Me
parece que es práctico e ilustrativo para la gente ver desde
dentro cuál es el oficio del escritor y qué es lo
que hace cuando escribe, dijo Silvia Molina, quien desde su cocina
ha fabricado platillos ideales para los golosos de las letras, como
las novelas La mañana debe seguir gris (Premio Xavier Villaurrutia,
1977), Ascensión Tun y La familia vino del norte. Entre sus
cuentos, paladeamos las deliciosas Lides de Estaño, El papel
y El algodón.
"La
cocción de un texto literario difiere según el trabajo
que se esté desarrollando. Cuando tienes una idea la vas
madurando por dentro durante mucho tiempo. De pronto se me ocurre
más o menos el tema o tengo una historia, entonces trabajo
la historia dentro de mí constantemente hasta que empiezo
a concebirla con cierto orden. Empiezo a saber qué es lo
que quiero decir. A partir de este momento tomo apuntes en cuadernos
de las cosas que se me ocurren, suscitadas por mis lecturas de otros
libros.
Tengo
también unos diarios del tamaño de los cuadernos que
usan los notarios o los contadores en donde pego programas de teatro,
recortes de periódico, lo cual, al cabo del tiempo, me sirve
para armar mis textos", dijo la escritora mexicana.
Todas
estas cosas cotidianas que forman parte de la vida de Silvia Molina
sirven mucho para darle verosimilitud a sus novelas. "Lo importante
en la literatura es que un texto parezca verdadero. A través
la conferencia Cómo se cocina un texto literario me interesa
que la gente sepa cómo trabajo, aunque finalmente todos los
escritores trabajamos de distinto modo".
En
cuanto a los cuentos, la autora de Lides de estaño, explicó:
"Un día, una directora de cine, Alejandra Islas, me
propuso adaptar uno de mis cuentos para llevarlo a la pantalla grande.
Le propuse que mejor hiciéramos un guión original,
porque siempre cambia un texto literario cuando se convierte en
una película. Nos sentamos a platicar sobre el tema, pero
cuando llegué a mi casa empecé a hacer un libro de
cuentos: Un hombre cerca".
Silvia
Molina sabe que una novela es un trabajo de tiempo completo durante
años: "He escrito novelas fuera de mis alcances cotidianos.
He tenido que hacer mucha investigación. Ascención
Tun, por ejemplo, que se acaba de reeditar con el nombre de La noche
de Ascención Tun, me obligó a empaparme de la historia
de la Guerra de Castas, por ser el periodo en el que se ubica. Otra
de mis novelas, La familia vino del norte, trata el tema de la Revolución
Mexicana visto desde la perspectiva de los nietos o bisnietos de
los revolucionarios. Pero eran tantas las facciones y tantos los
grupos y los problemas internos que al leer sobre el tema más
me confundía".
La
preocupación esencial de Molina no es terminar una novela
en poco tiempo: "Cada texto tiene su ritmo. Lo importante es
que el escritor sienta que el texto sí se está cocinando,
que no hay prosa, que tienes la libertad de cambiar. Yo, por ejemplo,
en el proceso de La familia vino del norte, cambié como cuatro
veces el texto. Eso no importa; lo que importa es estar satisfecho
con el trabajo".
Los
antepasados de la escritora son protagonistas de El amor que me
juraste: "Recopilando una serie de actas sobre mi parentela
de Campeche, aproveché para meter a mi novela ciertas cosas
que se me habían atravesado en la vida, cosas singulares,
como la moda de morirse de cólico miserere entre mis parientes".
La
autora de La mañana debe seguir gris afirma que no cree en
la inspiración: "Yo no creo en la inspiración.
Yo creo en la necesidad bastante honda de sentarse a escribir, lo
cual he experimentado. Por ejemplo, en estos días he estado
preparando la boda de una de mis hijas y no he podido sentarme a
escribir con la disciplina que normalmente tengo. En este momento
siento una enorme necesidad de sentarme en mi espacio, a hacer mis
cosas y a encerrarme en mi mundo, ese mundo que vives a través
de los personajes que creas.", concluyó Silvia Molina.