Sus
poemas atraían a poetas de las nuevas generaciones, que con
frecuencia en homenajes y recitales rodeaban a Olga y la aclamaban,
atraídos por sus textos, sin duda, pero también por
su seductora personalidad. Leía inmejorablemente y, gracias
a esa virtud, sus recitales resultaban espectáculos que encendían
el entusiasmo del público.
Entre
los premios que recibió destacan: el Gran Premio de Honor de
la Fundación Argentina para la Poesía, el Premio Municipal
de Teatro por una pieza inédita titulada Y el humo de tu
incendio está subiendo; el Gran Premio del Fondo Nacional
de las Artes, el Premio Gabriela Mistral, otorgado por la OEA y el
Premio Juan Rulfo que recibió en la Feria Internacional del
Libro de Guadalajara en 1998.
La muerte, el tiempo, lo sagrado, el consuelo a través e la
palabra fueron rasgos fundamentales de su poesía y que se advirtieron
ya desde su primer libro, Desde lejos (1946), y se confirmaron
en los siguientes: Las muertes (1952), Los juegos peligrosos
(1962), Museo salvaje (1974), Cantos a Berenice (1977),
Mutaciones de la realidad (1979), La noche a la deriva
(1984), En el revés del cielo (1987), Con esta boca,
en este mundo (1994) y la antología Relámpagos
de lo invisible (1998).
Olga
Orozco murió en Buenos Aires a los 79 años, el 15 de
agosto de 1999.