Leyendas
Mayas de la Creación:
Los Dioses de la lluvia y el viento
Versión:
Silvia Molina
Ya
la tierra tenía luz y calor para las plantas y los animales,
pero el Gran Padre y la Gran Madre pensaron que era necesario controlar
las lluvias y los vientos para que las plantas, alimento de los
animales, se desarrollaran y no se secaran o se pudrieran de humedad.
Y para ello, crearon al dios del viento llamado Kukulcán
quien se encargaría de que los vientos barrieran con cuidado
el camino de la lluvia.
Le dieron a Kukulcán como disfraz un traje de serpiente emplumada.
Y le regalaron poder sobre los aires, los remolinos y los huracanes.
Después crearon a Chac, el dios de la lluvia, y le dieron
como disfraz una nariz larga, una lengua y unos colmillos de serpiente.
Y le regalaron una hacha, símbolo del rayo, el relámpago
y el trueno con que anunciaría su paso.
Y a partir de ese momento, las ranas fueron los músicos de
Chac. Croarían para anunciar la lluvia.
Y para que Kukulkán y Chac cumplieran con su trabajo de hacer
llegar el viento y la lluvia a la tierra, los dioses creadores les
dieron cuatro ayudantes: los chaques.
Los chaques llevaban consigo unas calabazas con agua, unos sacos
con viento, un tambor y un hacha.
Cuando cumplían las órdenes de Kukulcán y de
Chac, abrían un poco las calabazas para dejar caer la lluvia;
de los sacos dejaban escapar el viento, con el tambor producían
los truenos y con las hachas los relámpagos.
Después crearon a Chac, el dios de la lluvia, y le dieron
como disfraz una nariz larga, una lengua y unos colmillos de serpiente.
Y le regalaron una hacha, símbolo del rayo, el relámpago
y el trueno con que anunciaría su paso.
Y a partir de ese momento, las ranas fueron los músicos de
Chac. Croarían para anunciar la lluvia.
Y para que Kukulkán y Chac cumplieran con su trabajo de hacer
llegar el viento y la lluvia a la tierra, los dioses creadores les
dieron cuatro ayudantes: los chaques.
Los chaques llevaban consigo unas calabazas con agua, unos sacos
con viento, un tambor y un hacha.
Cuando cumplían las órdenes de Kukulcán y de
Chac, abrían un poco las calabazas para dejar caer la lluvia;
de los sacos dejaban escapar el viento, con el tambor producían
los truenos y con las hachas los relámpagos.