Carmen Alardín: La esencia de la vida en un caracol

Alma Ramírez



 

Medio siglo de actividad literaria nada desdeñable, catarsis del cúmulo de voces por liberar, puerta de escape de miedos, canto al amor y a la esperanza de Carmen Alardín, mujer, madre, esposa y abuela que une al cuidado de nietos, conducir su vocho por las salvajes calles de Monterrey con las letras en una amplia gama de temas por donde escurre la poesía, que va desde Dios hasta un caracol, cuyos círculos concéntricos de su esqueleto simbolizan la esencia de la vida.
Sentada en el sillón, risueña y complaciente, pequeñita y apacible como abuela de cuento, los ojos de Carmen Alardín reflejan esa vivacidad y travesura con que por igual se hace amiga de niños y poetas como de la palabra para hacerla su aliada, provocarla, domarla o dejarse seducir por ella.

¿A qué te enfrentaste al comenzar a escribir, qué sorpresas recibiste?

Empecé a escribir desde la primaria. Aparentemente no había ninguna oposición para que escribiera. Al escribir los pensamientos se convertían en otra cosa. Me liberaba de muchos miedos, de muchas cadenas. Era como entrar a un mundo más libre, más mío, donde podía suceder todo lo que sucediera.

¿Qué es la poesía?

Es ver la realidad desde otro punto de vista, amplificada. A veces se hace a pesar de las palabras, a veces ellas te ayudan. Las puedes hacer tus aliadas. Se les ve a veces como un código establecido por la sociedad en su carácter mágico, en su carácter de convocar fuerzas. En ese sentido sí puedes respetar las palabras. Si no las haces tus aliadas, pues escribes a partir de ellas. Siempre han dicho que afortunadamente ignoramos lo que es la poesía, no es que se ignore, sino que se escribe desde otra dimensión. Decía José Juan Tablada que se escribe desde una cuarta dimensión, desde ahí pueden verse las cosas con otro punto de vista.

¿Cuál es la razón de ser poeta en estos tiempos?

Quizá una razón biológica sí, traer una memoria genética que tienes que liberar. Abuelas y bisabuelas o abuelos y bisabuelos de los que se cayeron muchas cosas. Y traes un almacén de voces que liberar.

¿Es difícil serlo?

La poesía te come. Se pone como un monstruo porque no has dicho esto o aquello. Y no sabes por qué andas estresado, por qué no has dicho lo que tienes que decir.

¿La poesía se desvirtúa con el paso del tiempo o es parte de la obligada evolución?

Cuando la poesía es de verdad, nunca se desvirtúa. Lees pasajes de la Ilíada y te parecen bellísimos; Lope de Vega, Góngora, son maravillosos. Todavía tienen muchos misterios que descifrar. Pero si tiene una evolución en cuanto a que se vuelve más elástica, pero no evoluciona a la par de la civilización para hacer más comodina a la gente. Al contrario, la hace pensar más, se vuelve incómoda.

¿Tu poesía es reto o ruta?

Las dos cosas. Reto, porque sin querer escribo diferente; es búsqueda, porque no me gusta escribir como los demás, no me gusta pertenecer a un grupo y es una ruta porque nací marcada y tengo que llegar por ahí. Mi abuelita me decía: "no quites el dedo del renglón", y ahí voy por ese renglón que es una ruta que no puedo parar. Uno se robotiza ante los ojos de los demás. En ese sentido no es malo, porque no he perdido humanidad, sigo siendo bien querendona, me quieren y los quiero. No es presunción, es uno de mis oficios: ahondar en el afecto.

Si no te hubieras dedicado a escribir, ¿qué hubieras hecho?

En todo caso en cualquier oficio, carpintera, bailarina, incluso medicina, encuentras el misterio de la vida, cumples una misión, llegas a una cosa y te permiten la búsqueda, el reto y la ruta.

¿Te comparas, te identificas con algo?

Con un caracol. No porque sea un libro reciente. Su vida es un conjunto de círculos concéntricos, es su esencia. La esencia de como vivimos a veces. Por eso me identifico con él.

Tu sonrisa es muy bonita, ¿qué cosas te hacen sonreír?

Lo que me hace sentir bien, cuando entro a otra persona y sentir lo que piensa. Río porque me siento bien con ella y podemos platicar a gusto.

¿Deseas? ¿Qué deseas?

Es muy difícil que desee algo para mí. Tengo la vida trazada y quiero que se me revele por dentro, me ha consentido siempre y lo hace ahora. Deseo para mis hijos, para mis amigos, a veces quiero que gocen más la vida, que sean felices. No deseo nada para mí, sé que lo que viene va a venir.

Si te invito a una fiesta de disfraces, ¿cuál sería el tuyo?

De Peter Pan, porque siempre anda buscando su sombra. Cuando era niña, mi abuela me decía: ya métete porque te va a dar insolación. Yo le decía: pero mira, si ella me cuida, y señalaba a mi sombra. Siempre ando pendiente de mi sombra, hacía muñequitos con ella en la pared. La sombra es importante para mí porque sabe cosas del cuerpo etérico. Es como un conductor de electricidad con el cuerpo físico. Por eso me gusta.

Si te pidieran entrevistar a Carmen Alardín, ¿qué sería lo primero que le preguntarías?

Lo que no sé contestar, el por qué sigo en búsqueda después de tantos libros.

¿Por qué empezar siempre?

Porque así es este oficio, empezar siempre porque si no te vicias con la palabra, y empiezas a escribir como no se escribe, a dejarte llevar por sonsonetes. Me acuerdo del mito de Sísifo, que subía a diario una piedra a la montaña y por la noche esta caía, teniendo que reanudar su tarea al día siguiente.

   
   
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