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Nombre del grupo étnico

Purépechas

Este pueblo indígena de las regiones lacustre y montañosa del centro de Michoacán, se llama a sí mismo p'urhépecha, y cada uno de sus integrantes es un p'urhé o p'uré, que significa gente o persona; esto implica una autoafirmación como seres humanos y pueblo en general. Desde la Conquista y hasta hace unos cuantos años, este pueblo era conocido como tarasco; sin embargo, esta denominación es externa y les fue impuesta por los conquistadores.

Localización
El actual área p'urhé, se extiende a lo largo de 6, 000 km cuadrados, de los 60, 000 que tiene el estado de Michoacán, en la región norcentral de la entidad. Esta área se ubica entre los 1, 600 y 2, 600 msnm y se le denomina P'orhépecheo o Purhépecherhu, que significa "lugar donde viven los p'urhé".
El área se ha subdividido tradicionalmente en cuatro regiones: Japóndarhu (lugar del lago), Eráxamani (Cañada de los once pueblos), Juátarisi (Meseta), la ciénega de Zacapu y antiguamente se agregaba otra región: Jurhío (lugar de la tierra caliente).

La población p'urhépecha se concentra sobre todo en 22 municipios: Coeneo, Charapan, Cherán, Chilchota, Erongarícuaro, Los Reyes, Nahuatzen, Nuevo Parangaricutiro, Paracho, Pátzcuaro, Periban, Quiroga, Tancítaro, Tangamandapio, Tangancícuaro, Tingambato, Tinguindín, Tocumbo, Tzintzuntzan, Uruapan, Zacapu y Ziracuaretiro; sin embargo, los hablantes de la lengua p'urhé se distribuyen en 95 de los 113 municipios. Las localidades indígenas se caracterizan por tener un asentamiento de tipo compacto; hay municipios y poblados que tienen anexos, esto es, localidades periféricas con unas cuantas viviendas, por lo que en tal caso, se puede hablar de asentamientos mixtos. La población mestiza vive sobre todo en los centros urbanos que rodean el área.

Número de habitantes
En la Ciénaga de Zacapu las localidades están concentradas en el límite municipal de Zacapu y de Coeneo. La gran atracción de la ciudad de Zacapu se refleja en el alto porcentaje de la población regional que habita en ella; el resto de esta población vive en su mayoría en asentamientos de 500 a 2, 500 habitantes, con tan sólo dos pueblos (Tiríndaro y Naranja de Tapia, a excepción de las cabeceras municipales) mayores de 2 500 habitantes y donde menos de 10% habita en localidades de población dispersa.

La región de la Cañada de los Once Pueblos, representada por el municipio de Chilchota, cuenta con pocos asentamientos, la mayoría de ellos ubicados alrededor de la carretera. En el municipio de Chilchota existen varios pueblos de tamaño medio (sólo dos mayores de 2 500 habitantes: Carapan e Ichán) hacia el este del municipio, y pequeñas ciudades en el oeste; éstas últimas más integradas a los poblados de Tangancícuaro.

La Meseta Purhepecha se caracteriza por tener menos localidades, pero mayores de 1, 000 habitantes: 9 de ellas con más de 3, 000 habitantes en 1995 (Paracho, Cherán, Nahuatzen, Tingambato, Pichátaro, Charapan, Ocumicho, Comachuén y Nurío). El norte de la región se puede considerar la zona más heterogénea. Las poblaciones de Tangamandapio y Tangancícuaro son un conjunto de localidades de tamaño medio (más de 1, 000 habitantes, entre las cuales se encuentra Tarecuato y Patamban), mientras que las del sur (con pocas localidades en el centro) son más pequeñas y aisladas. En Tangamandapio se observa una clara integración con los poblados de Tinguindín, que en general son de menor tamaño.

Al poniente están los municipios de Los Reyes, Peribán y Tancítaro, donde se aprecian tres núcleos de poblados de diferente tamaño, aunque todos ellos comparten un patrón de distribución disperso. Al este de Los Reyes hay un conjunto pequeño de localidades de tamaño medio y relativamente aisladas. Al sur de Los Reyes y al norte de Peribán hay un segundo conjunto de varias poblaciones, que incluyen ciudades de tamaño medio. En el suroeste de la región purhepecha están las localidades de Tancítaro, las cuales en su mayoría tienen menos de 500 habitantes. Finalmente, en los municipios del sur, como Nuevo Parangaricutiro (excepto la cabecera municipal con más de 11, 000 habitantes), se integran poblados pequeños y medianos cercanos a Ziracuaretiro; al norte del municipio de Uruapan existe un conjunto poco numeroso de localidades de tamaño medio (mayores de 1, 500 habitantes) relativamente distantes unas de otras y aparentemente más integradas a las localidades serranas.
Lengua
El idioma p'urhé no tiene parentesco lingüístico cercano con ninguna de las lenguas originales que se hablan en México. Se reconocen tres variantes dialectales: la de la región lacustre, central y serrana.

En el registro de los censos se puede apreciar la sensible disminución de los hablantes de la lengua p'urhé a lo largo del tiempo; sin embargo, a partir de 1980 ha dado inicio un movimiento de apoyo a través de la Academia de la lengua purhé y el trabajo del Centro de Investigaciones de la Cultura p'urhépecha, para el fortalecimiento de esta lengua con el establecimiento de su abecedario.

Tipo de vestimenta

MUJER. El traje de la mujer consiste en una falda "sabalina", la cual sujetan con un ceñidor y dejan sobresalir 20 cm de tela para formar el famoso "rollo" de las tarascas. El traje consiste en una falda negra, de pañete, con enaguas blancas de manta. Portan dos ceñidores; el primero sostiene la falda, el otro sirve de adorno. La camisa se usa plegada sobre el pecho y la espalda, con una jareta a lo largo del escote; va bordada sobre los hombros y alrededor del escote, con figuras de flores, perros y otros animales. Los delantales son de cretona, en cuadros de colores. El peinado consiste en dos trenzas y llevan aretes de diversas formas.

HOMBRE. Su traje consiste en una faja tejida a mano, sobre un traje de manta, y un sombrero de petate o de tubo de trigo, para uso diario.

Las mujeres usan rebozos obscuros, rayados; sus blusas son bordadas con diseños de punto de cruz y colores muy vistosos; sus delantales de percal, así como muchos metros de lana azul o negra alrededor de la cintura a manera de falda.

Los hombres usan camisa y calzón de manta. Ambos usan guaraches como calzado.

Características físicas (clima, hidrografía, relieve, flora y
Fauna)

Esta área se distingue por la presencia de lagos, ciénagas, sierras, llanos intermontanos y volcanes aislados. Allí se encuentra la principal elevación del estado, el volcán Tancítaro (3 840 msnm), y los cerros Patamban, El Tecolote, El Zirate, El Frijol, La Virgen y El Capén, además del famoso volcán Paricutín, que hizo erupción en 1943.

Debido a estas características, más del 80% de la superficie presenta climas templados y semifríos, con precipitaciones entre los 1, 000 y 1, 200 mm cúbicos por año. Los lagos de Pátzcuaro y Zirahuén constituyen otro importante elemento que contribuye a la diversidad del paisaje regional; sus áreas de captación son cuencas cerradas, que comprenden casi la totalidad de los municipios de Pátzcuaro, Erongarícuaro, Quiroga y Tzintzuntzan y parte de Salvador Escalante, Tingambato y Nahuatzen.

El conocimiento ecológico indígena está restringido, por lo regular, a los ambientes inmediatos y resulta de un proceso de acumulación de experiencias tanto a través del tiempo histórico como del espacio social. Estos tres rasgos principales del conocimiento ecológico indígena (el ser local, diacrónico y colectivo) se complementan con una cuarta característica, a saber, su carácter holístico

En relación con la fauna, la tradición purhepecha menciona que los diferentes dioses se manifestaban en formas de animales. El águila, la tuza, la serpiente, la comadreja, el venado y el pato, entre otros, fueron animales que tuvieron una participación medular en la cosmovisión purhepecha.

La vegetación es abundante: hay pino, oyamel, encino, cedro, flores silvestres.

Dentro de la fauna está el coyote, cacomixtle, tlacuache, venado, ardilla, conejo, etc.

Servicios públicos (luz, agua, escuelas, hospitales, etcétera)
El área p'urhé puede considerarse como relativamente bien dotada de vías de comunicación. Desde la década de los treinta funciona la carretera federal México-Morelia-Guadalajara y la estatal que une Carapan-Cherán-Paracho con Uruapan. Posteriormente se construyó la carretera Uruapan-Melchor Ocampo, hoy Lázaro Cárdenas, en la costa del Pacífico. Actualmente la mayoría de las localidades p'urhé están unidas por carreteras, caminos revestidos y brechas, a excepción del municipio de Charapan, cuyo acceso es deficiente. La población se transporta por estas vías a través de un diversificado sistema de autobuses, combis y taxis. También existen 170 km de vías férreas, en donde destaca la línea México-Apatzingán.

En cuanto a aeropistas, tienen servicio permanente las de Uruapan, Los Reyes, Pátzcuaro, Zamora y Zacapu.

Con respecto a los servicios de salud, las poblaciones medianas y pequeñas del área cuentan generalmente con clínicas de la Secretaría de Salud o unidades médicas rurales del IMSS-Solidaridad.
La salud es considerada por los purhépechas como un resultado de la armonía con la naturaleza y del cumplimiento de las normas comunitarias y familiares.

En relación con la medicina tradicional encontramos diversas especialidades entre los terapeutas, la mayoría de los cuales son mujeres mayores de 55 años y entre quienes encontramos: curanderos (tsinájpir, xurhríjki, eshperi), parteras (pikurpiri), sobadoras (parhíjpiri), brujos (sïkuame), hueseros (sesi atsintani unicha, juturuntani unï), hierberas (uitsákua mítiasti, uitákua jamantspini) y finalmente los mollereros (ukata).

Las principales causas de demanda de atención de la población en materia de salud son: larinofaringitis, gastroenteritis y padecimientos osteomusculares.

No tienen servicio de agua potable, consumen el agua de los manantiales, no tienen servicio de luz eléctica, hay muy pocos hospitales regionales que no cuentan con todos los medicamentos necesarios. Las escuelas son primaria, no hay jardines de niños ni secundaria.

Sólo algunas comunidades indígenas cuentan con los servicios básicos de agua, luz y drenaje; para servicios de salud y educación se tienen que trasladar a lugares cercanos, pero más grandes.

Características económicas
(productos)

La población purhepecha permanece en comunidades rurales que poseen un determinado territorio, cuya forma de propiedad es principalmente la de comunidad agraria, aunque también existen poblaciones indígenas ¾rasgo típico del área lacustre¾ en las que su territorio es ejidal. En uno y otro caso, hay una economía agrícola de la que derivan actividades suplementarias de ingreso.
La agricultura constituye la principal actividad económica de 91% de los ejidos y comunidades agrarias existentes en la región; sin embargo, otras actividades también son relevantes y forman parte de una economía diversificada en un gran número de núcleos agrarios. Tal es el caso de la ganadería, la cual es practicada en 280 ejidos y comunidades, aunque sólo en tres de ellos constituye la actividad principal. En 135 ejidos y comunidades agrarias también efectúan la explotación forestal, y en 13 de ellos es la actividad predominante. En relación directa con el aprovechamiento del bosque se encuentra la recolección de resina, que se efectúa en 80 núcleos agrarios.

Además, en 25 ejidos y comunidades se practica la minería, sobre todo la extracción de materiales para construcción; y en 23 comunidades agrarias y 5 ejidos la manufactura de productos artesanales constituye una importante actividad económica. Otras actividades, como la acuacultura en el área lacustre, la industria (asociada a los aprovechamientos forestales o al desarrollo de la artesanía, como es el caso de la fabricación de guitarras en Paracho) y el turismo, también son llevadas a cabo en una pequeña proporción de ejidos y comunidades, aunque representan un gran potencial de desarrollo para la región.

Su alimentación está basada en maíz, frijol y pescado, sobre todo las comunidades que viven alrededor del lago de Pátzcuaro.

Conocimientos empíricos (herbolaria)

La información sobre las virtudes y el uso de las plantas ha pasado por tradición de padres a hijos y no existe persona que ignore lo relativo a la herbolaria.

Acostumbran utilizar algunas plantas medicinales como el romero, la ruda para problemas estomacales; el alpiste para la presión.

Mitos y/o leyendas
Leyenda purépecha
La balsa de caimanes
Cuando el príncipe purépecha Tacamba desapareció en brazos de la princesa Inchátiro en los bosques de Uruapan, arrebatado por una pasión incontenible y abandonando los derechos al trono de sus mayores, los indios de aquellos dominios proclamaron reina a su hermana la princesa Ireri, que era inmune al amor y desdeñaba a todos sus pretendientes. El pánsperata, que así se dice amor en tarasco, traía revuelta a la región, los súbditos de Tacámbaro aspiraban a tener en aquel reino como soberana a una mujer honrada que resistiera a las tentaciones mundanas. Por eso se fijaron en Ireri, porque aquella princesa que residía entonces en Chupio, había resistido pruebas de incorruptibilidad y era ya famoso el desdén que se dibujaba en su rostro siempre que la acosaban con pretensiones amorosas. Entre esos desdeñados estaba el guerrero Pámp/peti señor de Guapácaro, locamente enamorado de ella. Más a pesar de los desprecios de la doncella altiva, el bravo Pámp/peti no desistía de sus propósitos, y esto traía intranquilos a los vasallos de la reina Ireri, que pretendían a toda costa conservarla alejada de toda unión amorosa, a fin de que se consagrara al gobierno del reino, bastante agitado.
La mujer era hermosa, y tanto por eso como por su fama de castidad, cuando los conquistadores españoles llegaron a Tacámbaro, quisieron conocerla, y el mismo capitán conquistador Cristóbal de Oñate, fue a visitarla a su residencia de Chupio, trabando con ella conversación e invitándola a que se convirtiese al cristianismo. Dio un plazo de tres días para que resolviera y quedó en volver a visitarla para conocer lo que hubiese pensado.
Pámpzpeti, el terrible enamorado, estaba oculto en un bosque inmediato y escuchó la conversación de la hermosa reina y del conquistador, decidiendo oponerse a aquellas maniobras catequistas.
Como lo había ofrecido, Oñate volvió a caballo al domicilio de Ireri, insistiendo en sus proposiciones, obteniendo como respuesta aquel gesto desdeñoso tan peculiar en el rostro de la joven soberana. Irritado por ello, Cristóbal de Oñate, planeó raptársela un día que ella saliera por los caminos, llegada esa ocasión, el capitán hispano, que iba a caballo, se inclinó hábilmente y le tendió sus forzudos brazos, tratando de izarla y llevársela en ancas: pero el pretendiente de Ireri, el guerrero Pámpzpeti, que estaba en acecho con gente oculta, dio una señal y se oyó un griterio impotente. En el combate salió herido Cristóbal de Oñate y se desbandaron sus pocos acompañantes, llevando al capitán a que se curara.
Sabedor de lo ocurrido, y para apaciguar los ánimos de unos y de otros, intervinó entonces en el asunto Fray Juan Bautista, misionero franciscano que ambulaba por la comarca convenciendo dulcemente a los idólatras. Fue el buen fraile a hacer una visita a Ireri en Chupio, y tanto la impresionó aquel hombre enflaquecido y pálido con los ojos tristes y la faz desencajada, hablándola suavemente, humildemente, que la reina desdeñosa, después de verle y oírle, clamó sumisa:
- Vamos, Padre; te seguiré a donde quieras: llévame...
Ya había campanas en Tacámbaro; y al otro día de la visita del fraile repicaban todas con alborozo, anunciando que la reina Ireri iba a ser bautizada. Pero no contaban con el galán apasionado, el tremendo Pámpzpeti que , presentándose súbitamente con la gente, arrebató a la catecúmena de manos de los misioneros, llevándosela del templo y huyendo con ella para ocultarla.
Así pasó algún tiempo, entre el desorden reinante por la conquista y los comentarios que aquel suceso había despertado. Y ya se iba olvidando el escandaloso percance, cuando, residiendo en Huetamo el Padre misionero Juan Bautista, recibió la visita de un indio que suplicaba fuese a confesar a un moribundo que necesitaba su absolución en Zirándato. Era de noche, y había que pasar el río, que estaba muy crecido. No obstante eso, el padre franciscano accedió, y fue con el indio que le sirvió de guía.
Iba el religioso con su crucifijo en las manos, musitando oraciones en la alta noche. Notó que, al pasar el puente, éste se hundía en el río. Seguidamente embarcó con el indio en una balsa que le esperaba, negra como la noche, y que les llevó a la casa del moribundo. Éste no era otro que el guerrero Pámpzpeti que tenía a su lado, llorosa y afligida, a la reina Ireri, que presenciaba su agonía. Trajo el fraile enflaquecido agua del río, bautizó con una jícara a los neófitos ministros, los auxilió espiritualmente, dándole la absolución y consolando a la reina que gemía en la noche desolada.
Volvieron el Padre y el indio acompañante a tomar la balsa que les esperaba y navegaron en ella hasta donde el misionero residía, y al abandonar la ribera vieron que la negra balsa parecía de troncos negruzcos y estaba formada por lagartos o caimanes que se iban nadando al río separadamente.

Esc. Sec. Dna. No. 150 Turno Matutino
Nombre del equipo: Los chilangos
Profesora Elizabeth Velázquez Campos

Mintzita
Leyenda Tarasca
Don Antonio Huitziméngari y Caltzóntzin había dejado en su palacio de Tzintzúntzan, su túnica blanca y su manto de plumas con los colores reales, para vestir el traje español. En la reciente fundada Universidad de Tiripetío (lugar de oro) cursaba los estudios mayores, después de aprender el castellano que a cambio de la enseñanza del tarasco, le impartiera el mismo fray Alonso de la Veracruz. Este fraile agustino, fundador de la primera Universidad del Continente, estaba maravillado de la inteligencia del príncipe Huitzinméngari. ¿Quién hubiera creído capaces a los indios de tener semejante talento? Pero la verdad es asombrosa. El joven príncipe se deleitaba leyendo en griego La Ilíada de Homero, y en latín, los dulces versos de Virgilio....
Frente a la plaza principal de Pátzcuaro existe aún la casona que construyera Huitziméngari. Como buen cristiano, traía consigo a su única esposa, la bella Mintzita, joven princesa que con su hermosura primitiva adornaba y perfumaba con la frescura de un jarrón del más fino barro de la comarca, aquella mansión señorial.
Mintzita no estaba acostumbrada a la elegancia europea qaue comenzaba a brillar en Pázcuaro; por lo mismo cada día echaba de menos su real casa de Tzintzúntzan; más el amor que la unía estrechamente con su señor, la hacía soportar aquella vida entre gente extraña, que hablaba un idioma para ella desconocido y que sólo su esposo entendía. ¡ Con qué timidez veía a su señor montar a caballo y salir acompañado de sus caballerizos españoles, y con cuánta angustia esperaba su regreso, temerosa de que aquellos fieros y enormes venados fueran a matarlo! ¡Con cuánto temor también se acercaba a aquel Cristo que en el adoratorio del palacio ocupaba el lugar de Curicaueri, para acercarle el sahumador donde ardía el copal e implorarle por la vida de su señor!
En la plaza mayor de la antigua Petatzécuaro comenzaron a aparecer las más encumbradas damas recién llegadas de España. Cada comitiva que llegaba llenaba de admiración a Mintzita, que, tras las rejas de los balcones, temblaba al relincho de los corceles y ante la hermosura de aquellas mujeres blancas de caballera de oro, y ante los trajes raros y suntuosos. "¡Nana Cutzia!, exclamaba Mantzita, estas mujeres cautivarán a mi señor y entonces moriré de dolor".
Con la llegada de las damas españolas comenzaron los saros. En todas partes, a las fiestas siempre, de manera cortés era invitado don Antonio; no sólo por ser poderoso, ya que para los indios era todavía emperador, sino también por ser un caso raro que aquel indio tuviera modales perfectamente europeos e inteligencia cultivada. ¿Qué encanto tan singular brotaba de los ojos de obsidiana de don Antonio, que muchas damas se sentían emocionadas ante él?.
Cuando don Antonio compró la primera carretela, empezaron las serias inquietudes de Mintzita. Con el pretexto de probar la bondad del carruaje, el encargado de la real aduana y otros caballeros españoles, comenzaron a frecuentar con más asiduidad la amistad del príncipe; pero lo que más inquietaba a Mintzita era la frecuencia con que don Antonio salía de paseo, no sólo con los caballeros, sino también con las damas. Entre ellas, hacía gala de su hermosura doña Blanca de Fuenrara, emparentada con un oidor e hija de un capitán español, gran caballero y principal encomendero de la región. Si doña Blanca hacía gala de su hermosura, más gala hacia de la amistad del príncipe. La muy avara había tropezado con un tesoro inapreciable: los ojos soñadores, ricas acerinas del último Caltzóntzin.
Mintzita, temblaba más que las piedras con que empedraban sus hermanos las calles de la ciudad, cuando su señor mandaba enganchar aquella elegante carroza que salía retumbante por la ancha puerta del palacio señorial. La servidumbre dio en contarle cómo el señor cortejaba a las damas, y la preferencia que tenía por doña Blanca. ¡qué ganas sentía Mintzita de conocerla! Más era casi imposible que sin saber el castellano y con la timidez que sentía entre toda aquella gente, se pudiera presentar en sociedad. Sin embargo, el destino le deparó una oportunidad.
La servidumbre se agitaba en el palacio de Caltzóntzin. La suntuosa vajilla de barro policromado, orgullo de los alfareros de la real Tzintzúntzan, era alistada en el amplio comedor. Las cocineras indígenas preparaban manjares al estilo de la tierra, principalmente la espumosa bebida de cacao, a la que ya comenzaban a ser muy afectos los españoles. Mintzita corría diligente como rayo luminoso, con su blanca túnica purépecha y su paño que graciosamente le caía por las espaldas después de cubrirle la cabeza. Paño que había sido tejido en el taller familiar, con la patacua y teñido con chupicua color azul fino. Todo lo vigilaba la niña, todo lo arreglaba con el deseo grande de que todo lo encontrara bien su señor; pero sufriendo intensamente porque sabía que aquella fiesta, más que para los caballeros españoles, era para doña Blanca de Fuenrara.
¡Y qué banquete para los paladares españoles que nunca habían probado tan suculentos manjares! Junto a los elotes cocidos de brillantes caballeras, lanzaban sabrosos vapores los tiernos uchepus y las hinchadas corundas querían romper sus verdes ligaduras.
Cuando se presentaron las damas y caballeros, Mintzita nada vio sino aquélla que le señalaron como su rival: doña Blanca de Fuenrara. De ella se le grabaron: los ojos verdes, la cabellera de oro, la blanquísima tez y la hermosa cascada de su vestido que, en ondas y pliegues luminosos, caía graciosamente tras de sus diminutos pies.
"¡Nana Cuerápperi! ¿Por qué hiciste tan bella a la extranjera? ¿Por qué diste a sus ojos el color de las olas enfurecidas de mi lago, a sus cabellos de oro de los tiripus que coronan mis bosques a sus vestidos el brillante caer de mi Tzaráracua?".
Así gemía Mintzita con amarga desesperación. Así dejó de ser la alegría del palacio de Caltzóntzin. Así don Antonio la perdió por mucho tiempo.
Huyó Mintzita de todo lo que le hacía daño. Se fue a ocultar su pena a las montañas familiares, en las islas amigas, lejos de aquellos ruidos y cosas extrañas que tanto mal le hacían.
Cuando don Antonio supo el lugar donde se ocultaba Mintzita, le dijeron que ésta había perdido la razón. En la Isla de Pacanda la habían encontrado hilando y más hilando, sin importarle la lluvia, frío o calor; en el tronco de un robusto ucaz había instalado su rudimentario telar y con la incansable patuca, tejía y tejía una rara manta, larguísima, que parecía nunca iba a acabar. Después, cuando el lgo se agitaba al impulso de la tariata, horas enteras permanecía contemplando las verdes aguas y, cuando la Madre Luna aparecía radiante en las regiones de Auàndaro (el cielo), Mintzita exponía su cuerpo desnudo a las caricias de sus rayos maternales. Pero Mintzita no estaba loca. Había ido a entregarse a sus dioses tutelares, a sus bosques familiares, a la soledad de sus islas para pedirles que trocaran su cuerpo y lo hicieran semejante al de la Hija del Sol que le robara el amor de su señor.
Don Antonio llegó a la Pacanda en rápida canoa y entre el bosque comenzó a buscar a Mintzita cuando Scharacua (la que aparece, la luna) prendía su antorcha de marfil.
En la cumbre de un tempo piramidal enmarcado en la negrura del bosque y lleno de luz cenital, don Antonio vio a Mintzita erguida, cual si lo estuviera esperando. El príncipe quedó pasmado de su belleza. Nunca la había visto tan hermosa. Había ceñido a su cintura una vestidura, rara, cuyos pliegues se multiplicaban alrededor de su cuerpo, formando a sus espaldas enorme abanico, donde caía para anidarse la cascada de sus trenzas. Por la cabeza y los hombros, el rebozo pintado con el azul de los cielos y rayos de la luna.
Don Antonio no pudo más. Sintiéndose esclavo de aquella beldad que lo contemplaba con amor desde la casa de los dioses, subió las gradas con el arranque violento de la tariata que encrespa las olas, y casi de rodillas le dice: " ¡Guari (señora), ¿por qué abandonaste la morada donde tu siervo se muere de tristeza? ¿Por qué me llenaste el alma de sobresalto con tu pérdida? Vuelve a nuestra casa como su dueña, como la poseedora de mi amor !".
- Don Antonio, señor mío, he visto a tu alma abandonar la mía y sola he vivido, como en las regiones de Auándaro está sola la Madre Luna. A ella he venido a pedirle que me dé la blancura del cuerpo de aquella mujer; a nuestro Padre el Sol le he pedido que ponga en mi cabello el oro de sus rayos, como los tiene aquella mujer, y a la bella Hapunda (la laguna), el verde de sus olas enojadas para que mis ojos sean también como los de aquella mujer. Mira mis ropas, yo misma las he tejido para hacerlas iguales a las que se pone ella, y con la chupicua he teñido mi rebozo donde la Madre Luna puso sus blancos rayos. Mírame, don Antonio, ve si me parezco a ella y si puedes ya quererme.
El príncipe la contempló largo rato, admirado de que Mintzita, por querer semejarse a Doña Blanca, había refinado su belleza, dándole tal vestidura. Pensó en que nunca encontraría quien le diera prueba semejante de amor y, enternecido, la invitó a volver al palacio.
Grande fue el sombro de los españoles cuando Mintzita fue presentada en sociedad como la esposa legítima de Caltzóntzin, porque nadie se esperab verla ataviada con un traje tan singular. Pronto por todo el reino tarasco se engalanaron las mujeres de los principales caciques con la vestimenta creada por Mintzita y las mismas damas castellanas comenzaron a ostentarla en sus mascaradas. Las indias, que llamaban a Mintzita "Guari" (señora), término respetuoso que correspondía al de reina. Pronto hicieron de este traje su mejor gala.
Así surgío el traje característico de las mujeres de Michoacán.

Saludos desde Distrito Federal sus amigos Chilangos
Profesora Elizabeth Velázquez
Profesora Hilda Ruiz (Red Escolar).

Características políticas

En primer lugar debe mencionarse a las propias comunidades indígenas por sus funciones políticas de intermediación. Hoy, no por casualidad, se les reclama como un cuarto nivel de gobierno, exigencia que coincide con su estructuración de comunidad agraria corporativa, esto es, con una cierta autoridad y un comportamiento social que refuerza tal autoridad y da efecto a los intereses del grupo hacia el exterior (cfr. Warman, 1985; Vázquez, 1990 y 1992). Dicha autoridad ¾el denominado justamente “representante de bienes comunales”, pero que jurídicamente debería ser “presidente del comisariado”¾ es la que hace las veces de mediador institucional con el exterior, en especial con dominios más amplios de poder: los municipales, los estatales y los centrales.

Derivadas de las acciones gubernamentales, es común encontrar organizaciones locales de producción, tales como las sociedades de solidaridad social, grupos de costureras, agrupaciones de artesanos. En cada comunidad existen tres, cuatro y más de estas organizaciones, que en su mayoría han sido propiciadas por la administración de programas y subsidios de las dependencias gubernamentales; por lo tanto, dependen de factores contingentes, no siempre de alcance comunal, cuya continuidad se mide según los montos y la duración de los recursos públicos que obtengan. Ello implica que su éxito no está garantizado por su propio desempeño, sino por coyunturas políticas, por los ciclos sexenales o menores de los gobiernos central, estatal y municipal.

Mención especial merecen las organizaciones con objetivos productivos. En general, todas ellas han dependido del gasto público para su constitución, para el desarrollo de proyectos específicos y para sostener su funcionamiento. Estas organizaciones tienden a declararse apartidistas. No necesariamente son de corte étnico, agrupando, algunas de ellas, a campesinos mestizos. Éste sería el caso de la organización para la administración de los Fondos Regionales. Hoy en día la estructura organizada más activa e importante de la región es la de los Fondos Regionales de la Meseta Purhepecha y, en menor medida, la de los Fondos Regionales de la Región de Pátzcuaro. Ambas organizaciones surgieron a instancias del Instituto Nacional Indigenista (INI) con la idea de dirigir los recursos a una organización donde exclusivamente participaran las autoridades indígenas elegidas por sus comunidades. Las organizaciones de Fondos Regionales han ganado notoria aceptación entre las comunidades y un fuerte grado de autonomía para decidir sobre la asignación de los recursos públicos. Este espacio organizativo se define como apartidista, pero en él participan una gran variedad de corrientes políticas de la región.

Artesanías

Las creaciones de la región de Pázcuaro son muy apreciadas internacionalmente. Destacan, entre otras, las lacas con oro de 24 kilates incrustado en la madera, las lacas imitación de oro, los muebles coloniales de parota, los muebles grabados de pino, los trabajos de orfebrería, la forja de hierro, los tejidos, las telas, bordados y cerámica.

Otros datos interesantes
Vivienda
Las viviendas tradicionales pueden ser de adobe o de madera. Las casas de adobe se construyen en las regiones del Lago y la Cañada y hacia Los Reyes y Tingüindín, mientras que las de madera se hacen fundamentalmente en la sierra, aunque cada vez más se sustituyen ambas por construcciones con materiales modernos: tabique, tabicón, techo colado, láminas de asbesto, cartón o zinc.

La construcción generalmente es de planta cuadrada, con techo de cuatro aguas, tapanco y puertas de golpe. Además de habitación, la vivienda es utilizada como taller artesanal y bodega de productos agrícolas. Al construirse una casa nueva, se ponen anillos y aretes usados en las cuatro esquinas de las habitaciones. Al terminar la construcción, se sacrifica un chivo y se cuelga de las vigas que forman el triángulo principal de la casa. Por fuera se coloca una cruz.

La vivienda p'urhé incluye uno o dos conjuntos de casas en la mayoría de los casos para albergar al hijo mayor, una vez casado. Generalmente la cocina se construye aparte. También tienen un pequeño huerto familiar donde se mantienen animales domésticos, se siembran verduras, árboles frutales y plantas medicinales.

Los grupos de Purhepechas están considerados como uno de los pobladores más antiguos de la región y desde su aparición en las tierras de Michoacán, aman, cultivan y utilizan las flores en las diversas actividades de su vida cívica y religiosa.
Dentro de las ceremonias y rituales religiosos utilizaron la flor; Tiringuini Tzintziaui “cempasuchitl” para reverenciar a los difuntos y la Tzitziaqui Itzimakua (orquídeas), para sus dioses, cuyos altares adoraban profusamente, costumbre adoptada por el cristianismo por sus sentido poético.
Cultivaron asimismo la Charanecua (dalia) que viajó por todo el viejo mundo y ahora es la flor simbólica de México. Las flores son inspiración y gozo que se canta en las pirekuas como Izitziki Canela (Flor de Canela), Tzitziki Changunga (Flor de Changunga), son cantos en los que se compara a la mujer con las flores por su delicadeza, finura y exquisitez.

Ferias y fiestas
El 6 de enero hay pastorelas que recorren las poblaciones tocando de puerta en puerta; destaca la singular fiesta de Erongarícuaro, cerca de Pátzcuaro; el 17 de enero, festividad en honor de San Antonio Abad, en la que todos los animales domésticos son engalanados con guirnaldas y otras flores, moños de colores y curiosos atuendos, para llevarlos al templo a recibir la bendición; del 24 al 27 de enero, en la isla La Pacanda, celebraciones en honor de Nuestra Señora de la Paz, patrona del lugar, con la danza de los Moros, bandas de música, fuegos artificiales y vendimias; carnaval cuando toritos de petate engalanados recorren las calles acompañados de música, maringuías (hombres vestidos de mujer), apaches, toreros y caporales; 19 de marzo fiesta de Huecorio en honor de San José Obrero, santo patrono de la localidad, con alboradas, procesiones, música, danza y cohetes; Miércoles Santo salida de los espías, que son ocho encapuchados, cuatro jinetes y cuatro infantes, que recorren la ciudad haciendo una interpretación bíblica de la Muerte del Nazareno; además, representaciones populares La Subida al gólgota, Las Tres Caídas, El Desprendimiento, La Procesión del Silencio, La Procesión de los Santos Cristos, La Procesión del Cristo de la Tercera Orden, y exposición de flores de primavera en la biblioteca infantil. El 3 de mayo, fiesta religiosa en el barrio de la Cruz Verde, con paseo de la siembra y yuntas engalanadas con flores naturales y panes, y danzas que imploran el buen tiempo para la siembra; en junio, la festividad movible de Hábeas Christi; el 29 de septiembre celebraciones en el barrio de San Miguel Arcángel, patrono del lugar: 1º de noviembre, en la región del Lago de Pátzcuaro, celebración de la Noche de Muertos, una de las ceremonias pagano-religiosas que han tenido eco nacional e internacionalmente y que inician desde el 21 de octubre, con eventos artístico –culturales en la Basílica de Pátzcuaro y en las Yácatas de Izintzuntzan, así como la feria artesanal de Pátzcuaro, celebraciones anteriores a la Velación de Muertos, en Janitzio, Ihuatzio, Tzurumútaro, Tzintzuntzan, Huecorio, y Jarácuaro; el 8 de noviembre desfile de Mojigangas, gigantescas figuras de cartón con personas que van adentro, bailando al compás de sones abajeños y que anuncian, cada semana, las fiestas de la Virgen de la Salud; del 5 al 9 de diciembre Feria Anual Artesanal y Agrícola, en honor de la Virgen de la salud.

Cocina
La más representativa es el “platillo de pescado blanco”, que se prepara al mojo de ajo, capeado o al natural; está, también, el caldo michi, las truchas en escabeche, el churipo, las carnitas, la sopa tarasca, las corundas, los tamales de ceniza, el pozole, los buñuelos, los charales, los uchepos y el pozole batido.


Nota: Si algún equipo participante puede incluir la ficha de registro en alguna lengua indígena, ésta se publicará en las dos versiones.

Clave y nombre de la escuela: 09SGM00069 Secundaria Dna. No. 150, Ángel Salas Bonilla
Profesor responsable del aula de medios: Hilda Ruiz Bedolla
Profesor responsable del grupo: Elizabeth Velázquez Campos
Grupo: 1º. “A”
Nombre del equipo: Los chilangos D.F.
Correo electrónico: hildarb29@yahoo.com.mx

Investigación de campo al Lago de Pátzcuaro.
Enciclopedia Encarta 99
www.patzcuaro.free.fr/html/history/mex/histor01.htm
www.207.248.180.194/bibdf/ini/perfiles/purhepecha/ RESUMEN%20PERFIL%20PUREPECHA.htm
www.arts-history.mx/cronos/taras2.html
www,j.orellana.free.fr/textos/purepechas.htm
www.ini.gob.mx/monografias/b_purepechas.htm
www.azteca.net/aztec/prehisp/purepec2sp.html
www.ccu.umich.mx/mich/cultura/ noche-muertos/pagina-7.html
Otoño 2002

Esc. Prim. Gildardo Magaña, 16POM00812
Grado y Grupo: 5° A, Turno Matutino
Maestra Responsable: Lourdes Rubio González.
Responsable de aula de medios: Janet Piñón Maldonado

Otoño 2003