Rosny Smarth, Primer Ministro de Haití
De la sociedad civil al poder*
Lucy
Garrido
Haití, uno de los cuatro países más pobres del
mundo, vive un proceso de profundas reformas: establecimiento de una
policía civil en sustitución del disuelto ejército,
privatizaciones y un severo plan de ajuste estructural. Al frente
del gobierno se encuentra Rosny Smarth, un hombre procedente de la
sociedad civil que hace sólo dos años estaba al frente
de una pequeña ONG y hoy impulsa la coordinación de
sus actividades con el Estado mediante una ley que se encuentra en
proceso de elaboración. A él lo entrevistó la
Revista del Sur en Puerto Príncipe.
Conocí
a Rosny Smarth en 1994, cuando en un coche destartalado me llevó
por las curvas de Pétion Ville de una reunión a otra.
En ese momento estaba en una pequeña organización no
gubernamental (ONG) y aseguraba que ni loco aceptaría un ministerio.
Hoy, sin embargo, está al frente del gobierno en Haití,
uno de los cuatro países más pobres del mundo que vive
un proceso de profundas reformas.
De la ONG a primer ministro. ¿Cómo siente el cambio?
Empezaría
por decirte que no considero que haya, si quieres, un hueco, un vacío,
entre la sociedad civil y el Estado como tal. La historia en Haití
es que mucha gente que ha estado en la sociedad civil sube al gobierno
y después vuelve a la sociedad civil. Espero, incluso, que
yo pueda volver gustosamente a la sociedad civil.
No dudo que volvería gustoso.
¡Claro!
Pero a veces, ideológicamente se vuelven demasiado antagónicos
esos dos frentes de batalla. En mi caso tampoco fue tan abrupto el
cambio. En 1991 estaba en una pequeña ONG cuando subió
al poder (Jean-Bertrand) Aristide. En ese entonces, trabajé
como asesor del Ministerio de Agricultura, como consejero, y muchas
veces me ofrecieron ser ministro pero nunca acepté. El problema
no es si uno está en la sociedad civil o está en el
gobierno, tal vez la peculiaridad mía es que nunca me consideré
como un hombre de poder, digamos, con vocación de poder, más
bien mi noción de poder es la de un poder totalmente alternativo,
creo en lo más profundo en otro sentido del poder. Efectivamente
tuve que dar un salto, desde una sensación, desde un sentido
de no poder, al poder, cosa de la que todavía muchos amigos
se extrañan.
¿Por qué aceptó entonces el cargo de primer ministro?
La
causa es sencilla. Tuvimos un momento de vacío porque no se
podía encontrar un primer ministro que contara con el apoyo
del parlamento y, a la vez, del Presidente de la República.
Se hicieron varios intentos, se propusieron varias personas.
Y tuvo la desgracia de ser el único aceptado.
Así
es, tuve la desgracia de haber sido el hombre que logró el
consenso en este caso.
Cuando estaba en la sociedad civil podía criticar al gobierno,
preguntar por qué están haciendo esto y no aquello.
¿Cómo se siente usted ahora, que es el blanco de todas
las críticas?
Tuve la suerte de que durante años también trabajé
con varios gobiernos de América Latina. En Chile, cuando el
gobierno de Salvador Allende, y en México. Soy una combinación
de sociedad civil y hombre de gobierno. Entonces, conocía por
dentro la administración pública y por eso a veces tenía
diferencias con varias ONG a las que encontraba con planteos demasiado
en el aire, a veces con críticas justas pero sin propuestas
alternativas viables. Tenía la sensación incluso, cuando
trabaja en la Universidad, de que estábamos un poco fuera de
la realidad. Y la verdad, tal vez es "otra" realidad, también.
Haití es una sociedad naciente a la vida civil, al sistema
democrático y, entonces, el sentido de la reivindicación
es muy fuerte, muy fuerte en las ONG y en el país en general,
sin contemplar muchas veces esa necesidad de tener propuestas realistas.
Eso hace un poco difícil la tarea, pero como yo estoy acostumbrado
a eso y he trabajado en los dos espacios, tengo una amalgama que me
hace comprender estas cuestiones.
Pero en lo personal, ¿cómo lo vive?
En
lo personal, lo sufro. Lo sufro mucho porque me gustaría que
en el proceso democrático haitiano pudiéramos saltar
etapas. Me gustaría que aprendiéramos de procesos que
otros países ya vivieron y pudiéramos ahorrárnoslos
en este país, donde las condiciones materiales son tan precarias.
Pero creo que las condiciones sociológicas de Haití,
la exclusión social que hubo -mucho mayor que en otros países
de América Latina- hacen que este movimiento reivindicativo
sea más fuerte.
¿Cómo son las relaciones con el parlamento?
El
parlamento ha votado muchas de las propuestas del Poder Ejecutivo,
lo que pasa es que hay atrasos.
Pero en lo que va de año el parlamento sólo aprobó
tres leyes por iniciativa propia.
Hay
muchos atrasos, hay un problema de eficiencia, de organización
del trabajo. Yo me atrevería a decir que el parlamento también
tiene un sentido de reivindicación fuerte. Pero es la primera
vez que hay un parlamento autónomo y entonces el sentido de
control del ejecutivo, prima sobre su capacidad de iniciativa para
legislar. Esto es parte del proceso democrático, de una cultura
de gobierno que todos debemos aprender.
¿Cuáles son las diferencias más importantes entre
el gobierno anterior y el actual? ¿La gente vive mejor ahora?
Si
vemos la cifras de ahora y las de dos años atrás, no
creo que la condición de vida de los haitianos haya mejorado.
Esto está claro, y diría que en varias capas sociales
incluso ha desmejorado. Eso es lo que se ve. El problema es qué
procesos debe haber debajo de eso y qué proceso debe haber
para que Haití pueda algún día, a mediano plazo,
tener un standard de vida mejor, mejorar las condiciones de vida de
la población. Hay que entender que Haití parte de un
nivel que es cero, y que al nivel que estamos este gobierno lo que
ha dicho es: "pongamos los pies sobre la tierra". Tu podías
tener una política muy cortoplacista y decidir que lo que tiene
el gobierno, el Estado, lo gaste en hacer la vida un poquito más
decente de lo que es. Pero, ¿a qué nos llevaría
eso? A que al poco tiempo estuviéramos peor que antes.
¿Esas son las causas por las que negociaron el ajuste?
Por
eso negociamos, no por puro gusto. Por la realidad misma. Y hay que
ser realista. Nosotros hemos dicho que no se trata de gastar la poca
plata que hay o de hacer obras sociales que no dejen nada al país
y apenas sirvan para mantener la ilusión. Nosotros hemos preferido
equilibrar el presupuesto, buscar como hacer inversiones, pagar lo
que debemos. Desgraciadamente no nos queda otra posibilidad. Pese
a eso, hemos entrado al ajuste con un costo mucho menor que el de
otros países de América Latina.
Porque tenían menos que perder, tal vez.
Si,
y porque logramos no reducir los gastos en salud, ni en educación.
No hemos reducido el gasto social. Lo que hemos hecho es ordenar mejor
el aparato administrativo, pero hemos aumentado incluso el presupuesto
del Ministerio de Educación y lo mismo hicimos en los ministerios
de Salud y de Justicia, pese a que lo que tienen no es ni la mínima
parte de lo que necesitan. Cuando negociamos, la comunidad internacional
entendió que en los niveles que estábamos no podíamos
ni queríamos hacer otra cosa, e incluso muchos países
o la misma Unión Europea, apoyan programas en salud y educación.
¿Y el presupuesto del Ministerio de la Mujer cómo quedó?
El
Ministerio fue creado en el gobierno anterior, hace dos años,
y es un Ministerio que hace bastante ruido. Te soy franco, yo pienso
que hubiera sido mejor crear un instituto, una oficina, en vez de
un Ministerio, que puede servir más para "bluffear"
pero al que es muy difícil encontrarle perfiles específicos
de trabajo porque sus temas se cruzan con todos los otros. Es como
un Ministerio "transversal" .Pese a eso, y a que su presupuesto
es muy bajo, es casi el mismo que el del Ministerio del Medio Ambiente,
en un país donde la erosión es brutal.
En la cumbre social de Copenhague, los gobiernos se comprometieron
a presentar un plan de erradicación de la pobreza. ¿En
qué etapa está el plan de su gobierno?
Tenemos una comisión formada por cinco ministerios (Asuntos
Sociales, Agricultura, Salud, Educación y Mujer), con un secretariado
que está trabajando en la formulación de líneas
estratégicas que ya casi están listas y están
en el momento de aterrizar los programas y proyectos. El mes pasado
tuvimos una reunión con el Grupo Consultivo -formado por las
agencias internacionales- donde uno de los puntos claves fue esta
comisión de lucha contra la pobreza.
¿Y
cuáles son las posibilidades que tiene la sociedad civil para
participar en la elaboración de estos programas, de las políticas
públicas?
Nosotros
creemos que todos los ministerios deben trabajar asociados a la sociedad
civil, sobretodo con las ONG. Y es más, ahora esto se está
formulando en una nueva ley de asociaciones civiles propuesta por
las ONG y apoyada por el gobierno.
* Tomado
de la publicación digital Revitsa del Sur, junio de 1997.
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Desde
Guatemala
Eternamente Yolanda*