,
aunque representan un gran potencial de desarrollo para la región.
Su alimentación está basada en maíz, frijol y pescado, sobre todo las comunidades que viven alrededor del lago de Pátzcuaro.
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| Conocimientos
empíricos (herbolaria) |
La información sobre las virtudes y el uso de las plantas ha pasado por tradición de padres a hijos y no existe persona que ignore lo relativo a la herbolaria.
Acostumbran
utilizar algunas plantas medicinales como el romero, la ruda
para problemas estomacales; el alpiste para la presión.
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| Mitos
y/o leyendas |
Leyenda
purépecha
La balsa de caimanes
Cuando el príncipe purépecha Tacamba desapareció
en brazos de la princesa Inchátiro en los bosques de
Uruapan, arrebatado por una pasión incontenible y abandonando
los derechos al trono de sus mayores, los indios de aquellos
dominios proclamaron reina a su hermana la princesa Ireri, que
era inmune al amor y desdeñaba a todos sus pretendientes.
El pánsperata, que así se dice amor en tarasco,
traía revuelta a la región, los súbditos
de Tacámbaro aspiraban a tener en aquel reino como soberana
a una mujer honrada que resistiera a las tentaciones mundanas.
Por eso se fijaron en Ireri, porque aquella princesa que residía
entonces en Chupio, había resistido pruebas de incorruptibilidad
y era ya famoso el desdén que se dibujaba en su rostro
siempre que la acosaban con pretensiones amorosas. Entre esos
desdeñados estaba el guerrero Pámp/peti señor
de Guapácaro, locamente enamorado de ella. Más
a pesar de los desprecios de la doncella altiva, el bravo Pámp/peti
no desistía de sus propósitos, y esto traía
intranquilos a los vasallos de la reina Ireri, que pretendían
a toda costa conservarla alejada de toda unión amorosa,
a fin de que se consagrara al gobierno del reino, bastante agitado.
La mujer era hermosa, y tanto por eso como por su fama de castidad,
cuando los conquistadores españoles llegaron a Tacámbaro,
quisieron conocerla, y el mismo capitán conquistador
Cristóbal de Oñate, fue a visitarla a su residencia
de Chupio, trabando con ella conversación e invitándola
a que se convirtiese al cristianismo. Dio un plazo de tres días
para que resolviera y quedó en volver a visitarla para
conocer lo que hubiese pensado.
Pámpzpeti, el terrible enamorado, estaba oculto en un
bosque inmediato y escuchó la conversación de
la hermosa reina y del conquistador, decidiendo oponerse a aquellas
maniobras catequistas.
Como lo había ofrecido, Oñate volvió a
caballo al domicilio de Ireri, insistiendo en sus proposiciones,
obteniendo como respuesta aquel gesto desdeñoso tan peculiar
en el rostro de la joven soberana. Irritado por ello, Cristóbal
de Oñate, planeó raptársela un día
que ella saliera por los caminos, llegada esa ocasión,
el capitán hispano, que iba a caballo, se inclinó
hábilmente y le tendió sus forzudos brazos, tratando
de izarla y llevársela en ancas: pero el pretendiente
de Ireri, el guerrero Pámpzpeti, que estaba en acecho
con gente oculta, dio una señal y se oyó un griterio
impotente. En el combate salió herido Cristóbal
de Oñate y se desbandaron sus pocos acompañantes,
llevando al capitán a que se curara.
Sabedor de lo ocurrido, y para apaciguar los ánimos de
unos y de otros, intervinó entonces en el asunto Fray
Juan Bautista, misionero franciscano que ambulaba por la comarca
convenciendo dulcemente a los idólatras. Fue el buen
fraile a hacer una visita a Ireri en Chupio, y tanto la impresionó
aquel hombre enflaquecido y pálido con los ojos tristes
y la faz desencajada, hablándola suavemente, humildemente,
que la reina desdeñosa, después de verle y oírle,
clamó sumisa:
- Vamos, Padre; te seguiré a donde quieras: llévame...
Ya había campanas en Tacámbaro; y al otro día
de la visita del fraile repicaban todas con alborozo, anunciando
que la reina Ireri iba a ser bautizada. Pero no contaban con
el galán apasionado, el tremendo Pámpzpeti que
, presentándose súbitamente con la gente, arrebató
a la catecúmena de manos de los misioneros, llevándosela
del templo y huyendo con ella para ocultarla.
Así pasó algún tiempo, entre el desorden
reinante por la conquista y los comentarios que aquel suceso
había despertado. Y ya se iba olvidando el escandaloso
percance, cuando, residiendo en Huetamo el Padre misionero Juan
Bautista, recibió la visita de un indio que suplicaba
fuese a confesar a un moribundo que necesitaba su absolución
en Zirándato. Era de noche, y había que pasar
el río, que estaba muy crecido. No obstante eso, el padre
franciscano accedió, y fue con el indio que le sirvió
de guía.
Iba el religioso con su crucifijo en las manos, musitando oraciones
en la alta noche. Notó que, al pasar el puente, éste
se hundía en el río. Seguidamente embarcó
con el indio en una balsa que le esperaba, negra como la noche,
y que les llevó a la casa del moribundo. Éste
no era otro que el guerrero Pámpzpeti que tenía
a su lado, llorosa y afligida, a la reina Ireri, que presenciaba
su agonía. Trajo el fraile enflaquecido agua del río,
bautizó con una jícara a los neófitos ministros,
los auxilió espiritualmente, dándole la absolución
y consolando a la reina que gemía en la noche desolada.
Volvieron el Padre y el indio acompañante a tomar la
balsa que les esperaba y navegaron en ella hasta donde el misionero
residía, y al abandonar la ribera vieron que la negra
balsa parecía de troncos negruzcos y estaba formada por
lagartos o caimanes que se iban nadando al río separadamente.
Esc.
Sec. Dna. No. 150 Turno Matutino
Nombre del equipo: Los chilangos
Profesora Elizabeth Velázquez Campos
Mintzita
Leyenda Tarasca
Don Antonio Huitziméngari y Caltzóntzin había
dejado en su palacio de Tzintzúntzan, su túnica
blanca y su manto de plumas con los colores reales, para vestir
el traje español. En la reciente fundada Universidad
de Tiripetío (lugar de oro) cursaba los estudios mayores,
después de aprender el castellano que a cambio de la
enseñanza del tarasco, le impartiera el mismo fray Alonso
de la Veracruz. Este fraile agustino, fundador de la primera
Universidad del Continente, estaba maravillado de la inteligencia
del príncipe Huitzinméngari. ¿Quién
hubiera creído capaces a los indios de tener semejante
talento? Pero la verdad es asombrosa. El joven príncipe
se deleitaba leyendo en griego La Ilíada de Homero, y
en latín, los dulces versos de Virgilio....
Frente a la plaza principal de Pátzcuaro existe aún
la casona que construyera Huitziméngari. Como buen cristiano,
traía consigo a su única esposa, la bella Mintzita,
joven princesa que con su hermosura primitiva adornaba y perfumaba
con la frescura de un jarrón del más fino barro
de la comarca, aquella mansión señorial.
Mintzita no estaba acostumbrada a la elegancia europea qaue
comenzaba a brillar en Pázcuaro; por lo mismo cada día
echaba de menos su real casa de Tzintzúntzan; más
el amor que la unía estrechamente con su señor,
la hacía soportar aquella vida entre gente extraña,
que hablaba un idioma para ella desconocido y que sólo
su esposo entendía. ¡ Con qué timidez veía
a su señor montar a caballo y salir acompañado
de sus caballerizos españoles, y con cuánta angustia
esperaba su regreso, temerosa de que aquellos fieros y enormes
venados fueran a matarlo! ¡Con cuánto temor también
se acercaba a aquel Cristo que en el adoratorio del palacio
ocupaba el lugar de Curicaueri, para acercarle el sahumador
donde ardía el copal e implorarle por la vida de su señor!
En la plaza mayor de la antigua Petatzécuaro comenzaron
a aparecer las más encumbradas damas recién llegadas
de España. Cada comitiva que llegaba llenaba de admiración
a Mintzita, que, tras las rejas de los balcones, temblaba al
relincho de los corceles y ante la hermosura de aquellas mujeres
blancas de caballera de oro, y ante los trajes raros y suntuosos.
"¡Nana Cutzia!, exclamaba Mantzita, estas mujeres
cautivarán a mi señor y entonces moriré
de dolor".
Con la llegada de las damas españolas comenzaron los
saros. En todas partes, a las fiestas siempre, de manera cortés
era invitado don Antonio; no sólo por ser poderoso, ya
que para los indios era todavía emperador, sino también
por ser un caso raro que aquel indio tuviera modales perfectamente
europeos e inteligencia cultivada. ¿Qué encanto
tan singular brotaba de los ojos de obsidiana de don Antonio,
que muchas damas se sentían emocionadas ante él?.
Cuando don Antonio compró la primera carretela, empezaron
las serias inquietudes de Mintzita. Con el pretexto de probar
la bondad del carruaje, el encargado de la real aduana y otros
caballeros españoles, comenzaron a frecuentar con más
asiduidad la amistad del príncipe; pero lo que más
inquietaba a Mintzita era la frecuencia con que don Antonio
salía de paseo, no sólo con los caballeros, sino
también con las damas. Entre ellas, hacía gala
de su hermosura doña Blanca de Fuenrara, emparentada
con un oidor e hija de un capitán español, gran
caballero y principal encomendero de la región. Si doña
Blanca hacía gala de su hermosura, más gala hacia
de la amistad del príncipe. La muy avara había
tropezado con un tesoro inapreciable: los ojos soñadores,
ricas acerinas del último Caltzóntzin.
Mintzita, temblaba más que las piedras con que empedraban
sus hermanos las calles de la ciudad, cuando su señor
mandaba enganchar aquella elegante carroza que salía
retumbante por la ancha puerta del palacio señorial.
La servidumbre dio en contarle cómo el señor cortejaba
a las damas, y la preferencia que tenía por doña
Blanca. ¡qué ganas sentía Mintzita de conocerla!
Más era casi imposible que sin saber el castellano y
con la timidez que sentía entre toda aquella gente, se
pudiera presentar en sociedad. Sin embargo, el destino le deparó
una oportunidad.
La servidumbre se agitaba en el palacio de Caltzóntzin.
La suntuosa vajilla de barro policromado, orgullo de los alfareros
de la real Tzintzúntzan, era alistada en el amplio comedor.
Las cocineras indígenas preparaban manjares al estilo
de la tierra, principalmente la espumosa bebida de cacao, a
la que ya comenzaban a ser muy afectos los españoles.
Mintzita corría diligente como rayo luminoso, con su
blanca túnica purépecha y su paño que graciosamente
le caía por las espaldas después de cubrirle la
cabeza. Paño que había sido tejido en el taller
familiar, con la patacua y teñido con chupicua color
azul fino. Todo lo vigilaba la niña, todo lo arreglaba
con el deseo grande de que todo lo encontrara bien su señor;
pero sufriendo intensamente porque sabía que aquella
fiesta, más que para los caballeros españoles,
era para doña Blanca de Fuenrara.
¡Y qué banquete para los paladares españoles
que nunca habían probado tan suculentos manjares! Junto
a los elotes cocidos de brillantes caballeras, lanzaban sabrosos
vapores los tiernos uchepus y las hinchadas corundas querían
romper sus verdes ligaduras.
Cuando se presentaron las damas y caballeros, Mintzita nada
vio sino aquélla que le señalaron como su rival:
doña Blanca de Fuenrara. De ella se le grabaron: los
ojos verdes, la cabellera de oro, la blanquísima tez
y la hermosa cascada de su vestido que, en ondas y pliegues
luminosos, caía graciosamente tras de sus diminutos pies.
"¡Nana Cuerápperi! ¿Por qué
hiciste tan bella a la extranjera? ¿Por qué diste
a sus ojos el color de las olas enfurecidas de mi lago, a sus
cabellos de oro de los tiripus que coronan mis bosques a sus
vestidos el brillante caer de mi Tzaráracua?".
Así gemía Mintzita con amarga desesperación.
Así dejó de ser la alegría del palacio
de Caltzóntzin. Así don Antonio la perdió
por mucho tiempo.
Huyó Mintzita de todo lo que le hacía daño.
Se fue a ocultar su pena a las montañas familiares, en
las islas amigas, lejos de aquellos ruidos y cosas extrañas
que tanto mal le hacían.
Cuando don Antonio supo el lugar donde se ocultaba Mintzita,
le dijeron que ésta había perdido la razón.
En la Isla de Pacanda la habían encontrado hilando y
más hilando, sin importarle la lluvia, frío o
calor; en el tronco de un robusto ucaz había instalado
su rudimentario telar y con la incansable patuca, tejía
y tejía una rara manta, larguísima, que parecía
nunca iba a acabar. Después, cuando el lgo se agitaba
al impulso de la tariata, horas enteras permanecía contemplando
las verdes aguas y, cuando la Madre Luna aparecía radiante
en las regiones de Auàndaro (el cielo), Mintzita exponía
su cuerpo desnudo a las caricias de sus rayos maternales. Pero
Mintzita no estaba loca. Había ido a entregarse a sus
dioses tutelares, a sus bosques familiares, a la soledad de
sus islas para pedirles que trocaran su cuerpo y lo hicieran
semejante al de la Hija del Sol que le robara el amor de su
señor.
Don Antonio llegó a la Pacanda en rápida canoa
y entre el bosque comenzó a buscar a Mintzita cuando
Scharacua (la que aparece, la luna) prendía su antorcha
de marfil.
En la cumbre de un tempo piramidal enmarcado en la negrura del
bosque y lleno de luz cenital, don Antonio vio a Mintzita erguida,
cual si lo estuviera esperando. El príncipe quedó
pasmado de su belleza. Nunca la había visto tan hermosa.
Había ceñido a su cintura una vestidura, rara,
cuyos pliegues se multiplicaban alrededor de su cuerpo, formando
a sus espaldas enorme abanico, donde caía para anidarse
la cascada de sus trenzas. Por la cabeza y los hombros, el rebozo
pintado con el azul de los cielos y rayos de la luna.
Don Antonio no pudo más. Sintiéndose esclavo de
aquella beldad que lo contemplaba con amor desde la casa de
los dioses, subió las gradas con el arranque violento
de la tariata que encrespa las olas, y casi de rodillas le dice:
" ¡Guari (señora), ¿por qué
abandonaste la morada donde tu siervo se muere de tristeza?
¿Por qué me llenaste el alma de sobresalto con
tu pérdida? Vuelve a nuestra casa como su dueña,
como la poseedora de mi amor !".
- Don Antonio, señor mío, he visto a tu alma abandonar
la mía y sola he vivido, como en las regiones de Auándaro
está sola la Madre Luna. A ella he venido a pedirle que
me dé la blancura del cuerpo de aquella mujer; a nuestro
Padre el Sol le he pedido que ponga en mi cabello el oro de
sus rayos, como los tiene aquella mujer, y a la bella Hapunda
(la laguna), el verde de sus olas enojadas para que mis ojos
sean también como los de aquella mujer. Mira mis ropas,
yo misma las he tejido para hacerlas iguales a las que se pone
ella, y con la chupicua he teñido mi rebozo donde la
Madre Luna puso sus blancos rayos. Mírame, don Antonio,
ve si me parezco a ella y si puedes ya quererme.
El príncipe la contempló largo rato, admirado
de que Mintzita, por querer semejarse a Doña Blanca,
había refinado su belleza, dándole tal vestidura.
Pensó en que nunca encontraría quien le diera
prueba semejante de amor y, enternecido, la invitó a
volver al palacio.
Grande fue el sombro de los españoles cuando Mintzita
fue presentada en sociedad como la esposa legítima de
Caltzóntzin, porque nadie se esperab verla ataviada con
un traje tan singular. Pronto por todo el reino tarasco se engalanaron
las mujeres de los principales caciques con la vestimenta creada
por Mintzita y las mismas damas castellanas comenzaron a ostentarla
en sus mascaradas. Las indias, que llamaban a Mintzita "Guari"
(señora), término respetuoso que correspondía
al de reina. Pronto hicieron de este traje su mejor gala.
Así surgío el traje característico de las
mujeres de Michoacán.
Saludos
desde Distrito Federal sus amigos Chilangos
Profesora Elizabeth Velázquez
Profesora Hilda Ruiz (Red Escolar). |
| Características
políticas |
En
primer lugar debe mencionarse a las propias comunidades indígenas
por sus funciones políticas de intermediación.
Hoy, no por casualidad, se les reclama como un cuarto nivel
de gobierno, exigencia que coincide con su estructuración
de comunidad agraria corporativa, esto es, con una cierta autoridad
y un comportamiento social que refuerza tal autoridad y da efecto
a los intereses del grupo hacia el exterior (cfr. Warman, 1985;
Vázquez, 1990 y 1992). Dicha autoridad ¾el denominado
justamente “representante de bienes comunales”,
pero que jurídicamente debería ser “presidente
del comisariado”¾ es la que hace las veces de mediador
institucional con el exterior, en especial con dominios más
amplios de poder: los municipales, los estatales y los centrales.
Derivadas de las acciones gubernamentales, es común encontrar
organizaciones locales de producción, tales como las
sociedades de solidaridad social, grupos de costureras, agrupaciones
de artesanos. En cada comunidad existen tres, cuatro y más
de estas organizaciones, que en su mayoría han sido propiciadas
por la administración de programas y subsidios de las
dependencias gubernamentales; por lo tanto, dependen de factores
contingentes, no siempre de alcance comunal, cuya continuidad
se mide según los montos y la duración de los
recursos públicos que obtengan. Ello implica que su éxito
no está garantizado por su propio desempeño, sino
por coyunturas políticas, por los ciclos sexenales o
menores de los gobiernos central, estatal y municipal.
Mención especial merecen las organizaciones con objetivos
productivos. En general, todas ellas han dependido del gasto
público para su constitución, para el desarrollo
de proyectos específicos y para sostener su funcionamiento.
Estas organizaciones tienden a declararse apartidistas. No necesariamente
son de corte étnico, agrupando, algunas de ellas, a campesinos
mestizos. Éste sería el caso de la organización
para la administración de los Fondos Regionales. Hoy
en día la estructura organizada más activa e importante
de la región es la de los Fondos Regionales de la Meseta
Purhepecha y, en menor medida, la de los Fondos Regionales de
la Región de Pátzcuaro. Ambas organizaciones surgieron
a instancias del Instituto Nacional Indigenista (INI) con la
idea de dirigir los recursos a una organización donde
exclusivamente participaran las autoridades indígenas
elegidas por sus comunidades. Las organizaciones de Fondos Regionales
han ganado notoria aceptación entre las comunidades y
un fuerte grado de autonomía para decidir sobre la asignación
de los recursos públicos. Este espacio organizativo se
define como apartidista, pero en él participan una gran
variedad de corrientes políticas de la región.
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| Artesanías |
Las
creaciones de la región de Pázcuaro son muy apreciadas
internacionalmente. Destacan, entre otras, las lacas con oro
de 24 kilates incrustado en la madera, las lacas imitación
de oro, los muebles coloniales de parota, los muebles grabados
de pino, los trabajos de orfebrería, la forja de hierro,
los tejidos, las telas, bordados y cerámica. |
| Otros
datos interesantes |
Vivienda
Las viviendas tradicionales pueden ser de adobe o de madera.
Las casas de adobe se construyen en las regiones del Lago y
la Cañada y hacia Los Reyes y Tingüindín,
mientras que las de madera se hacen fundamentalmente en la sierra,
aunque cada vez más se sustituyen ambas por construcciones
con materiales modernos: tabique, tabicón, techo colado,
láminas de asbesto, cartón o zinc.
La
construcción generalmente es de planta cuadrada, con
techo de cuatro aguas, tapanco y puertas de golpe. Además
de habitación, la vivienda es utilizada como taller artesanal
y bodega de productos agrícolas. Al construirse una casa
nueva, se ponen anillos y aretes usados en las cuatro esquinas
de las habitaciones. Al terminar la construcción, se
sacrifica un chivo y se cuelga de las vigas que forman el triángulo
principal de la casa. Por fuera se coloca una cruz.
La
vivienda p'urhé incluye uno o dos conjuntos de casas
en la mayoría de los casos para albergar al hijo mayor,
una vez casado. Generalmente la cocina se construye aparte.
También tienen un pequeño huerto familiar donde
se mantienen animales domésticos, se siembran verduras,
árboles frutales y plantas medicinales.
Los
grupos de Purhepechas están considerados como uno de
los pobladores más antiguos de la región y desde
su aparición en las tierras de Michoacán, aman,
cultivan y utilizan las flores en las diversas actividades de
su vida cívica y religiosa.
Dentro de las ceremonias y rituales religiosos utilizaron la
flor; Tiringuini Tzintziaui “cempasuchitl” para
reverenciar a los difuntos y la Tzitziaqui Itzimakua (orquídeas),
para sus dioses, cuyos altares adoraban profusamente, costumbre
adoptada por el cristianismo por sus sentido poético.
Cultivaron asimismo la Charanecua (dalia) que viajó por
todo el viejo mundo y ahora es la flor simbólica de México.
Las flores son inspiración y gozo que se canta en las
pirekuas como Izitziki Canela (Flor de Canela), Tzitziki Changunga
(Flor de Changunga), son cantos en los que se compara a la mujer
con las flores por su delicadeza, finura y exquisitez.
Ferias
y fiestas
El 6 de enero hay pastorelas que recorren las poblaciones tocando
de puerta en puerta; destaca la singular fiesta de Erongarícuaro,
cerca de Pátzcuaro; el 17 de enero, festividad en honor
de San Antonio Abad, en la que todos los animales domésticos
son engalanados con guirnaldas y otras flores, moños
de colores y curiosos atuendos, para llevarlos al templo a recibir
la bendición; del 24 al 27 de enero, en la isla La Pacanda,
celebraciones en honor de Nuestra Señora de la Paz, patrona
del lugar, con la danza de los Moros, bandas de música,
fuegos artificiales y vendimias; carnaval cuando toritos de
petate engalanados recorren las calles acompañados de
música, maringuías (hombres vestidos de mujer),
apaches, toreros y caporales; 19 de marzo fiesta de Huecorio
en honor de San José Obrero, santo patrono de la localidad,
con alboradas, procesiones, música, danza y cohetes;
Miércoles Santo salida de los espías, que son
ocho encapuchados, cuatro jinetes y cuatro infantes, que recorren
la ciudad haciendo una interpretación bíblica
de la Muerte del Nazareno; además, representaciones populares
La Subida al gólgota, Las Tres Caídas, El Desprendimiento,
La Procesión del Silencio, La Procesión de los
Santos Cristos, La Procesión del Cristo de la Tercera
Orden, y exposición de flores de primavera en la biblioteca
infantil. El 3 de mayo, fiesta religiosa en el barrio de la
Cruz Verde, con paseo de la siembra y yuntas engalanadas con
flores naturales y panes, y danzas que imploran el buen tiempo
para la siembra; en junio, la festividad movible de Hábeas
Christi; el 29 de septiembre celebraciones en el barrio de San
Miguel Arcángel, patrono del lugar: 1º de noviembre,
en la región del Lago de Pátzcuaro, celebración
de la Noche de Muertos, una de las ceremonias pagano-religiosas
que han tenido eco nacional e internacionalmente y que inician
desde el 21 de octubre, con eventos artístico –culturales
en la Basílica de Pátzcuaro y en las Yácatas
de Izintzuntzan, así como la feria artesanal de Pátzcuaro,
celebraciones anteriores a la Velación de Muertos, en
Janitzio, Ihuatzio, Tzurumútaro, Tzintzuntzan, Huecorio,
y Jarácuaro; el 8 de noviembre desfile de Mojigangas,
gigantescas figuras de cartón con personas que van adentro,
bailando al compás de sones abajeños y que anuncian,
cada semana, las fiestas de la Virgen de la Salud; del 5 al
9 de diciembre Feria Anual Artesanal y Agrícola, en honor
de la Virgen de la salud.
Cocina
La más representativa es el “platillo de pescado
blanco”, que se prepara al mojo de ajo, capeado o al natural;
está, también, el caldo michi, las truchas en
escabeche, el churipo, las carnitas, la sopa tarasca, las corundas,
los tamales de ceniza, el pozole, los buñuelos, los charales,
los uchepos y el pozole batido.


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Nota:
Si algún equipo participante puede incluir la ficha de registro
en alguna lengua indígena, ésta se publicará
en las dos versiones.
Clave
y nombre de la escuela: 09SGM00069 Secundaria Dna. No. 150, Ángel
Salas Bonilla
Profesor responsable del aula de medios: Hilda Ruiz Bedolla
Profesor responsable del grupo: Elizabeth Velázquez Campos
Grupo: 1º. “A”
Nombre del equipo: Los chilangos D.F.
Correo electrónico: hildarb29@yahoo.com.mx
Investigación
de campo al Lago de Pátzcuaro.
Enciclopedia Encarta 99
www.patzcuaro.free.fr/html/history/mex/histor01.htm
www.207.248.180.194/bibdf/ini/perfiles/purhepecha/
RESUMEN%20PERFIL%20PUREPECHA.htm
www.arts-history.mx/cronos/taras2.html
www,j.orellana.free.fr/textos/purepechas.htm
www.ini.gob.mx/monografias/b_purepechas.htm
www.azteca.net/aztec/prehisp/purepec2sp.html
www.ccu.umich.mx/mich/cultura/
noche-muertos/pagina-7.html
Otoño 2002
Esc. Prim. Gildardo Magaña, 16POM00812
Grado y Grupo: 5° A, Turno Matutino
Maestra Responsable: Lourdes Rubio González.
Responsable de aula de medios: Janet Piñón Maldonado
Otoño 2003
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