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"Coatlicue tiene en los mitos aztecas una importancia especial
porque es la madre de los dioses, es decir, del Sol, la Luna y
las estrellas. [...]
El arte azteca, al representar a esta diosa con toda la originalidad
bárbara de un pueblo joven y enérgico, realizó
una obra maestra. La colosal estatua
de Coatlicue del Museo Nacional supera en fuerza expresiva a las
creaciones más refinadas de pueblos que, como el maya,
concebían a la vida y a los
dioses en una forma más serena.
Lleva una falda formada por serpientes entrelazadas, de acuerdo
con su nombre, sostenida por otra serpiente a manera de cinturón.
Un collar de
manos y corazones que rematan en un cráneo humano oculta
en parte el pecho de la diosa. Sus pies y sus manos están
armados de garras, porque es la
deidad insaciable que se alimenta de los cadáveres de los
hombres; por eso se llama también "la comedora de
inmundicias". Pero sus pechos cuelgan
exhaustos porque ha amamantado a los dioses y a los hombres, porque
todos ellos son sus hijos, y por eso se la llama "nuestra
madre", Tonántzin,
Teteoinan, "la madre de los dioses", y Toci, "nuestra
abuela".
De la cabeza cortada salen dos corrientes de sangre, en forma
de serpientes representadas de perfil, pero que al juntar sus
fauces forman un rostro
fantástico. Por detrás le cuelga el adorno de tiras
de cuero rojo, rematadas por caracoles, que es el atributo ordinario
de los dioses de la Tierra."
Alfonso
Caso
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