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| Habréis
de quitar las dos orejas del cerdo, chamuscaréis los pelos, las
frotaréis y las fregaréis (especialmente en su interior)
con gran cuidado antes de ponerlas en agua hirviente a la que habréis
añadido una zanahoria (algunos prefieren añadir una zanahoria
por cada oreja). Entonces, las dispondréis sobre espetones, y entre
ellos hojas de laurel y ciruelas pasas, y lo mantendréis sobre el
fuego durante dos minutos antes de servirlas con un plato de polenta.
Las orejas de cerdo de Padua tienen la fama de ser de sabor muy superior a las de los cerdos de cualquier otro lugar, pero como no soy capaz de concebir que yo emprenda un viaje a Padua con la sola intención de probar o refutar tal declaración, habré de esperar hasta encontrarme con alguna ocasión en la que tenga asuntos de mayor importancia que resolver en aquellos lugares. Y mientras tanto, me doy por muy satisfecho con los cerdos de Milán, y con sus orejas. Leonardo
da Vinci
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