¿Qué fue lo que aprendió de la época
en que cada semana, cada domingo, se creó el deber de escribir
una crónica?
Aprendí
mucho, sobre todo de las entrevistas. El primer año en Excélsior,
todo 53, hice una diaria. Entonces conocí mi país
a través de sus mejores personas: Alfonso Reyes, Carlos Fuentes,
más tarde de José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis.
Pero también los domingos aprendí qué cosa
era la Villa de Guadalupe, por qué no se podía intervenir
en la fe de los demás. Yo veía a las personas con
pencas de maguey en el pecho o con las rodillas desechas casi arrastrándose
hacia el templo, y me daban ganas de intervenir para decirles que
la virgen no les exigía eso, que se levantaran. Pero aprendí
que incluso el dolor hay que respetarlo, que esas personas saben
mucho más que yo lo que deben hacer y las razones para ello.
Ser
una reaccionaria romántica
¿Qué
le dejó la cercanía con Renato Leduc, uno de los personajes
que aparecen en el volumen -de Todo
México?
A
valorar el sentido del humor, a burlarse de uno mismo, a no tomarse
en serio. De Pepe Alvarado aprendí a tomarme un pálido
jaibol o a beber un café con leche en vaso. Había
muchas personas a través de quienes podías descubrir
razones para vivir, por ejemplo, de los ferrocarrileros presos en
1958.
Aprendí muchísimo de Demetrio Vallejo, de su rebeldía,
y también de Alberto Lumbreras, aquel líder del Partido
Obrero y Campesino que me contaba cómo sin un centavo y con
un par de calcetines en una caja de cartón se había
ido a Moscú a ver si podía saludar a Stalin. Qué
dramático, ¿no? Es increíble que muchos mexicanos
querían que los enterraran en la Unión Soviética.
Imagínate qué cosa tan más virola. Qué
sueño más delirante.
Ideológicamente, en sus 45 años de periodista, ¿advierte
algún viraje o, por el contrario, se han ensanchado sus raíces
con el librepensamiento?
Con
la izquierda la verdad es que yo siempre he sido una reaccionaria
romántica, porque todos mis antecedentes son bien reaccionarios.
Aunque los polacos son medio chiflados, por el lado de mi madre
todos los parientes tienen apellidos antirrevolucionarios, personas
que odiaban con toda su alma a Pancho Villa y a Emiliano Zapata.
En cambio, por el lado de mi padre todos son polacos como son los
polacos, personas que a caballo y con la lanza al brazo arremeten
contra los tanques de guerra.
¿Se hereda ese carácter, ese espíritu de lucha
aunque de antemano la batalla esté perdida?
Creo
que sí, todo eso está dentro de mí, lo siento
arraigado muy profundamente.
Entre su reciente producción está el prólogo
que hace al volumen Cartas a Ricardo, que escribió Rosario
Castellanos. ¿Se asemejan usted y ella en el modo de entender
la relación de pareja?
Lo
que puedo decir es que a mí me deslumbró. Me hacía
una ilusión loca verla, comer con ella, tratarla. Si yo en
la vida me hubiera podido enamorar de una mujer, hubiera sido de
Rosario Castellanos. Bueno, hay dos mujeres que me gustan muchísimo,
Rosario y Susan Sontag. Son personas que me atraen de todo a todo.
Pero van a decir que soy chica lesbianota, ¿verdad? No, no
creo que lo digan.
Otra mujer que me parecía la imagen misma de lo que es la
sensualidad fue Bambi, Ana Cecilia Treviño, que caminaba
siempre sobre unos altísimos tacones. También me emocionaba
mucho ver a María Victoria cuando le gritaban vuel-ta, vuel-ta,
en el Margo.
A cambio de los amores femeninos que no le fue dable tener, habrá
tenido pretendientes.
Sí,
muchos. Y les pido perdón ahora a todos los que no tuve,
porque me hubiera gustado mucho tener a todos aquellos con los que
no se dio.
Carlos
Fuentes, hombre fascinante
¿Ejercer
el periodismo le ha brindado la satisfacción extra de conocer
varones apreciables?
Los
he conocido, pero son muy borrachos. Frente al Novedades estaba
desde entonces El Negresco, y ahí se iban todos. Salían
en un estado lamentable. Por otro lado, conocí a hombres
fascinantes, que todavía lo son. Carlos Fuentes lo es. Y
te puedo decir una lista enorme de señores que me parecen
atractivos. El mismo Carlos Payán.
El prólogo a Cartas a Ricardo, ¿le trajo algunos
inconvenientes?
Todo
me trae a mí inconvenientes. Hubo personas que se enojaron
mucho conmigo, porque pensaron que yo era más solidaria con
la parte femenina. Y es que en las relaciones amorosas cuando uno
toma partido siempre sale perdiendo, porque luego aquellos que se
separan, al cabo del tiempo se vuelven a amar con pasión
tormentosa y uno queda colgando.
Hay otros personajes en Todo México de los cuales también
era susceptible aprender, como de Walter Reuter.
El
es un hombre con una capacidad de pureza poco común, de limpidez
enorme, que ha tenido una vida fantástica.
¿Qué
le dejó el encuentro con Francisco Gabilondo Soler, Cri-Crí?
Lo
que más me gusta de él es que fue astrónomo
aficionado. Ya al final de su vida no me pareció un personaje
atractivo. Era un señor enojón, claro que con su necesidad
de conocer las estrellas. Tuvo la capacidad de resguardar al niño
que tenía en él y dárselo a los demás.
Sus canciones nos las sabemos como el Himno nacional.
Chabe,
personaje legendario
¿Es
posible que de verdad ahora se dé un tiempo más para
la novela? Quizá no sea tan fácil.
Estoy
trabajando mucho en una novela y quiero dedicarme totalmente a ella.
Deseo encerrarme y hacer todo lo que no he hecho. Siento que nunca
he escrito un buen libro y quisiera tenerlo antes de colgar los
tenis.
Los estalinistas mexicanos querían descansar en Moscú.
¿Dónde descansaría usted mejor que en México?
No
me importa un pepino. Además de que nunca en mi vida he ido
a la Unión Soviética. Lo único que deseo en
estos años que me restan, los que sean, es hacer esa novela
con la que me sienta satisfecha.
Tinísima es una buena novela, amplia, documentada, una
novelarío.
No
me gusta. La veo toda colgada. Nunca he hecho un buen libro.
Muchas de las personas que la conocen es a través de sus libros,
justamente, sobre todo dentro de las recientes generaciones.
Eso
me da mucho gusto, pero para mi exigencia todavía no doy
lo que debo. Claro que siempre los editores me dicen que no cuente
esto, porque me la paso diciendo que tal o cual libro mío
es chafa, y que a lo mejor señalo eso para que alguien me
contradiga. Pero así como dice la publicidad que "hay
un Ford en su futuro", quisiera que alguien me dijera "hay
una excelente novela en tu futuro".
Vemos que su vida cotidiana es muy plácida. ¿Qué
papel ha jugado dentro de ella la señora Chabe, que la acompaña?
Pues
es mi esposa, digamos. Yo soy el señor de la casa y ella
hace todo aquí. Chabe ya es personaje legendario: ella decide,
va, viene, es la que maneja la casa. Mis hijos la adoran y ella
los adora, la conozco desde que ella tenía cuatro años.
Me ha acompañado toda la vida y toda la vida me ha regañado.
Me ha dicho que Silvia Molina es mil veces mejor escritora que yo,
desde que leyó su primer libro.
En alguna de las fotografías que dio para esta entrevista aparece
ataviada como zapatista, ¿lo habría sido?
De
todo corazón, si me admitieran, pero no creo que lo hagan.