Esculpir es una actividad tan antigua como la presencia del
ser humano en la Tierra. Desde tiempos prehistóricos, mujeres
y hombres realizaron figurillas que, muy seguramente tenían un carácter
mágico: les traían suerte, los ayudaban a cazar, espantaban
a fuerzas malignas...
Con el tiempo el ser humano fue creando esculturas que
eran, en sí mismas, piezas bellas.
Así, podemos decir que la escultura es una de las
ramas del arte que se ocupa de la creación de formas artísticas
en tres dimensiones y, para ello, se vale de una gran gama de materiales
y de diferentes técnicas. Por ejemplo, si la figura, independientemente
de su tamaño, se sostiene por sí misma es una escultura;
si las formas se realzan sobre un plano, entonces se trata de un relieve.
Si el relieve sobresale del plano, se trata de un altorrelieve, si se hunde,
se llama bajorelieve.
Esculpir ha sido una constante a lo largo de la historia
de todos los pueblos.
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Entre los materiales que se han utilizado a lo largo del tiempo
para esculpir, se encuentran:
- piedra: que es un material abundante, duro y que representa cierta
facilidad para esculpir. Las piedras preferidas son: mármol,
granito, basalto, caliza y alabastro.
- metal: él más empleado es el bronce, porque es fuerte,
duradero y permite gran libertad de diseño.
- madera: muy utilizada, por ejemplo, en la escultura de África
y Oceanía. El problema es que es un material que no resiste
el paso de mucho tiempo.
- arcilla: es, acaso, el material más manejable, pero el más
frágil. A veces se usa para hacer los modelos preliminares
que se ejecutarán después en otro material.
- yeso, hierro, aluminio, estuco o metales preciosos (oro, plata, cobre)
son otros materiales usados para esculpir.
La escultura contemporánea utiliza el llamado ensamblaje,
técnica plural que acumula materiales con cierto orden o desorden,
según el resultado estético que busque el artista.
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