Días cuando no pasa nada*
Luisa
Valenzuela
Días como noches invertidas, días naranja. Díaz.
Lo conocí precisamente en una de esas oportunidades caracol
que dan vueltas sobre sí mismas sin llegar a ninguna parte
y por eso mismo intenté llamarlo Espiral Díaz. El objetó
al principio diciendo que era nombre de mujer. Dijo: Se dice
la espiral, es nombre de mujer.
De
mujer tu abuela, le habría contestado yo de haberme dejado
llevar por mis impulsos naturales. Por suerte me contuve porque hubiera
sido una forma, si bien un poco críptica, de establecer una
tautología. Rápidamente barajé otras figuras
y tropos para intentar responderle pero fui descartándolos
a todos: pleonasmo no, elipsis no, no litote ni oximoron ni nada.
Simplemente aclaré: se dice la espiral para evitar la cacofonía
o lo que sea, pero espiral es palabra masculina, como todas las que
terminan en al: mineral, pedal, fanal, animal. Al decir esta última
me arrepentí. Por suerte Díaz era profesor de retórica
pero no muy dado a las susceptibilidades (esta de rechupete). Lo dejó
pasar, y como esa tarde se me había dado por mostrarle las
piernas dejó pasar otras cosas también. Total (al) que
nos hicimos amigos y masqueamigos. Después supe que en realidad
se llamaba Floreal y por eso dejó que lo llamara Elespiral,
así, masculinizado, en memoria de nuestro primer encuentro
y también de cierto aspectos retorcidos de su carácter.
* Tomado de Libro que no muerde, Textos de humanidades 18, UNAM, México,
1980.
_____________________________________________
Los Censores