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Mientras que la población mundial crece, más y más personas se establecen en áreas volcánicas potencialmente peligrosas, por ello las erupciones volcánicas constituyen un riesgo para la vida; sin embargo, también son una fuente natural de riqueza y de beneficio ecológico; las erupciones volcánicas traen consigo cenizas y componentes químicos que resultan excelentes fertilizantes para las tierras cultivables esto es, entre otros aspectos, uno de las cosas positivas que también traen como consecuencia las erupciones volcánicas. El vulcanismo no solamente implica las erupciones volcánicas, también ocasionan las fuentes termales, los géiseres, las fumarolas, las solfataras, entre otros, que en general son emanaciones de gases y líquidos, principalmente agua y vapor a altas temperaturas. A todos estos procesos se les denomina vulcanismo secundario. Desde el punto de vista económico, esos fenómenos son importantes en la generación de energía eléctrica, como fuentes de materias primas y en ocasiones llegan a constituir un atractivo turístico por las propiedades medicinales atribuidas a sus aguas. Como observamos, en las erupciones volcánicas no todo es catástrofe. Las aguas o fuentes termales del vulcanismo secundario ofrecen la posibilidad de ser aprovechadas por sus propiedades medicinales, por ejemplo, las solfataras son una importante fuente de obtención de azufre. Por otra parte, el vulcanismo puede crear yacimientos minerales, como es el caso de la plata en México. Las cenizas volcánicas con el paso del tiempo se degradan debido al intemperismo y suelen dar lugar a suelos muy fértiles, aptos para la agricultura. También es posible emplear la inagotable energía calorífica de los géiseres para generar electricidad, sin causar problemas de contaminación, como se hace en Cerro Prieto, Baja California.
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