Hundimiento de la Catedral

El Templo Mayor se edificó sobre una isla o placa formada artificialmente por un relleno de unos 12 metros de espesor.
Al llegar los españoles arrasaron las construcciones de los aztecas hasta el nivel del piso y utilizaron los materiales originales seguramente para ampliar y elevar la isla, lo que permite explicar el gran espesor de los rellenos que es de 15 m. Como es sabido, una parte de la Catedral de México se construyó sobre esta isla llamada por los aztecas "Isla de los Perros".
Se puede decir que la causa principal de los problemas constructivos y de hundimiento de la Catedral fue el haber sido asentada en un terreno desigual que permitió mayor firmeza al costado oriente, que esta sobre la Isla de los Perros, y en cambio el poniente quedó sobre un terreno más fangoso. Esta circunstancia provocó una falla precisamente en el costado poniente que persiste hasta nuestros días.

Desde el inicio de su construcción, en 1573 hasta 1667, año en que se terminaron las bóvedas, se desarrolló un hundimiento de 0.8 metros entre el altar mayor y la torre poniente, para fines del siglo XIX éste ya era de 1.53 metros y, desafortunadamente esta cifra ha ido en aumento y, ante la alarmante predicción de que, de seguir las cosas así, en 60 años el edificio quedaría en peligro de colapsarse, se han establecido diferentes medidas para salvarlo. Hasta hace unos años, la distribución de los hundimientos se presentaba de la siguiente manera

De esta forma, desde hace tiempo, e intensificándose en la década de los 90, se han venido realizando correcciones geométricas de las estructuras de la Catedral, ya que es, desde luego, uno de los monumentos más importantes de América Latina, cuenta con una larga historia y es representativa de varios estilos arquitectónicos. Además de la belleza y la importancia del edificio en sí, es necesario considerar que éste alberga en su interior una gran cantidad de obras artísticas (pinturas, esculturas, muebles y retablos), que también corren riesgo de perderse.